¿Puede la colaboración abierta fortalecer la legitimidad en los procesos de construcción constitucional?

Carlos Bernal Pulido* (Colombia)

RESUMEN

Este documento evalúa la manera como la colaboración constitucional abierta****puede fortalecer la legitimidad en los procesos de construcción constitucional. Esta colaboración genera oportunidades y desafíos; abre posibilidades para la participación de individuos y grupos excluidos de la deliberación, y para la expresión de preferencias políticas y la toma de decisiones; asimismo, puede aumentar la autonomía, la igualdad y la transparencia. Sin embargo, estas estrategias crean el desafío de establecer restricciones que permitan garantizar una participación significativa, a fin de incrementar la legitimidad en los procesos de construcción constitucional.

Palabras clave: construcción constitucional, colaboración jurídica abierta, legitimidad democrática.

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ZUSAMMENFASSUNG

Der Beitrag untersucht, inwiefern die partizipative Verfassungsgebung (engl. constitutional crowdsourcing) die Legitimität der Verfassungsgestaltungsprozesse stärken könnte. Eine solche Mitwirkung ist mit Chancen und Herausforderungen verbunden; sie eröffnet Möglichkeiten zur Mitwirkung von Einzelpersonen und Gruppen, die von den Beratungen ausgeschlossen sind, aber auch zur Bekundung von politischen Präferenzen und bei der Entscheidungsfindung; und sie kann einen Beitrag zu mehr Autonomie, Gleichheit und Transparenz leisten. Mit diesen Strategien ist allerdings die Herausforderung verbunden, bestimmte Einschränkungen vorzunehmen, um eine aussagekräftige Partizipation sicherzustellen und so die Legitimität der Verfassungsgestaltung zu stärken. Schlagwörter: Verfassungsgestaltung, partizipative Gesetzgebung, demokratische Legitimität.

ABSTRACT

This paper assesses how constitutional crowdsourcing can enhance legitimacy in processes of constitution-making and amending in stable democracies. Constitutional crowdsourcing gives rise to opportunities and challenges. It opens up fresh possibilities for participation by individuals and groups previously excluded from constitution-making deliberation, expression of political preferences, and decisions. It may also increase autonomy, equality, and transparency. However, at the same time, these kinds of strategies create the challenge of establishing constraints for securing these possibilities and ensuring that the relevant agents engage in a meaningful way. Legitimacy qua justifiability about constitution-making processes depends on overcoming this challenge.

Key words: Constitution-making, Crowd-law, Democratic Legitimacy.

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1.- Experiencias de colaboración constitucional abierta

Durante el verano y el otoño de 2011, los miembros del Consejo Constitucional de Islandia publicaron, de manera consecutiva, doce proyectos de constitución en una página de internet y en Facebook. Se recibieron más de 16.000 sugerencias por medio de correos electrónicos y en redes sociales. Los miembros del Consejo respondieron a algunos de ellos y, de forma consecuente, actualizaron los borradores de los proyectos de constitución.[1] La versión final reflejó las preferencias incluidas en las sugerencias enviadas por los ciudadanos con respecto a la forma y al contenido del texto constitucional, así como novedades, por ejemplo, la relacionada con la tipificación de un derecho fundamental a internet.[2] A pesar de que esta versión fue sometida a un referendo no vinculante, que obtuvo la aprobación de más de dos tercios de los votantes, el Parlamento nunca adoptó el proyecto resultante.

La publicación en línea de los borradores fue una iniciativa espontánea para involucrar a las personas en el proceso de redacción del texto constitucional. Este es un caso especial de colaboración abierta, que denominaré colaboración constitucional abierta.

De manera similar, poco después de la experiencia islandesa, y aprovechando el activismo popular mediante el uso de las redes sociales durante la revolución de 2011,[3] la Asamblea Constituyente egipcia diseñó un mecanismo de colaboración constitucional abierta. Para ello creó un sitio web en el que las personas podían revisar el borrador del texto constitucional, aportar sugerencias y votar por distintas propuestas. Más de 68.000 personas participaron en el foro en línea y suscribieron más de 650.000 votos y sugerencias.[4] La evidencia empírica apunta a que el proyecto final incorporó las propuestas con mayor aprobación pública.[5]

Algo similar había sucedido algunos años antes en Kenia, en donde el 17 de noviembre de 2009, tras publicar el proyecto de constitución, el Comité de Expertos creó una página de Facebook y una sala de chat con el propósito de recibir comentarios y retroalimentación por parte de la ciudadanía. Todos los ciudadanos podían enviar propuestas y enmiendas a los miembros del Parlamento durante 30 días. El Parlamento revisó el borrador final y lo envió al Comité de Expertos que, tras revisarlo, presentó el proyecto final del texto constitucional al Parlamento. Después de su aprobación, este fue refrendado por medio de un referendo celebrado el 4 de agosto de 2010.[6]

