TC: Desde la Constitución no es posible derivar un «derecho» a tratar con crueldad a los animales

En este caso la recurrente manifestó que la empresa demandada (Servicio de Parques de Lima, Serpar) viene usando, disfrutando y disponiendo sin su autorización de cinco caballos, tres ovejas y 22 cabras que se encuentran en el Parque Los Anillos; y de dos equinos y 16 caprinos que se hallan en el Parque La Muralla, todos ellos de su propiedad.

El Tribunal Constitucional aprovechó la ocasión para hablar de los deberes constitucionales hacia los animales no humanos

15. En esta sección, entonces, es de interés particular determinar si existe algún deber
constitucional hacia los animales no humanos. De antemano, vale precisar que la
Constitución no reconoce a los animales no humanos en ninguno de los derechos
fundamentales consagrados en su texto. Es más, el artículo I consagra que “la
defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el fin supremo de la
sociedad y del Estado” (cursivas agregadas) y todas las demás cláusulas
constitucionales y el sistema jurídico en su conjunto están diseñados precisamente
para asegurar el respeto de su dignidad y bienestar, con todo lo que ello implica.

16. En efecto, la persona humana es un individuo claramente distinto a otros seres,
pues además de una constitución biológica y psicológica complejas, posee
capacidades morales que no se repiten en igual grado en otros animales. Los
humanos persiguen intereses que no se reducen únicamente a necesidades
estrictamente sensoriales como la ausencia del dolor, sino que se extiende a una
amplia e interminable gama de necesidades y relaciones para su calidad de vida,
como la amistad, la familia, la educación, el arte, la cultura, el trabajo, el ocio, la
participación política, etc., respecto de las cuales el Estado cumple un conjunto de
obligaciones, como son: las de respetar, proteger, garantizar, promover y,
eventualmente, reparar.

17. Sin embargo, los animales no humanos, por ejemplo, los animales vertebrados
domésticos O· silvestres mantenidos en cautiverio, no tienen, en general, ninguno
de estos intereses ni cualquier otro que esté más allá de que no se le infrinja dolor
y sufrimiento físico. De hecho, primafacie los animales no tienen una dimensión
moral: no realizan juicios acerca de lo bueno y lo justo, y tampoco tienen motivos
que puedan ser evaluados moralmente. Su comportamiento está predeterminado
por sus instintos naturales y no por la libertad, en virtud de la cual se “eligen” los
fines que se van a perseguir como consecuencia de una deliberación interna de
razones. No poseen autogobierno normativo.

18. Pero ¿esta diferencia notoria entre los seres humanos y los animales no humanos,
aunque en diferentes grados, los relega de cualquier valoración que se desprenda
de la Constitución? En principio, no se debe descartar prima facie que la
Constitución pueda entrañar alguna consecuencia normativa para los animales no
humanos como los animales vertebrados domésticos o silvestres mantenidos en
cautiverio, puesto que su marco regulador no se agota en su texto literal. Debemos
tener en cuenta que es un deber del Tribunal Constitucional “identificar los
contenidos valorativos dispuestos en la Carta Fundamental, que la erigen como la
letra viva que plasma la propia esencia cultural de nuestra sociedad, y que son el
fundamento tanto para reconocer las dificultades y contingencias del presente
como para avizorar las eventuales soluciones a futuro” (Expediente 00008-2003-
AI/TC, FJ 5).

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