¿Qué cualidades son imprescindibles en un buen juez?

Jesús Martín Nole Lupú

Hace seis años que trabajo en el Poder Judicial, la mayor parte de ese tiempo como Asistente de Juez. He tenido la oportunidad de trabajar bajo las órdenes de excelentes magistrados. Los comentarios que suelo recibir de amigos y conocidos sobre la institución en la que laboro, no son para nada alentadores; que ya la lentitud de los procesos, que ya la corrupción, que ya la forma en que se atiende a los litigantes, y así, todos los aspectos negativos que son conocidos por la ciudadanía.

Lea también: Curso taller de redacción para abogados y estudiantes de derecho [Segunda edición]

Considero que quienes ostentan el poder, me refiero al nivel más alto, no llegan a comprender la importancia del juez en los órganos jurisdiccionales. Ojo, no me refiero a que no se les valora –formalmente–, porque, no es noticia decir que tienen sueldos por encima del promedio del sector público. Pero, que estén bien pagados no necesariamente significa que se tenga real conciencia de su papel estelar en el éxito o fracaso de un despacho.

Lea también: Curso taller de redacción para abogados y estudiantes de derecho [Segunda edición]

En este sentido, he creído conveniente señalar, desde mi experiencia en despachos judiciales, cuáles son algunas de las cualidades que necesariamente debe tener un buen juez.

Lea también: ¿Pueden el juez provisional o suplente conocer medidas cautelares fuera del proceso, aun cuando haya un juez titular habilitado en el distrito judicial?

1. Vocación de servicio

Un buen juez debe tener claro que su trabajo es, a fin de cuentas, solucionar los problemas –de relevancia jurídica– de las personas. Así, por ejemplo, cuando está en disputa un bien, el problema no es en realidad este, sino el perjuicio económico que su pérdida supondría para el litigante vencido.

Que el juez comprenda su verdadera función, es un paso previo para que asimile que su trabajo es servir, sí, servir al ciudadano de a pie que ha tenido que solicitar –como último remedio– tutela jurisdiccional. Cuando ello suceda, notará además, que su labor requiere de un compromiso real y especial con los “servidos”, es decir, con aquellas personas a quienes realmente beneficiará –de una u otra forma– su servicio. Por el contrario, si la persona que accede a  la condición de magistrado considera que es el Estado quien le debe servir, con los privilegios previstos para su cargo, el destino de su despacho que dirija será muy probablemente el fracaso.

2. Empático

Esto supone “ponerse en los zapatos” del litigante. Sí, lo sé, es imposible, por la sobrecarga procesal, resolver los casos en los plazos legales, pero ello no implica de forma alguna que los procesos puedan estar indefinidamente sin solución o que esta última tarde más de lo razonable. Si el juez no comparte –siquiera en una pequeña parte– ese sentimiento de desesperación del litigante que lleva esperando largo tiempo por su sentencia, no podrá ser un buen juez. Es difícil identificar esta capacidad, pero valdría la pena hacer ese esfuerzo, porque de ello dependerá tener o no un juez sensible a la indignación justificada del ciudadano que no obtiene respuesta oportuna de la justicia.

3. Conocedor del Derecho

Existen conceptos, principios, normas específicas, que necesariamente deben estar en el radio de conocimiento de un buen juez. Se trata de cuestiones que son transversales a todas las ramas del derecho: el debido proceso, la proscripción del abuso del derecho y de la arbitrariedad, los derechos fundamentales, la cosa juzgada, partes de la constitución, etc. Este conocimiento no solo permitirá al juez motivar debidamente sus resoluciones, sino que además legitimará su investidura para con sus colaboradores. En efecto, esa calidad de jefe o de superior de los auxiliares jurisdiccionales del órgano jurisdiccional, será sólo formal si no se evidencia en él un conocimiento del Derecho suficiente. Ojo, no digo que deba ser un erudito, pero no podrá asentarse ante su personal como superior, y resolver debidamente los procesos, si no tiene una valla alta de conocimiento jurídico.

