Reforma o reformatorio judicial, Celis Mendoza Ayma

“Hay hermanos muchísimo que hacer”
César Vallejo

Reformando con comunicados públicos, con fotos de magistrados con rostros compungidos y hasta fingidos, se pretende reformar el Poder Judicial. Ese exorcismo ético con retorcimientos fatuos cargados de reproche ético se enfoca en el pretérito. ¡Yo no fui, ellos fueron! Se busca chivos expiatorios, con pecado o sin pecado, para etiquetarlos de corruptos para purificarse en sus cuerpos, y cargar y transferir sus demonios simbólicamente al chivo de coyuntura.

Ese discurso mítico de castigo, difundido y promovido, corresponde a una actitud mágica religiosa. El resultado es una “purificación” simbólica en cuerpo de otro, pero materialmente no incide en el cambio del portador del dedo estigmatizador. Su consecuencia, “cambiar todo, para cambiar nada”. Esa es una de las formas de disfrazar el problema de la corrupción judicial, y se manifiesta en comunicados públicos pretendiendo zanjar límites imposibles de zanjar.

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Empero, esas actitudes solo promueven el arrase de los límites racionales del poder, que los límites de la racionalidad constitucional cedan ante la emoción ética; así, hablar de garantías constitucionales deviene en blasfemia, so riesgo de ser llamado maldito como corrupto y lapidado con sinrazones mediáticas. Cuando la negación corresponde a los operadores del derecho, entonces reniegan de la razón constitucional, y, se erigen en bestias apocalípticas de propaganda punitiva; así se esgrime como verduguillo infecto el argumento falaz de ¡quien es garantista es corrupto! Esta torcida relación de falsa causa es replicada mediáticamente para atacar el trabajo profesional del Juez sujeto a las garantías constitucionales. En tiempo de crisis es peligroso hablar de Constitución y justicia. Este es el problema, pues el cretinismo estrecho asocia justicia constitucionalizada con corrupción. Pero, ¿qué es lo éticamente correcto?, pues es solo lo constitucionalmente establecido, la ética constitucional, la ética del respeto al individuo; no la ética del fascismo, del autoritarismo embozado en coberturas de democratismos fatuos.

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¿Qué hacer?

La disyuntiva marca dos líneas:

i) mirar para atrás negativamente, y actualizar esa negatividad para un reproche emotivo; o,

ii) mirar para atrás en proyección futura, para no repetir lo negativo.

Esta última es la actitud correcta, su sentido teleológico atiende a fines programáticos positivos. Pero esta actitud exige laborioso compromiso, pues se requiere investigar, investigar e investigar, para proponer soluciones materiales; no aquellos bálsamos epidérmicos de siempre, de CERIAJUS inacabados, de proyectos inconclusos, de reformatorios judiciales con prohibiciones de celulares, pero, la corrupción no tiene horario de oficina. Estas reformas epidérmicas, son solo reforma de lo ornamental, de lo decorativo: reforma de fufulla. Son solo placebos hasta que amaine el maremoto, con alevinos y algunos tiburones finados y otros sacudidos.

Programas políticos claros, como la democratización del sistema de justicia, que se exprese en elecciones democráticas de sus autoridades, sin estratificaciones de castas; programas de reforma de deliberación pública de las decisiones; programas de formación universitaria de la especialidad judicial a la que accedan solo los que alcancen un tercio superior; etc., etc.

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Pero, la reforma tiene sus límites en sus cimientos, que condicionan las vigas maestras de sus instituciones; es iluso pensar en un cambio de cimientos, no es el momento histórico. Empero, es urgente un programa máximo que reforme las estructuras judiciales superiores soportados en esos cimientos visibilizados en su caducidad

Continua…