Once consejos para realizar una buena investigación

Compartimos un fragmento del libro «Cómo iniciarse en la investigación académica. Una guía práctica» de María de los Ángeles Fernández y Julio del Valle. Un libro que les recomendamos.

Incluso las personas que reúnen las características necesarias para ser buenos investigadores —o que están en camino de desarrollarlas a través del inevitable proceso de aprendizaje que supone la misma acción de investigar— pueden beneficiarse ampliamente de algunas pautas como las que presentamos a continuación (adaptado de Wainerman & Sautu, 2011, pp. 37-47).

No puede destacarse suficientemente el hecho de que uno aprende a investigar y aprende, en gran parte, investigando, haciendo. Se trata, pues, de una destreza que hay que practicar. Las recomendaciones que siguen ayudarán a hacer mucho más provechoso ese entrenamiento.

1. No formule objetivos de investigación tan amplios que sea imposible abordarlos en una vida humana

La vida es breve, ya lo sabemos. Toda investigación supone que nos planteemos ciertas metas, logros deseados u objetivos que esperamos sean satisfechos al término de la investigación. En este sentido, es importante tener en cuenta que un objetivo de investigación mal delimitado, insuficientemente precisado (impreciso, ambiguo, muy ambicioso y, este modo, demasiado amplio) condena al fracaso o a quedar incompleta la investigación.

El tiempo es siempre un recurso limitado y, a menudo, escaso, por lo que debe plantearse metas que puedan ser alcanzadas. Una vez planteadas estas metas, debe perseguirlas sobre la base del método presentado en este capítulo; el propósito de dicho método es ayudarlo a hacer un uso eficiente y productivo de su tiempo y su esfuerzo. Se trata, pues, de ser realista en la formulación de las metas de investigación.

2. Interrogue usted mismo a la realidad: no pretenda que sea esta la que especifique el objetivo de su investigación

El investigador toma la iniciativa en su encuentro con el mundo. Así, debe arriesgar una pregunta de investigación y apostar una respuesta para poder emprender adecuadamente su proyecto: indagar acerca de la validez de dicha respuesta o explicación. Para que la realidad pueda respondernos, debemos formularle una pregunta precisa y clara; de lo contrario, no recibiremos más que ruido de vuelta. Sin embargo, merece la pena destacar que, a pesar de su carácter asertivo, el investigador debe saber cómo y cuándo detenerse para «escuchar» con atención las respuestas que le llegan a partir de su investigación. En otras palabras, «hable» claro a la realidad pero sepa escucharla también.

3. No se desvíe de su objetivo general: evite plantear objetivos específicos que no se desprendan del objetivo general

Toda investigación supone plantearse un objetivo general (poner a prueba la respuesta tentativa propuesta) que será desarrollado través de una serie de objetivos específicos que se desprendan de él, y, en esa medida, lo concreten y lo vuelvan más abordable. Dicho objetivo general supone ciertos parámetros dentro de los cuales debe moverse intelectualmente; es un error común plantear objetivos específicos que se alejan de este objetivo inicial y del tema tal cual fue delimitado o precisado. Al abrir este nuevo camino no previsto en un inicio, se corre el serio riesgo de abrir también múltiples vías de investigación que no podrán ser adecuadamente abordadas. Sea cuidadoso y no se desvíe del camino que usted mismo se ha trazado. Tenga en cuenta que es imposible abordarlo todo en una investigación y que, para que esta pueda ser provechosa y productiva, debe ceñirse al objetivo planteado, que ha servido de base para la formulación de la investigación completa.

4. Asegúrese de contar con insumos para su investigación

Ya se trate de fuentes bibliográficas o de datos «en bruto», usted debe estar seguro de contar con la información que necesitará para poder llevar a cabo su investigación. Los datos o las fuentes deben ser accesibles (es decir, estar disponibles, en una lengua comprensible, etcétera); de lo contrario, su pesquisa se topará, ya en un momento inicial, con un obstáculo grave y, probablemente, insalvable. Realice, pues, de forma temprana, un reconocimiento de las fuentes de información accesibles, y asegúrese de contar con los insumos necesarios y suficientes para informarse sobre el tema delimitado como parte del proceso de investigación. De lo contrario —y sobre todo si pensamos en una investigación de nivel predisciplinar— podría resultar más conveniente cambiar de tema u optar por un enfoque distinto.

5. Recuerde que la investigación busca generar conocimiento (solo en un momento siguiente, cambiar la realidad)

Si bien las investigaciones son importantes para modificar las circunstancias sociales, económicas, etcétera, en que nos desarrollamos los seres humanos, este no es, en realidad, su verdadero fin (o no su fin primario por lo menos). Este es, más bien, la generación de conocimiento en las distintas áreas del saber. Se investiga para saber más de un tema, para conocer mejor las relaciones causales que guían la ocurrencia de diversos fenómenos o cómo deben ser estos leídos en el marco de su contexto, por ejemplo. Solo una vez ampliado dicho conocimiento, puede pensarse en cambiar el mundo, en intervenir en él, pero este no puede ser el fin directo o inmediato de una investigación. Vale la pena destacar, a la vez, que, si queremos gestar un cambia alguna circunstancia o situación del mundo, el punto de partida implica necesariamente, un profundo conocimiento del tema en cuestión.

En este sentido, una investigación no solo debe perseguir la resolución de un problema o situación particular sino que debe contribuir al enriquecimiento del conocimiento en una determinada área del saber Si bien una investigación puede elaborarse a partir del análisis de un caso concreto o una situación específica, debe tener siempre como resultado una ampliación del conocimiento o la teoría sobre el tema en un nivel más amplio.

