Análisis jurídico de «El Mecanismo», la serie de Netflix inspirada en el caso Lava Jato

Cuando Netflix anunció que adaptarían al formato televisivo el famoso best seller, Lava Jato: el juez Sergio Moro y los bastidores de la operación que sacudió a Brasil, del periodista Vladimir Netto; la clase política brasileña exhibió una tremenda preocupación. No era para menos, El Mecanismo prometía develar los secretos tras el tremendo escándalo que propició el conocido Caso Lava Jato. Quien quedó a cargo de la dirección fue el reconocido realizador José Padilha, responsable de producciones como Tropa de Élite o Narcos.

La serie nos muestra en su primer capítulo al veterano policía Marco Ruffo, que decide llevar hasta al extremo una investigación criminal en Curitiba. Buscando entre la basura del principal sospechoso, Roberto Ibrahim (basado en Alberto Youssef, hoy en arresto domiciliario), logra encontrar indicios de un presunto delito de lavado de dinero. Este tenía una casa de cambios al interior de un grifo con lavadero de auto (de allí el nombre Lava Jato). Ruffo lleva el caso hasta la fiscalía, que actúa solicitando la prisión preventiva contra el supuesto criminal.

Ibrahim advierte al policía que no tardarán en liberarlo, ante su incredulidad. Días después, el presunto criminal es liberado después que el Ministerio Público y su defensa llegan a un acuerdo de colaboración. Dicho acuerdo era un simple montaje: Youssef era protegido por todos los poderes del Estado. Actualmente, se considera que el mencionado empresario pudo haber sacado cerca de 30 mil millones de dólares del país vecino. Aunque en la serie se muestra que fue protegido por el gobierno, en un primer momento Youssef fue liberado por el juez Sérgio Moro.

El trepidante ritmo de la serie capta rápidamente la atención del espectador. La investigación que lleva a cabo el policía, llena de obstáculos, devela paulatinamente la conexión del empresario con el gobierno, partidos políticos y las principales constructoras del país. Aunque los productores aseguraron que la intención era otorgar una visión imparcial de los hechos, lo cierto es que la serie atribuye más conductas delictuosas a los militantes del Partido Obrero (basado en el Partido de los Trabajadores). Por ejemplo, se pone en boca del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva una polémica frase que no dijo.

“Hay que acabar con esta sangría”, refiriendo a los destapes del caso que realizaba la policía, fue una frase expresada por un colaborador de Michel Temer, opuesto a Lula da Silva. Pese a esto, la serie cuenta con una dirección y actuaciones de innegable calidad. En su momento, el expresidente amenazó con demandar a los responsables de la serie por difamación. Asimismo, la exmandataria Dilma Rousseff, acusó a Netflix de “distorsionar la realidad” y difundir mentiras sobre ella.

Por ello, se puede decir que El Mecanismo, si bien no es una serie que destila neutralidad, sí puede resultar interesante a efectos de observar el acucioso trabajo que tuvieron que realizar policías y fiscales para desmontar toda una red de corrupción. En la serie, Ibrahim recibe una llamada de la policía federal brasileña e infiere que será detenido; acto seguido, se va a otra habitación del hotel donde se hospeda y entrega una maleta llena de dinero a uno de sus colaboradores. Ibrahim le dice que será detenido y que haga el pago, insinuando un tráfico de influencias, soborno y un probable cohecho pasivo propio.

En la serie, la empresa que fue el centro del escándalo es PetroBrasil (basada en Petrobras). Las investigaciones revelarían que dicha compañía concedía jugosas concesiones a constructoras a cambio de sobornos. Se estima que se pagaron 3 mil millones de dólares con este fin. Desde el principio, la seria plantea la premisa de la corrupción como el mal endémico que ocasiona todos los demás problemas en la sociedad brasileña. Un mal que no es ajeno a los poderes que custodian el orden y la justicia: el Ministerio Público y el Poder Judicial.

Tras la revelación de todo el escándalo que envolvió a la clase política brasileña, han sido detenidas 260 personas, acusadas por corrupción, lavado de dinero y asociación ilícitas; 130 han sido condenados. En nuestro país, muy pocos involucrados en los casos de sobornos y cohecho pasivo cumplen prisión efectiva, lo que debería ser motivo de alarma. Cabe recordar que el fiscal Rafael Vela, hace poco, declaró que las investigaciones que siguen por el caso Odebrecht son comparables con las que se realizan en El Mecanismo, serie que recomendamos ver con objetividad y sin apasionamientos políticos.