Wiñaypacha: un expeditivo manual de antropología cultural, por Carlos Ramos Núñez

Escribe: Carlos Ramos Núñez
© Carlos Ramos Núñez

Junto a mi hijo Mario Augusto, joven perito cinematográfico, acabamos de ver Wiñaypacha, la celebrada producción peruana, dirigida proverbialmente por el joven cineasta puneño, Oscar Catacora.

Un verdadero y expeditivo manual de antropología cultural sobre el hombre andino de las altas cumbres (en este caso una pareja de ancianos aymaras de bellos y olvidados nombres, Willka y Phaxi, que esperan en vano, estación tras estación, el retorno de su hijo Antuko) y su desigual lucha por la subsistencia en un escenario natural bello pero inclemente y hostil.

Una aislada economía de autosubsistencia domina el inexorable ritmo económico que envuelve a la familia. Salvo el fósforo que enciende la leña, las velas y la lámpara de kerosene, todo lo demás lo producen estos viejos laboriosos, sabios y esperanzados desde la ropa de lana y bayeta que usan hasta la sencilla comida que consumen.

Una leve alteración de ese orden y, quizás el inevitable desenlace que de por sí encierra (una explosiva combinación de carencia material, dureza climática, impedimento físico y redimible soledad) tendrá consecuencias terribles sobre la precaria y corajuda existencia de esta pobre y admirable gente.

Quedan también otras lecciones: su sencilla religiosidad, la armonía con la Mama Pacha, el ejercicio de sus tradiciones (notable las escenas de preparación del chuño —papa seca en Lima— y armado del hilado, ambas prácticas precolombinas) y su irrecusable valentía. Gran pieza de la aún incipiente e irregular producción nacional. Lleve pañuelos, uno no será suficiente.