Trinidad María Enríquez: un precedente y una luchadora

Escribe: Katherine Medina Rondón

Evidentemente, como señala Carol Smart, el derecho es sexuado, masculino y sexista. El trabajo de revisión que Carlos Ramos y Martín Baigorria hacen sobre Trinidad es una radiografía de la situación de la mujer académica y de la mentalidad del hombre de la época.

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Trinidad pudo ser la primera abogada latinoamericana. Sin embargo, frenando sus anhelos, sus contemporáneos le denegaron su derecho a ejercer, recurriendo al derecho romano y a las Siete Partidas, en una aplicación ultractiva de la norma.

De ese modo, la argumentación jurídica justificaba al sistema patriarcal, a pesar de que se había abrazado el derecho moderno hacía años, lo que demuestra la creatividad para impedir que Trinidad sea parte de ese círculo de hombres de traje. Esto nos da luces sobre los modos de exclusión y represión de la época. Ese tal vez fue el esfuerzo simbólico del patriarcado al frenar a una de las mentes más brillantes y de mayor tesón de su época, no solo en lo que al derecho respecta.

Cabe resaltar que Trinidad no solo arremetió contra el patriarcado, sino también contra el centralismo. Al ser ella cusqueña, su esfuerzo era doble ya que sus contemporáneos jamás se abrían imaginado compartiendo una corte con una mujer provinciana.

Uno de los momentos más conmovedores que nos llegan hoy sobre su historia es el bosquejo de aviso que Trinidad hace para el futuro bufete que jamás logró concretar, el cual nos muestra claramente su carácter ideológico.

“Aquí se defienden los derechos de la mujer pobre y desvalida; se ampara a los huérfanos, se acepta con acatamiento la noble lucha por el interés del pueblo, fundados en el eterno principio de la justicia.”

No es gratuito que el primer sujeto que se enuncie en su bosquejo sea la imagen de la mujer “pobre y desvalida”, aquella a quien se le había confinado al espacio doméstico, aquella a quien se le negaría el derecho a ejercer su profesión, y años más tarde, falleciera sin haber logrado su objetivo. Sin embargo, es también aquella quien dejara un precedente en la historia, y hoy es recordada como una luchadora.

Cierro mi columna con una sonrisa en el rostro, al saber que su retrato fue colocado en el salón principal de la Universidad de Cusco en 1914, a pesar de que ello no repare la injusticia cometida, años en los que las primeras abogadas se recibirían en el resto de Hispanoamérica.