¿Por qué conservadores y progresistas abrazan el neoconstitucionalismo?
No debo intentar contentar a todas las partes: el Derecho da o quita la razón pero no la hace divisible ni elástica. («No se puede servir a dos señores a un tiempo y tener a cada uno contento»).

José Ramón Chaves García, magistrado especialista de lo contencioso-administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Galicia, en la excelente página web que dirige y que por supuesto recomendamos señalando el linck (www.contencioso.es), ha expuesto un catálogo de 40 cosas que un juez prudente debe tener en cuenta a la hora de sentenciar. Se trata de eficaces consejos acompañados de su respectivo refrán. Nosotros hemos entresacado las mejores 20 y aquí las compartimos para todos nuestros seguidores. No duden en visitar la página del profesor, es interesantísima.

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1. No debo esperar el aplauso ni temer la crítica. Me pagan por sentenciar, no por alimentar o proteger mi ego. Debo recordar que el que gana un pleito suele ser ingrato (se gana por mérito propio: del abogado victorioso) y el que pierde siempre está descontento (se pierde por culpa ajena: del juez).

2. No debo refugiar las razones del fallo en vacíos sobreentendidos: «es notorio», «va de suyo», «se desestima por su propia lógica», «no hacen falta arabescos argumentales», etc. («Meando claro y cagando recio, nadie te llamará necio»).

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3. No debo precipitarme en sentenciar contrarreloj: el tiempo y esfuerzo de las partes requiere un mínimo de sosiego y reflexión («Las prisas son malas consejeras»).

4. Tampoco debo dedicar todo mi tiempo y vida para elaborar cada sentencia, dando vueltas y revueltas sobre las posibles respuestas a cada cuestión, pues las sentencias como los melones, si maduran mucho, se pasan («Quien mucho abarca, poco aprieta»).

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5. No debo utilizar calificativos denigrantes de la argumentación de los abogados («disparate», «absurdo», «torpe», etc.), y menos adjetivarlos («manifiesto», «patente», «ostensible»…). Los abogados hacen su trabajo y los planteamientos arriesgados de hoy quizá sean acogidos por las sentencias del Supremo del mañana («Errar es humano, perdonar es de sabios»).

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6. No debo perder de vista la realidad por encima de formas, palabrería y leyes: «sentencia» tiene la misma raíz que «sentimiento» («Será buena la fruta, si el juez de la vida disfruta»).

7. No confundir extensión con calidad («Lo bueno si breve, dos veces bueno; y si malo, menos malo»).

8. No debo intentar contentar a todas las partes: el Derecho da o quita la razón pero no la hace divisible ni elástica. («No se puede servir a dos señores a un tiempo y tener a cada uno contento»).

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9. No debo descuidar las formas y la extensión de la sentencia («Con orden y medida, pasarás bien la vida»).

10. No debo dejar sin releer la sentencia antes de dictarla, pues las erratas van mal con la solemnidad de una sentencia («Una guinda podre arruina el pastel»).

11. Si la cosa es discutible, o si tiene gran importancia, aunque se tenga un criterio forjado, hay que dejar enfriarlo para repensarlo («Cosa con mala cara, consultarlo con la almohada»).

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12. No tener reparo en cambiar el proyecto de sentencia aunque esté muy avanzado, cuando se advierte un error, enfoque o razón más claro, justo o correcto («Mejor volverse atrás que perderse por el camino»).

13. No cambies tu personal criterio por seguir la cómoda corriente de otros compañeros («Lleva siempre tu camino y no mires nunca el de tu vecino»).

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14. No dejar que el temor reverencial del poder y los políticos condicionen el sentido de lo justo («Quien con niños se acuesta, mojado se levanta»).

15. No intentes hacer sentencias exquisitamente redondas, exactas, infalibles y diamantinas, pues en el sinuoso Derecho Administrativo, en el marco de un complejo proceso, buscar lo perfecto puede ser peor («Lo mejor es enemigo de lo bueno»).

16. No hay que olvidar que me pagan por sentenciar («Ya que aprendiste a cobrar, aprende también a trabajar»).

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17. No olvidar que la intolerancia o soberbia que refleje la sentencia puede ser la misma que nos aplique un Tribunal Superior en rango al revocar la propia («A cada cerdo le llega su San Martín»).

18. No dejes que la adulación de un abogado te nuble la visión jurídica («La adulación es como la sombra: no hace más grande ni más pequeño»).

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19. No respondas a la vehemencia o insolencia de un abogado con el mismo tono en la sentencia («A palabras necias, oídos sordos»).

20. No descalifiques con desdén o grosería en tu sentencia el criterio o sentencias de otros compañeros («La ropa sucia se lava en casa»).