Hacia la prevención del conflicto con el ejemplo y la vinculación de los sistemas educativo y conciliatorio

La prédica vacía y sin ejemplo de vida también se graban peligrosamente en las conciencias de las nuevas generaciones.

Escribe: Mag. Freddy Ortiz Nishihara*

La dicotomía entre la teoría y la práctica se da cotidianamente en nuestras sociedades andinas, donde se ensalza conceptos y valores durante ceremonias públicas, que aglomeran a la población, en fechas trascendentales, patrióticas y familiares, en plazas de armas, auditorios y todo tipo de lugares públicos.

Los medios de difusión solo muestran para las cámaras y sus portadas, las palabras y las figuras sonrientes de quienes dicen defender lo positivo de una sociedad que aparenta respetar los Derechos Humanos, la diversidad cultural, de género y la cultura de paz[1] que dicen practicar. Pero no enfocan lo cotidiano en la vida de los supuestos líderes de opinión pública, quienes demuestran ser asiduos practicantes de la violencia y la conducta deshonesta más detestables. Ello de seguro multiplicará por mil, estos ejemplos de vida entre los segmentos poblacionales infantiles, juveniles y hasta adultos que empezarán a asumir la hipocresía o el divorcio entre las palabras y los hechos como algo normal y cotidiano.

Podemos afirmar que tanto los dirigentes políticos, empresariales, gremiales, clericales, como los maestros, conciliadores extrajudiciales o “hacedores de Paz” como nos denominaba Voltaire, tenemos muchas veces una doble imagen o comportamiento. Existen infinidad de casos que nos pueden servir como ejemplos. Pero la verdad siempre aparece flotando, a la vera del camino de la vida. Aunque muchos intentan cubrirse de mil maneras; la prensa y las cámaras desnudaran tarde o temprano sus reales conductas, como el sol que ilumina las conciencias al amanecer y que no se puede cubrir con un dedo.

Por ello cuando hablamos de Liderazgo, Conciliación o Educación, en relación a la prevención o resolución del conflicto, se debe comprender que no se trata solo de una tarea limitada a las cuatro paredes de un Centro de Conciliación, una escuela o un hogar, pues estamos hablando de un hecho más cotidiano y permanente, que lamentablemente no se limita solo a exigencias y formalidades legales para los conciliadores extrajudiciales o pedagógicas para los maestros. Hablamos de las conductas cotidianas de los operadores del sistema conciliatorio y del sistema educativo.

Algo importante a desarrollar es la necesidad de vincular el sistema conciliatorio con el sistema educativo, dado que se requiere impulsar permanentemente, la comunicación empática, el empoderamiento de los débiles en los conflictos que se dan en la escuela, los valores que señala la norma conciliatoria tales como la buena fe, equidad, veracidad, partiendo de considerar que hasta ahora este vasto universo educativo de niños y jóvenes es ya el presente y una nueva raíz del futuro.

Y es que debemos considerar que hablamos de la escuela grande llamada Estado o Nación que nos incluye a todos y que no se proyecta directamente a las comunidades en los barrios populares urbanos y con menos frecuencia en las zonas rurales, pero que se demuestra con las acciones directas y las omisiones de quienes generan conflicto desde el poder, pues dichas prácticas negativas se graban con más profundidad en las mentes y corazones de los educandos de todas las edades, quienes interiorizan más los hechos que las palabras.

Otro aspecto determinante en el presente análisis, es la prevención o promoción del conflicto que realicen las redes sociales, la televisión y los medios de prensa, los mismos que solo ven en su mayor parte intereses económicos personales o de grupo y para quienes el conflicto, solo aparece y merece ser enfrentado a través de medios punitivos, cuando les afecta. Catalogando a toda violencia de subversiva o simplemente delincuencial, sin preocuparse de analizar objetivamente las raíces reales de carácter social e individual.

En conclusión, un real programa contra la violencia de cualquier tipo en nuestra sociedad, tan golpeada por la corrupción y el mal ejemplo debe partir de la prevención, un real compromiso ético con los valores por parte de todos los actores sociales, muy al margen de principios políticos e ideológicos que motivan su accionar y de consolidar un sistema de conciliación educativa que integre al sistema conciliatorio con el sistema educativo, sobre la base de un soporte psicológico necesario en los educandos. Es lamentable que del 100% de instituciones educativas solo 20 % cuenten con psicólogos. En nuestro país se ignora que el conflicto entre los diversos segmentos escolares, es la fuente de generación de posteriores conflictos sociales más profundos y peligrosos.

Debemos comprender que la prédica vacía, sin valores, que no enseñe a los alumnos y docentes a cómo prevenir y resolver sus conflictos en la escuela, es una fuente que alimenta cualquier ideología o conducta violentista nociva y anárquica que se difunde en las zonas populares y que es en realidad el reflejo de conductas degradadas de las altas esferas, difundidas por los medios de comunicación, directa o indirectamente que pueden degenerar más el débil tejido social de los sectores más vulnerables de nuestras sociedades, los que constituyen una mayoría numérica alrededor de las grandes urbes e inclusive en las zonas rurales que ya no están aisladas.

Entonces tenemos en las conductas de los falsos “líderes” de opinión carentes de empatía al combustible humano que impulsa el conflicto, porque existen personas que intentan imitarlas en menor nivel, tales como dirigentes comunales deshonestos, policías y funcionarios que cobran coimas o grupos que llegan a actuar delincuencialmente, justificando su forma de accionar en el hecho de que ellos roban poco en comparación a los poderosos que toman cotidianamente el dinero del Estado y se han enriquecido con millones de dólares. En el otro extremo, aunque con menor incidencia que en los años setenta u ochenta del siglo pasado, se hallan aquellos que intentan desterrar las conductas señaladas anteriormente utilizando también métodos violentos y dogmáticos de lucha.

Recordemos finalmente como moraleja que Japón, en su momento una sociedad muy violenta e intolerante, cambio su visión del mundo y se abrió más interculturalmente  al introducir una conducta permanente de praxis de una cultura de paz, empatía, asertividad, y valores como ejemplo cotidiano de los mayores y los jefes de grupos empresariales y políticos; hecho que a su vez se vincula a tres aspectos básicos, la salud mental de sus habitantes, la mediación escolar en sus aulas y los círculos de calidad en las empresas.


* Abogado por la UNMSM. Licenciado en Administración por la URP. Postgraduado en Resolución de conflictos por la Universidad de Uppsala (Suecia) Magíster en Relaciones Internacionales por la Universidad del Pacto Andino, Especializado en Negociación y Resolución de conflictos (Sede Quito, Ecuador). Postgraduado en Mediación y Conciliación por la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales de Buenos Aires. Capacitador por la escuela latinoamericana de la Universidad Complutense de Madrid en Florianópolis (Brasil). Conciliador y Capacitador Principal MINJUS- Perú.

[1] Ley de Conciliación 26872. “Artículo 2.- Principios. – La Conciliación propicia una cultura de paz y se realiza siguiendo los principios éticos de equidad, veracidad, buena fe, confidencialidad, imparcialidad, neutralidad, legalidad, celeridad y economía”.