El caso de la venezolana violada en Perú que indigna a medios internacionales

"Vas a morir por haberme rechazado", decía el agresor, mientras la torturaba

Ella es una inmigrante venezolana de 27 años, radicada en el Perú desde hace ocho meses. El último 7 de junio fue violada, acuchillada y rociada con ácido por un sujeto, con quien no tenía ni el más mínimo vínculo parental, fraternal o laboral. Reiner Alvarado Meza, sujeto a quien se le atribuye el crimen, solamente era el hijo de su casera. Se trataba, dice la imputación, de un acosador que se había obsesionado perturbadoramente con ella. Y no solamente eso, creyó que tenía el derecho de ‘castigarla’ por no haber cedido a sus enfermizas proposiciones. El sujeto declaraba su amor a alguien a quien solo iba a cobrar el alquiler.

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Esta clase de conductas han llamado la atención de diversos medios latinoamericanos, que se preguntan por qué en el Perú hay un desprecio tan profundo por la mujer. ¿Qué lleva a los agresores a suponer que las mujeres son objetos que deben corresponder con sus deseos cuando ellos lo vean por conveniente? La sorpresa ha sido mayúscula, y no ha sido para menos. Nos encontramos en uno de los países más peligrosos para las mujeres.

«Boté tanta sangre que yo en ese momento dije ‘este es mi final, yo voy a morir aquí’», señaló la agredida que se asombró al despertar en la cama de un hospital, sobreviviendo a los violentos ataques de Reiner Alvarado Meza. Después de las múltiples puñaladas y demás vejámenes, ella escuchó a su agresor hablando con alguien por teléfono: le decía a alguien que «ya estaba muerta, que me cortaría en trozos y me metería en una bolsa negra». Ella lograría arrastrarse hasta la ventana de la habitación, donde logró caer para poder ser llevada a un centro médico, algo que lamentablemente le costó diversas fracturas.

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El apartamento donde ocurrió el indignante hecho se encuentra ubicado en la cuadra 2 de la calle Los Geranios, distrito de Puente Piedra. Ella asegura que no tuvo ninguna clase de animadversión con su agresor, ni tampoco una relación de amistad. Era solo el hijo de la señora que le alquilaba el espacio. No intercambiaron palabras más que para realizar las correspondientes transacciones. Sin embargo, en dos ocasiones, él le pidió quedarse unos minutos para cargar su celular.

Lo que empezó como un simple acto de cortesía, se tornaría cada vez más incómodo para ella. Recientemente, ella sufrió el robo de sus pertenencias y ahorros. Unos ladrones aprovecharon la frágil seguridad de los inmuebles de la zona, para ingresar a su hogar y robar casi todo a su paso. Ella, desconcertada, tuvo que tomar la decisión de mudarse. Y ya que su novio tenía un lugar para vivir, decidió acompañarlo y dejar atrás el penoso recuerdo de haber perdido la mayoría de sus bienes. Ella llamó a Reiner para informarle su decisión.

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Se limitó a eso: a informarle su decisión de mudarse por razones económicas. Acá la situación se torna más extraña. Reiner le envió hasta 15 mensajes de texto, uno tras otro, mostrándole su supuesta preocupación. Uno de esos mensajes decía: «señorita, disculpe que se lo diga, la amo tanto desde el primer día que la vi». Su reacción de sorpresa fue inmediata, pero tenía tantos problemas en ese momento, que decidió no darle mayor importancia. Le pidió ver a su madre para arreglar el asunto del apartamento, de una vez.

Pero solo apareció él. Ninguno habló de los extraños mensajes. Luego de, supuestamente, inspeccionar el apartamento, Reiner le pidió que se acercara a una habitación. Allí consumó todos su execrables actos. Cuando la encontró desangrándose, magullada y expulsando espuma por la boca, creyó que ya no sobreviviría. Reiner decidió tomar yogurt con veneno, con el fin de suicidarse. No lo logró. Así, ella se convertía en una más de la trágica estadística de feminicidios en nuestro país.

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El Ministerio Público no tardó tanto en actuar, y solicitó nueve meses de prisión preventiva para Reiner Alvarado Meza. En la audiencia, el abogado del agresor insistió en que el hecho se califique como lesiones graves y no como intento de feminicidio, con una lógica bastante cuestionable. Reiner admitió su culpa pero señaló que «no quería lastimarla tanto. No sé cómo reprimir mis emociones». Ella se encuentra internada en el Hospital Cayetano Heredia con heridas graves y en estado crítico. Pese a su delicado estado, decidió declarar a los medios, exigiendo justicia a las autoridades para que estos casos no se repitan.