¿El tiempo que perdemos en el tráfico debería formar parte de la jornada laboral?

Los peruanos, sobre todo en grandes ciudades, perdemos gran cantidad de tiempo trasladándonos a las escuelas, centros de trabajo o universidades. Esta afirmación que resulta una verdad de Perogrullo, ha sido calculada por la fundación Transitemos que llegó a la conclusión de que, en Lima, una persona promedio pierde 20 días de su vida atrapada en el tráfico al año. No obstante, el pasar más tiempo trasladándose y el aumento de la tecnología, han producido efectos inesperados.

En ese sentido, el incremento del uso de teléfonos móviles con acceso a internet ha significado que muchas personas consulten los correos electrónicos del trabajo y, en consecuencia, alargado sus jornadas laborales.

De acuerdo con el portal Consumer Affairs, la Universidad de West England llevó a cabo un estudio de cuarenta semanas, del año 2016 al 2017, a 5000 pasajeros del tren que fueron entrevistados.

El estudio encontró que muchos de los participantes usaron su tiempo en alistarse para sus jornadas laborales o ponerse al día en sus pendientes. Asimismo, muchos de los participantes valoraron el tiempo que invirtieron en llegar a sus oficinas tanto al inicio como al final de sus jornadas.

La Dra. Juliet Jain, coautora del estudio, señaló que si el tiempo de viaje se incorporase como parte de la jornada laboral, habría muchos impactos económicos y sociales que podrían reducir la presión por llegar a tiempo al trabajo en las horas pico. Si bien los trabajadores tendrían horarios más flexibles, los empleadores tendrían que implementar mecanismos de supervisión y medición de resultados sobre las labores de aquellos.

De acuerdo con The New York Times, la Dra. Jain al conversar con las personas que estaban camino a sus trabajos, se preguntó si no habrían horas de productividad no reconocidas, puesto que no son oficialmente parte de la jornada laboral.

Cabe precisar que el estudio fue realizado en Inglaterra, país que cuenta con red Wifi en la mayoría de trenes, aviones y automóviles; mientras que en nuestro país, el acceso a dicha tecnología todavía es limitado.