4. Proactivo

La cantidad de trabajo en un despacho es abrumadora, pero eso no es todo, durante las labores pueden surgir un sin número de problemas inesperados. Un buen juez debe tener la pericia suficiente para anticiparse eficazmente a aquellos imprevistos. Les presento un ejemplo gráfico. A todos los órganos jurisdiccionales se les exige una meta anual de casos resueltos, sin embargo puede que no existan, en despacho del magistrado, los expedientes suficientes para cumplir con esta meta. El magistrado inmerso en este complicado escenario puede dar dos respuestas. La primera es cruzarse de brazos y culpar a las circunstancias por el incumplimiento de la meta. La segunda respuesta, la de un buen juez, tiene que ver con la previsión de esa escasez de expedientes, y el ingenio para sortear aquella dificultad, por ejemplo, impulsando procesos inactivos que puedan servir en unos meses como producción. En definitiva, esta capacidad resultará fundamental para el éxito del despacho.

5. Ordenado

Como diría el filósofo francés Denis Diderot: “Cuidado con el hombre que habla de poner las cosas en orden. Poner las cosas en orden siempre significa poner las cosas bajo su control”. Puede sonar exagerado, pero un buen juez debe ser casi un maniaco del orden. Debe clasificar todo lo que tiene pendiente, por antigüedad, por urgencia, por dificultad, etc; registrar y conocer todo lo que ingresa a su despacho, desde cuándo, para qué. Solo de esta forma podrá obtener resultados de trabajo satisfactorios. Sé que están danto esto (que un juez trabaja en orden) por descontado, sin embargo he visto más de un caso en que el orden no es un valor tenido en cuenta.

7. Con carácter

Un juez mediocre quiere “llevar la fiesta en paz” con todos, ser el que siempre “da una mano”, buscará, por ejemplo, satisfacer con sus decisiones a los abogados que sabe luego lo evaluarán en el referéndum anual que organizan los Colegios de Abogados. Por el contrario, un buen juez sólo se guía, al dirigir los procesos, por su sentido de justicia, sin importar si con las decisiones que resultan de este, pueda generar una enemistad o cualquier inconveniente con los amigos o conocidos que se verán “afectados”.

El carácter es necesario en el juez para poner en su sitio a los abogados que pretendan amedrentarlo o faltarle el respeto en el despacho. Sin embargo, después de un tiempo, llega un punto en que ese carácter (que tiene implícita una corrección en la forma de actuar) será conocido por los operadores del derecho locales, y por ello serán cada vez más escasos los reclamos injustificados o fuera de lugar.

8. Sentido común

Tener sentido común implica actuar de forma razonable. Un juez no debe dejar nunca de actuar razonablemente, ni al manejar el personal que tiene bajo sus órdenes, ni al resolver los procesos que dirige. Había dicho líneas arriba que el conocimiento del derecho legitimaba la condición de líder del juez, pues esta condición también la refuerza cuando tiene una relación de trabajo correcta con sus subordinados, la cual no podrá lograr si se comporta como un tirano con estos, es decir, si no actúa de forma razonable con ellos.

En cuanto a los procesos, el sentido común tiene que ver con jamás permitir que lo decidido sea irrazonable. Imagino que piensan que ello no suele suceder, pues se equivocan, los jueces positivistas –todavía los hay– suelen resolver sin considerar la razonabilidad –o ausencia de esta– que entraña lo decidido. Bueno, considero que mientras menos jueces positivistas tengamos, mejor le irá a nuestro sistema de justicia.

Los órganos jurisdiccionales no pueden tener resultados de trabajo satisfactorios si no son dirigidos por un buen juez. Es más, creo que muchos de los males que la ciudadanía observa en el Poder Judicial son consecuencia de la mala experiencia que han vivido en un despacho dirigido por un juez que no está a la altura de su investidura.

Lea también: Curso taller de redacción para abogados y estudiantes de derecho [Segunda edición]

Considero que en tanto no se acepte y exista consenso en que el juez cumple un papel protagónico en el éxito o fracaso de un despacho, los males que aún padece el Poder Judicial no podrán ser sanados.

No he pretendido con este trabajo restar importancia o valor a los auxiliares jurisdiccionales. Su papel es también, de otra forma, fundamental en el éxito de los juzgados, ya habrá otra oportunidad para profundizar en ello.

Las cualidades que he desarrollado en el presente trabajo me parecen trascendentales en un buen juez, no digo que son las únicas, pero son las que, desde mi experiencia, he visto en magistrados excelentes.

12 Abr de 2018 @ 09:41

.