«Santiago el Pajarero», o el derecho a decir miau (Teatro & Derecho)

Favores pidió a virreyes
y no los pudo lograr;
en medio de tantas leyes
fue su delito soñar (….).

Copla final

El teatro La Plaza está por finiquitar la puesta en escena de Santiago el Pajarero, trabajada sobre la versión de Julio Ramón Ribeyro, titulada Vida y pasión de Santiago el Pajarero (1959), que a su vez proviene de la tradición de Ricardo Palma, Santiago el Volador (1872), y esta a su vez, de las memorias del propio Santiago de Cárdenas, que en una década trabajó, intitulada, Nuevo sistema de navegación por los aires; acorde con Palma, el originalísimo libro, inédito, se encontraba en la Biblioteca Nacional.

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Resumamos: en la segunda mitad del siglo xviii durante el gobierno de Amat, Santiago de Cárdenas, pajarero de oficio, sin recursos y ante la presión de Rosaluz, su novia, solicita apoyo al Virrey, quien acto previo a responderle, pide dictamen al Dr. don Cosme Bueno, catedrático de Prima de Matemáticas, quien en opinión contraria, origina un no ha lugar como notificación, lo que ocasiona que Santiago, apresure su proyecto, y pretendiendo volar, cayera en el vacío, muriendo. Algo de esto tiene la película Herencia del viento, o el juicio del mono (1960), pero ese es otro cuento.

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El extremo que nos atañe es precisamente la escena de Cosme Bueno, en acto público al interior de la UNMSM, cuando evacúa su dictamen y lo oraliza boquirrubio, en un monologo; Cave canem es una advertencia explícita, los pregones no dejan de anunciarlo, barrunto que se las trae -una audiencia del pasado modelo-, las tracamandanas de Cosme, son escribaniles, él es en puridad un improbus litigator, festina, provoca, arremete; el poder del orador impide la igualdad de armas; épocas donde la escrituralidad prevalecía sobre lo oral, y la elocuencia sobre la prueba; si bien es cierto, Santiago, ahora amenguado y tunante, representa la búsqueda de un ideal, su derrota está asegurada.

Las aves simbolizan la libertad frente al conformismo de Cosme, que representa la prevalencia del statuo quo, siguiendo la línea metafórica, este ladra y mordisquea, protector del aletargado ancien regime. Harto conocido el chiste (virreinal) de llevar un gato para conocer la clase de abogado a que te enfrentas, contrariamente no solo sirve como identificador, sino como partner.

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Recuérdese la copla: “un escribano y un gato, en un pozo se cayeron; como los dos tenían uñas, por la pared se subieron”; como adversario hostil si se piensa en la expresión: defenderse como gato panza arriba; como coleguita, precisamente en la tradición don Dimas de la Tijereta, donde en medio de una fiesta de escribanos, cae desde la cornisa un gato, que perturbó al predicador y arremolinó al auditorio, terminando la escena con este dicho: «No hay motivo para barullo, adviertan que el que ha caído es un cofrade de esta ilustre congregación». Como fuere, es pacífico aceptar el carácter indomado e independiente del micifuz, que se traduce en el derecho a opinar en contrario, a sostener en discrepancia y porfiar aun contra la opinión de las mayorías, conservar la individualidad frente a los más; por ello Santiago está tan vigente, como lo están también, las reminiscencias escribaniles, esto último, a nuestro pesar.

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