6. Procure ser objetivo, y dejar de lado valoraciones arbitrarias o parciales

Hemos incidido ya en las páginas previas en el valor de la objetividad como pauta guía en el quehacer del investigador académico. Resulta sumamente importante que no se confundan los hechos analizados o estudiados con las propias valoraciones personales que de estos se tienen. Cuídese, en ese sentido, de atribuir de forma a priori o arbitraria cierto valor (positivo o negativo) a un fenómeno. Procure examinar los hechos de la manera más neutral e imparcial posible; las valoraciones (positivas o negativas) serían un resultado del conocimiento sobre el tema que se derive de su investigación, y estas deben basarse en los hechos observados y analizados, y no en el sentir o parecer personal del investigador.

7. No confunda los supuestos o presupuestos de la investigación con la hipótesis

Siempre que se emprende una investigación es necesario explicitar los supuestos o presupuestos teóricos que se asumen como verdaderos con el fin de llevarla a cabo. Los supuestos explicitan los puntos de partida o posiciones teóricas que, de alguna manera, se dan por hechos, se asumen como dados y, desde ellos, se mira y analiza la realidad. Es inevitable partir de supuestos teóricos, los que variarán de una postura teórica a otra, por lo que lo mejor que se puede hacer es sincerarse y reconocerlos de forma clara y transparente. En cambio, la hipótesis o respuesta tentativa constituye una apuesta o conjetura cuya verdad ° Sedad será sometida a prueba por la investigación y, en este sentido, busca ser eventualmente validada al final de esta; se trata, pues, en cierto sentido, de un posible punto de llegada, una apuesta por ser verificaba (o no) a través del contraste con la realidad o con el conocimiento disponible sobre el tema.

8. Construya su marco teórico y su diseño metodológico de modo que sean compatibles

Como parte del proceso de investigación, el investigador elaborará un marco teórico, es decir, llevará a cabo una revisión de las teorías y conceptos propuestos por otros autores para, a partir de ellos y de sus propias ideas sobre el tema, elaborar los conceptos teóricos que le servirán de base para abordar su objeto de estudio y analizarlo. Dicho panorama teórico general enmarcará nuestra investigación (de ahí el nombre de marco teórico) y determinará, pues, el abordaje del fenómeno estudiado. Puede ocurrir, en algunas situaciones, que dicho marco teórico se vaya volviendo cada vez más y más amplio hasta alcanzar, en algunos casos, un carácter descomunal. Es preciso que sepamos cuándo hemos construido ya un marco teórico lo suficientemente amplio como para enmarcar nuestra investigación y su objetivo general, de modo que no terminemos con uno hipertrofiado y exagerado para nuestro tema y objetivos concretos, con lo que nuestros esfuerzos habrán sido invertidos de forma excesiva en esta parte de la investigación y no en otras también relevantes.

9. No plantee objetivos explicativos si no cuenta aún con una descripción del fenómeno por estudiar

La explicación supone una operación mental de mayor complejidad que la descripción, a la que presupone. Así, si el propósito de su investigación involucra conocer cómo se relacionan o se encuentran asociados dos fenómenos (su explicación), es necesario conocer antes cómo se caracterizan estos (su descripción). La búsqueda de explicaciones sin contar antes con un panorama descriptivo del fenómeno en cuestión constituye un arriesgado salto al vacío que probablemente no arrojará resultados de provecho.

10. No confunda los objetivos específicos con los pasos o acciones por seguir en el proceso de investigación

Los pasos (o las tareas) involucrados en el desarrollo de la investigación no necesariamente coinciden uno a uno con los objetivos específicos planteados. Mientras los pasos suelen implicar acciones más concretas (como la recopilación de determinado tipo de fuentes o la realización de una serie de entrevistas), los objetivos se ubican en un nivel superior de abstracción, correspondiente a «para qué» se han llevado a cabo dichas acciones; por ejemplo, para analizar un fenómeno, para definir un concepto, para contrastar dos propuestas teóricas, etcétera. A partir de los objetivos planteados como parte del plan de trabajo o plan de investigación, el investigador deberá determinar qué acciones son necesarias para poder cumplir con cada uno de estos logros. Así, mientras los objetivos corresponden a «qué» queremos lograr con nuestra investigación —en un nivel más bien abstracto— las tareas o pasos corresponden, más bien, al «cómo» pensamos lograrlo —en un nivel más concreto.

11. No formule objetivos restringidos a resolver un problema particular o a simplemente recolectar datos

Las preguntas concentradas en casos o ejemplos demasiado puntuales corren el riesgo, si no se enmarcan en una problemática teórica mayor, de no aportar conocimiento científico o académico capaz de ser aplicado a otros casos o fenómenos similares. En una investigación así, difícilmente podríamos decir que se ha contribuido a ampliar los márgenes del conocimiento sobre el tema. Entonces, cuando se aborda el estudio de un caso puntual, debemos entenderlo como un medio que permitirá, si no ahora eventualmente, someter a prueba la respuesta tentativa formulada o ilustrar las conclusiones, mas no como el fin último de la investigación académica. Nuestra mirada, aunque orientada tal vez ahora el caso, debe buscar ahondar en las implicancias o circustancias que este podría compartir con otros que pudieran ser parecidos. De esta manera, es importante que procuremos enmarcar nuestros datos y análisis en una propuesta teórica o explicativa mayor, con el objetivo de potenciar su interés o impacto académico o científico.