Por su parte, la Convención Constitucional de Irlanda (2012-2014), constituida mediante la selección aleatoria de un grupo de ciudadanos, fue integrada para redactar varias propuestas de reforma constitucional.[7] Después de llevar a cabo una convocatoria abierta a los ciudadanos irlandeses, incluidos los que vivían en el extranjero, la Convención recibió miles de sugerencias y comentarios respecto de sus propuestas por medio de un sitio web, Facebook, YouTube y Twitter.[8]

Por último, el actual proceso de reemplazo constitucional chileno también incluye una estrategia organizada de colaboración abierta. La promulgación de una nueva constitución fue un tema importante en la campaña presidencial de 2013.[9] Por ello, el 13 de octubre de 2015, la entonces presidenta Michelle Bachelet anunció un itinerario para reemplazar la Constitución de 1980, que de muchas maneras todavía vincula al país con la dictadura de Pinochet. Bachelet caracterizó este proceso como “abierto a la ciudadanía”.[10]

El proceso abarcó una participación ciudadana en tres etapas: el “encuentro”, la “deliberación” y la “soberanía”.[11]

Durante el “encuentro”, los ciudadanos podían enviar sus sugerencias para el proyecto de constitución mediante la respuesta a cinco preguntas (cuatro cerradas y una abierta) en un formulario en línea. Las preguntas cerradas fueron: ¿Qué valores y principios deberían inspirar la constitución? ¿Qué derechos debería fortalecer la constitución? ¿Qué deberes y responsabilidades debería asignar la constitución a todos? y ¿Qué instituciones debería establecer la constitución? Para responder estas preguntas, las personas podían elegir entre varios conceptos dados o, también, introducir conceptos propios. La pregunta abierta alentó a los participantes a expresar sus ideas, sus sugerencias y su visión para las próximas generaciones.

Esta etapa tuvo lugar entre el 23 de abril y el 6 de agosto de 2016, y también comprendió algunas actividades offline. Estas actividades comprendieron reuniones locales con grupos pequeños (8.113), reuniones provinciales masivas (71) y reuniones regionales (15). Las reuniones fueron programadas y publicitadas en una plataforma en línea [www.unaconstitucionparachile.cl]. Estas se desarrollaron con una metodología especial, diseñada para fomentar la deliberación sobre cuestiones constitucionales capitales y para llevar un registro sobre los acuerdos y desacuerdos existentes entre los participantes. Las actas de las reuniones aún están disponibles en línea. Asimismo, se creó un Consejo de Observadores Ciudadanos, que estuvo a cargo de supervisar la transparencia del proceso participativo.

El “encuentro” estuvo precedido de una campaña pedagógica (diciembre de 2015 a marzo de 2016), en la que se proporcionó a los ciudadanos información sobre conceptos constitucionales básicos.[12] Los ciudadanos publicaron 90.804 propuestas. A diferencia de la experiencia islandesa, en la que cualquiera podía publicar comentarios, este proceso exigía que los participantes suministraran un número de identificación chilena en el momento de diligenciar el formulario en línea. Sin embargo, no se implementó ninguna medida que garantizara que la persona que respondía el formulario fuese la misma a quien pertenecía el número de identificación suministrado.

[Continúa…]

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[1] Hélène Landemore, “Inclusive Constitution-Making: The Icelandic Experiment”, The Journal of Political Philosophy, vol. 2, núm. 23, 2015, p. 174.

[2] Ibid., p. 176.

[3] Nahed Eltantawy y Julie B. Wiest, “Social Media in the Egyptian Revolution: Reconsidering Resource Mobilization Theory”, International Journal of Communication, núm. 5, 2011, pp. 1207-1224.

[4] Tofigh Maboudi y Ghazal P. Nadi, “Crowdsourcing the Egyptian Constitution: Social Media, Elites, and the Populace”, Political Research Quarterly, vol. 4, núm. 69, 2016, p. 717

[5] Idem.

[6] John Mukuna y Melvin L. M. Mbao, “‘We the people’: On Popular Participation and the Making of the 2010 Constitution of Kenya”, Mediterranean Journal of Social Sciences, vol. 5, núm. 20, 2014, p. 91; Jason Gluck y Brendan Ballou, “New Technologies in Constitution Making”, Washington, United States Institute of Peace, 2014. Disponible en: https://www.usip. org/sites/default/files/SR343_New-Technologies-for-Constitution-Making.pdf

[7] Eoin Carolan, “Ireland’s Constitutional Convention: Behind the Hype of Citizen-Led Constitutional Change”, International Journal of Constitutional Law, vol. 3, núm. 13, 2015, pp. 733-748.

[8] Silvia Suteu, “Constitutional Conventions in the Digital Era: Lessons from Iceland and Ireland”, Boston College International & Comparative Law Review, núm. 38, 2015, p. 267.

[9] Alberto Coddou Mc Manus y Pablo Contreras, “Nueva Constitución y Asamblea Constituyente. La experiencia de ‘Marca tu voto’”, Anuario de derecho público UDP, 2014, p. 121.

[10] Disponible en: https://www.unaconstitucionparachile.cl

[11] Idem.

[12] Disponible en: www.constitucionario.cl