La historia del primer juez afroamericano de la Corte Suprema de los Estados Unidos

 “Ningún otro norteamericano hizo más que Thurgood Marshall para llevar a nuestro país fuera del desierto de la segregación”, Lewis Powell, juez del Tribunal Supremo

En 1961, el presidente John F. Kennedy nombró a Thurgood Marshall para el Tribunal de Apelaciones de los Estados Unidos para el Segundo Circuito. Cuatro años más tarde, el presidente Lyndon B. Johnson nombró a Marshall como Procurador General de los Estados Unidos.

Marshall dedicó su vida entera a luchar contra cualquier manifestación de discriminación racial. Marshall se graduó en la Colored High School de Baltimore, un colegio segregado, en donde solo estudiaban “estudiantes de color”. Luego, en la Universidad Lincoln, “la primera institución fundada en cualquier parte del mundo para ofrecer una educación superior en artes y ciencias a los jóvenes de ascendencia africana”.

En la universidad, Thurgood Marshall destacó por su habilidad para ganar los debates académicos. Marshall era un diestro participante de los enfrentamientos verbales de la academia. Thurgood concebía a la educación como el único canal que le facilitaría defender sus firmes convicciones.

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Thurgood Marshall, años más tarde, confesó haber sido rechazado de la Escuela de Derecho de la Universidad de Maryland, por ser negro. Marshall tuvo que matricularse en la Escuela de Maryland en Washington, en donde sí lo aceptaron, pues era una institución para afroamericanos.

Marshall cuenta que su madre empeñó sus anillos de boda y de compromiso para pagarle su matrícula. Marshall, consciente de ese sacrificio, se batió duramente para ser el mejor de su universidad. Y así lo hizo.

En la Escuela de Derecho de la Universidad de Maryland, Marshall fue un alumno brillante. Sus destacadas calificaciones llamaron la atención del vicedecano, Charles Hamilton Houston, quien, años más tarde le diseñó la estrategia legal que usó Marshall en los tribunales, para desmontar el aparataje de segregación racial que mantenía aún en desventaja a los afroamericanos. Ambos obtuvieron su primera victoria con el caso “Murray vs. Pearson”.

Donald Gaines Murray buscó ser admitido en la Facultad de Derecho de la Universidad de Maryland, pero su solicitud fue rechazada debido a su raza. “La Universidad de Maryland no admite estudiantes negros y, por consiguiente, su solicitud es rechazada”, señalaba la carta de rechazo. Así pues, el fallo del tribunal creó un precedente legal que hizo que la segregación racial en la Universidad de Maryland sea ilegal. Marshall sonrió, pues, años atrás, Maryland lo había rechazado por ser negro.

Thurgood Marshall acumuló toda la experiencia necesaria para hacer frente al histórico caso “Brown vs. Junta de Educación”, que declaró que las leyes estatales que establecían escuelas separadas para estudiantes afroamericanos y blancos negaban la igualdad de oportunidades educativas.

Marshall y Charles Hamilton Houston dieron pasos agigantados para que las escuelas sean realmente iguales, pero aún faltaba la estocada final. Ambos, en 1952, provistos de una amplia experiencia, a punta de coraje, litigaron frente al caso Brown vs. Junta de Educación y vencieron. Desde la fecha, la segregación racial fue considerada como una violación de la Cláusula sobre Protección Igualitaria, que establecía que “ningún Estado de los Estados Unidos podrá negar a persona alguna dentro de su jurisdicción la protección igualitaria de derechos”.  El sueño de Thurgood Marshall se había cumplido.

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En 1991, Marshall se retiró de los tribunales siendo conocido como “el Gran Disidente”. Tres años más tarde, falleció.

Su muerte enlutó a toda la comunidad jurídica. La universidad de Maryland, que lo excluyó de su alumnado, estrenó una biblioteca jurídica con su nombre. La ciudad de Baltimore erigió su figura en bronce ante la sede de los tribunales del Estado, y el presidente Clinton lo despidió diciendo: “Murió un gigante de la lucha por los derechos humanos”.

En su última aparición pública, el juez Marshall solicitó que en su epitafio colocaran: “Hizo lo que pudo con lo que tenía”.