Cinco cuentos imprescindibles del juez y narrador Enrique López Albújar

Enrique López Albújar (Lambayeque, 1872-Lima, 1966) es uno de los más grandes exponentes de la corriente indigenista. Fue escritor, poeta y juez. El destacado cuentista estudió derecho en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Es ahí donde su pasión por la escritura floreció.

No obstante, la profesión de juez le dio un nuevo sentido a sus escritos. De su experiencia en la judicatura de Huánuco (1917-1923) nacieron sus Cuentos andinos (1920), una obra cumbre de la narrativa latinoamericana.

Legis.pe ha preparado una selección de sus obras más importantes para animarlos a ser parte del complejo universo de López Albújar.

Ushanan Jampi [Cuentos andinos]

Cunce Maille es un joven que padecerá la ira de un pueblo por robar una vaca. Chupán, pueblo donde se desarrolla la historia, tiene sus propias leyes y transgredirlas traerá terribles consecuencias. Este cuento nos habla del ajusticiamiento por parte de un pueblo. Nos presenta una sociedad que, a pesar de estar en Perú y por la exclusión ocasionada por el centralismo, no reconoce las leyes.

Extracto:

Se trataba de hacerle justicia a un agraviado de la comunidad, a quien uno de sus miembros, Cunce Maille, ladrón incorregible, le había robado días antes una vaca. Un delito que había alarmado a todos profundamente, no tanto por el hecho en sí cuanto por la circunstancia de ser la tercera vez que un mismo individuo cometía igual crimen. Algo inaudito en la comunidad. Aquello significaba un reto, una burla a la justicia severa e inflexible de los yayas, merecedora de un castigo pronto y ejemplar.

El campeón de la muerte [Cuentos andinos]

Liberato Tucto y su esposa Martina contratan los servicios de Juan Jorge, un asesino a sueldo. Esta acción fue tomada con el fin de hacer justicia. Su hija había sido secuestrada y asesinada. Este cuento está marcado por la violencia, una violencia cruel y terrible. Nos muestra la búsqueda de justicia por parte una pareja desencantada con el sistema de justicia.

Extracto:

– Bueno; diez, quince y veinte si quieres. Pero te advierto que cada tiro va a costarle a Liberato un carnero de yapa. Los tiros de máuser están hoy muy escasos y no hay que desperdiciarlos en caprichos que pague su capricho Tucto. Además, haciéndole tantos tiros a un hombre, corro el peligro de desacreditarme, de que se rían de mí hasta los escopeteros.
– Se te darán las yapas, taita. De lo demás no tengas cuidado. Yo haré saber que lo has hecho así por encargo.
– Juan Jorge se frotó las manos, sonrió, dióle una palmadita a la Martina y resolviese a sellar el pacto con estas palabras:– De aquí a mañana haré averiguar con mis agentes si es verdad que Hilario Crispín es el asesino de tu hija, y si así fuera, mandaré por el ganado como señal de que acepto el compromiso.

 

El caso Julio Zimens [Cuentos andinos]

Este cuento nos presenta a un alemán que tiene una profunda admiración por la cultura incaica. Para la mala suerte del personaje, las tragedias lo acosaran. Una historia trágica que debes leer.

Extracto:

– Usted conoció a Julio Zimens: un hombre alto, fornido, esbelto, hermoso, virilmente hermoso. Un dolicocéfalo de cabellos ensortijados y blondos, como libra de oro acabada de acuñar, bajo los cuales ostentaba una faz marmórea, en la que fulguraban dos ojos azules, como dos luceros en una noche serena. Un Apolo germano, que escandalizaba con su belleza. ¿He exagerado la pintura? La señora Linares abandonó su actitud, irguió el busto opulento y, con una sonrisa que parecía provocada por una reminiscencia agradable, se apresuró a decir:
– No describe usted mal, mi querido doctor. Aunque yo estaba muy niña entonces, recuerdo haber visto la figura de Julio Zimens en alguna parte. Se diría que usted la ha visto también.
– Sí, la he visto en fotografía en cierta casa. ¿No es verdad que era un tipo arrogante?
La señora Linares se sonrojó levemente, a pesar del esfuerzo visible que hiciera para dominarse, y, después de alguna vacilación, se apresuró a decir:
– Indudablemente que lo era. Pero ha exagerado usted un poco. Aquello delos ojos azules como luceros… Una frase de colegiala romántica.

Los tres jircas (Las tres montañas) [Cuentos andinos]

Es una lírica leyenda de los tres cerros que rodean, y protegen, a la ciudad de Huánuco. Bustos Garrido diría que lo notable de este cuento es la forma de describir cada una de las tres montañas. Son tan vívidas sus descripciones que en cualquier momento uno tiene la impresión de que comenzarán a hablar.

Extracto

Marabamba, Rondos y Paucarbamba. Tres moles, tres cumbres, tres centinelas que se yerguen en torno de la ciudad. Los tres colosos se han situado en torno a la ciudad, equidistantemente, como defensa y amenaza a la vez. Ellos son también los que refrenan y encauzan la furia de los vientos montañeses.
Marabamba es una aparente regularidad geométrica, coronada de tres puntas, es a la vez triste y bello, con la belleza de los gigantes. Rondos es el desorden, la confusión, el tumulto, el atropellamiento de una fuerza ciega y brutal que odia la forma, por su aspecto, parece uno de esos cerros artificiales y caprichosos. Paucarbamba es un cerro áspero, agresivo, turbulento, como forjado en una hora de soberbia. Paucarbamba parece un gigante de pie, ceñudo y amenazador. Se diría que Marabamba piensa, Rondos duerme y Paucarbamba vigila.

Matalaché (1928)

Este no es un cuento, sino una novela, pero la incluimos por su importancia literaria. Es la obra más representativa de López Albújar. Describe la crueldad de la esclavitud y el vacío de una clase dominante. De la primera emerge un mulato con nobleza y ansias de libertad; y del segundo asoma una angelical doncella ávida de descubrir el amor prohibido.

Esta apasionante narración, que conjuga amor, racismo y muerte, no pudo leerse en los colegios durante la primera parte del siglo XX. Estaba vedada para los niños.

Extracto:

Era una veintena de esclavos, nervudos, musculosos y renegridos como tizones enhiestos. Apenas se les veías el blanco de los ojos y sobre los belfos, arremangados y túrgidos una sonrisa bicolor. Sus miradas reflejaban todo el ardor de la continencia forzada, el ansia de deseos mal contenidos, el grito sofocado de la virilidad comprimida. Eran unas miradas estuprantes, que levantaban las ropas mujeriles y acariciaban las carnes con viscosidad de caracol; una mezcla de rencor y súplica, de lujuria y castidad.