De miembras y portavozas, por Arturo Ferrari

¿Ha intentado sostener una conversación en lenguaje “inclusivo” o “no sexista”? ¿Ha probado escribir respetando las exigencias de quienes reclaman que esta sea la forma correcta de dirigirnos a los demás? Esta cuestión asume un rol cada vez más protagónico tanto en el ámbito personal como profesional.

“No se puede imponer el lenguaje inclusivo por decreto”, ha señalado el director de la Real Academia Española (RAE), Santiago Muñoz Machado. El jurista, que llegó a tan prestigiosa posición luego de derrotar en diciembre pasado a Juan Luis Cebrián, exdirector del diario El País, en unas elecciones marcadas por el pesimismo y la preocupación por la delicada situación financiera de la institución, ha querido dejar las cosas bien en claro desde un inicio. Mantener la economía en el uso del lenguaje y “no tener que decir muchas cosas para decir un solo concepto”, son algunos de los argumentos esgrimidos por Muñoz Machado.

Menuda tarea le espera. En febrero del año pasado, Irene Montero, la portavoz de Podemos en el Congreso español, utilizó la palabra “portavoza” durante una conferencia. La pradera no tardó en incendiarse. No era la primera vez. Unos años antes una ministra del Gobierno socialista había empleado “miembra”. Dario Villanueva, quien precedió a Muñoz Machado en la dirección de la RAE, respondió con ironía. “Si se llama miembro a los hombres y miembras a las mujeres, habrá que empezar a llamar miembros a los brazos y miembras a las piernas”.

Salvador Gutiérrez, director del Departamento de “Español al día” de la RAE, explica que las palabras “perecen o reviven si el uso lo quiere”. El marco formal establece las posibilidades de variación o combinación que permite una lengua. Sin embargo, debemos prestar atención a lo que en un momento dado las personas consideran correcto. Gutiérrez señala que en las Cortes de Cádiz el término diputado era masculino y solo designaba a varones, pues la mujer no podía ser electa. “Cuando alcanza este derecho, el término diputada, perfecto según el sistema de la lengua, chocaba con la costumbre, (…) por lo que se prefirió durante algún tiempo diferenciar el sexo solo a través del artículo (el diputado/la diputado). Más tarde, el uso generalizará la forma femenina y hoy decimos con toda naturalidad diputada”, apunta.

El femenino miembra está impecablemente formado, pero a los hablantes nos cuesta acostumbramos a él. Portavoza parece tenerla harto más complicado. Algunos expertos alegan que “porta” es un verbo y, por tanto, es neutro, mientras que “voz” es un sustantivo femenino (la voz). Es decir, portavoz sería ya suficientemente inclusivo. A propósito de esta discusión un medio digital español difundió esta portada: “Irena Montera, la jovena portavoza de todas las miembras”. Un vaticinio que en algún momento podría hacerse realidad.