Consejos prácticos para una buena redacción jurídica

Cuando hablamos de redacción jurídica lo primero que se viene a la mente es saber cómo elaborar demandas, denuncias, querellas, etc. Sin embargo, nos olvidamos que no podemos aprender a correr sin antes aprender a caminar. Esto significa que antes de pensar en elaborar o redactar buenas demandas, denuncias u otros escritos judiciales, debemos aprender a redactar bien a través de la correcta escritura.

La correcta escritura es una de las más importantes características que tiene el abogado en el ejercicio de su profesión. Todo abogado no solo debe saber cómo expresarse de manera oral, sino también –con mayor razón– cómo escribir de manera correcta. Día a día, inmersos en el ejercicio de nuestra carrera, solemos estar vinculados a la redacción de escritos, para lo cual es fundamental escribir de manera correcta. Redactar correctamente un apersonamiento, un contrato o incluso una minuta se logra a través de una buena ortografía. Por esta y muchas otras razones, todo abogado debe aprender a escribir bien, ya que las palabras impresas sobre el papel son nuestra mejor arma y carta de presentación.

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Actualmente vivimos en una época en que las redes sociales forman parte de nuestra vida cotidiana, que hacen que «todos –o la gran mayoría– seamos escritores», y no solo los abogados. No obstante, a diferencia de un ingeniero o un médico, el abogado debe ser más cuidadoso al escribir, incluso desde las publicaciones que se hacen a través de las redes sociales (Facebook, Twitter, etc.).

Sería vergonzoso que los profesionales del derecho escriban mal en estas redes. Por más que uno diga que las redes sociales son un medio de entretenimiento, no se debe olvidar que también uno se expone ante los ojos del mundo profesional. Por ejemplo, supongamos que un abogado publica un estado en su Facebook y los contactos que revisan su publicación se percatan de que no sabe emplear correctamente las tildes, que muestra una escritura deficiente, que no sabe cómo construir adecuadamente estructuras gramaticales en los párrafos que ha escrito, entre otras faltas y errores que se puedan detectar. El profesional del derecho debe cuidar tanto de su escritura como de sus publicaciones en las redes sociales.

La correcta escritura para el abogado no es innata, se aprende. Esto significa que si un abogado desea escribir bien, no debe confiar en su intuición o escribir «tal como habla», pues redactar de manera correcta un escrito requiere de cierta preparación y de un estudio elemental de las reglas gramaticales, e incluye el aprendizaje de la sintaxis, los signos de puntuación, la ortografía, el manejo de términos jurídicos y, sobre todo, mucha práctica en la escritura. La buena redacción debe ser un hábito en todo abogado.

Para escribir bien es necesario estar concentrados. Trabajar en un ambiente idóneo o tener un estudio donde uno trabaje sin ser interrumpido sería lo adecuado, un lugar donde se pueda estar concentrado y las ideas fluyan sobre lo que se va a escribir, de modo que se pueda realizar alguna investigación o elaborar un artículo jurídico. Para ello, además, ha de establecerse un horario que deberá ser respetado con la debida diligencia, orden y responsabilidad. El abogado que escribe concentrado tendrá un mínimo margen de error. Sin embargo, esto no significa que una vez terminado lo escrito se lo deje ahí. Una vez que se haya terminado de redactar el documento, este deberá ser revisado y analizado con detenimiento, pues siempre habrá algo que mejorar, modificar, suprimir o agregar, para que el escrito quede de manera óptima para su impresión.

Una correcta redacción debe tener presente tres importante características:

Brevedad: Actualmente, se nos ve como profesionales que abusamos de «nuestras palabras», sea de manera oral o escrita, lo cual no tendría por qué ser así. No hace falta ser prolíficos, sino concisos. Ser breve al redactar significa ser puntual y directos con lo que decimos, y aunque nos podemos permitir ciertos recursos estilísticos al redactar, no debemos abusar o caer en excesos innecesarios de palabras. Cicerón poseía una calidad única y elegancia en sus escritos, pero Séneca –como abogado– poseía la misma calidad, pero con mayor brevedad. En nuestro caso, podríamos decir que un fundamento de hecho de alguna demanda podría tranquilamente escribirse en no más de cuatro a cinco líneas, con un sólido fundamento.

Claridad: Todo lo que un abogado escribe ha de ser entendible y legible. El abogado que sepa redactar correctamente sus escritos sabrá cómo llegar al otro, pues el mensaje debe transmitirse de manera clara y transparente. De nada nos sirve «saber mucho» si no podemos transmitir o expresar bien lo que escribimos. El mismo Norberto Bobbio dijo en cierta oportunidad que «el principal deber de un intelectual es simplemente ser claro». Rescatando la idea del filósofo y jurista italiano, debemos aprender a ser claros al escribir, no caer en la disgrafía que a nada bueno nos conduce en la redacción.

Finalidad: Como abogados, debemos hacernos una pregunta: ¿cuál es la finalidad de mi escrito? Todo escrito jurídico debe tener un fin persuasivo. A través de nuestra redacción, debemos colocar las palabras necesarias para saber cómo lograr conmover al juez y hacer que sentencie a nuestro favor. Para ello, necesitamos ideas, pero lo más importante es saber cómo plasmarlas por escrito. De nada sirve tener muchas ideas si no se sabe cómo expresarlas. Aquí entran a tallar los conocimientos lingüísticos: lo importante que es conocer los recursos gramaticales, el estudio de la sintaxis y la terminología adecuada, los cuales deben surtir sus efectos a través de nuestros escritos.

El abogado debe aprender estos elementos por más tediosos que puedan parecerle. ¿Quién dice que el abogado solo debe saber escribir cuestiones jurídicas? Un buen abogado debe estar presto a escribir relatos, cuentos, novelas y poesía. Para ello, recomiendo leer no muchos libros, sino buenos libros. La literatura, la poesía y la filosofía ayudarán a ampliar no solo el léxico del profesional, sino también a identificar mejor las palabras. Incluso, existe actualmente mucha literatura jurídica, como las novelas de John Grisham o de Scott Turow, que pueden ayudar a familiarizarnos aún más con la terminología jurídica y el aporte de ideas para resolver casos. En otras palabras, la finalidad de una buena redacción jurídica recae en su aplicación.

¿Cómo puede ayudar la buena literatura al abogado? Proporcionando un léxico exquisito. Obras o textos clásicos como Crimen y castigo o Los hermanos Karamazov de Dostoievski, El Proceso de Kafka, El extranjero de Camus, El conde de Montecristo de A. Dumas, entre otros. Si se desea una literatura jurídica más actualizada, tenemos la novela Crímenes de Ferdinand von Schirach; Anatomía de un asesinato de Robert Traver o Matar un ruiseñor de Harper Lee, publicada en el año 1960. Como se puede apreciar, no hay excusa para no leer, ya que si no se hace de la lectura un hábito, difícilmente se podrá escribir bien.

Por último, solo queda decir que como abogados no debemos pecar de prepotentes o soberbios y pensar que «sabemos» escribir bien sin haber tenido una óptima preparación o los conocimientos elementales de la redacción jurídica. Siempre que redactemos nuestros escritos, debemos ser diligentes y poseer la paciencia necesaria para darle una o dos revisiones antes de imprimir el documento.

14 Abr de 2018 @ 12:25