Trabajador, ¡no podrán matarte!

0
457

“Workingman’s Death” es una obra maestra. Fue gestada y dirigida por Michael Glawogger para recordarnos que el trabajo no se deja vencer por condiciones extremas ni por la inexistencia de derechos labores. No hay mejor o peor trabajo, simple y llanamente “hay trabajo” en pro de una mejora en la propia vida y la de la familia.

Lea también: ¿Es factible exigir el cumplimiento de un record vacacional para alcanzar el descanso vacacional en el Régimen Laboral Especial CAS?

Lea también: La siesta en el trabajo, ¿debe ser un derecho fundamental?

Al Gran Hacedor, cuando hizo la sesuda purga de su jurisdicción edénica, se le olvidó agregar a su sentencia “…con el sudor de tu frente” la aclaración: “y algunas veces en condiciones extremadamente hostiles”.

Puede que el “trabajo manual” sea una categoría anticuada ahora que tecnología y técnica son posmodernas ventajas. La idea de que la mayoría de las labores demanden fatiga física es cosa del siglo pasado, pero aún hoy estas modalidades existen. Con el refinamiento de estos nuevos tiempos, los tipos de trabajo sacrificados deberían caer en la invisibilidad para no herir susceptibilidades tan contemporáneas y cómodas.

El documental, estrenado en 2005, está construido sobre cinco retratos del trabajo en el siglo XXI: “Helden”, “Geister”, “Löwen”, “Brüder”, “Zukunft”.

“Helden” (Héroes) recoge las experiencias de mineros informales de carbón de Donbass (Ucrania), antes una zona de la desaparecida Unión Soviética y portavoz del estajanovismo, movimiento obrero cuyo principio fue la superación de las metas de producción en las minas de carbón, el cual fue replicado y premiado en las demás áreas de producción del caído régimen.

En “Geister” (Fantasmas), los trabajadores son retratados en esos vapores venenosos de las minas de sulfuro en Kawah Ijen (Indonesia); cada trabajador lleva en promedio de 70 a 150 kilogramos de carga amarilla de azufre, el trasporte es a pie y en cestos por caminos intrincados.

“Löwen” (Leones) retrata la más cruda y carnicera labor en el matadero de Port Harcourt (Nigeria), donde cabras y ganado vacuno son sacrificados en condiciones que podrían espantar a cualquiera.

“Brüder” (Hermanos) registra las peligrosas labores de recuperación de materiales en el deshuesadero de barcos en Gaddani (Pakistán) por reposados y funámbulos islamistas.

“Zukunft” (Futuro) muestra las jornadas laborales en el complejo siderúrgico de Liaoning, provincia de una China reinsertada en el nuevo orden económico mundial.
El epílogo está situado en el Leisure Park de Duisburg (Alemania), antigua siderurgia que ahora es un parque de diversiones, con curaduría artística incluida, cuyo público mayoritario son adolescentes que parecen peces besadores.

Glawogger enfoca su atención en trabajos en periferias, en zonas que quizá nos cueste ver, que nos duela ver.
En la cinta se nota el choque del preciosismo de la mirada del director contrastado con ese halo tanático que tienen todas las tomas. El mérito consiste en no caer en la sentimentalidad o la efectividad de las imágenes (muchas de ellas muy crudas), se resalta el esmero de retratar a los involucrados en esas labores con la solemnidad que se merecen, alejados de las hipocresías solidarias. Glawogger les devuelve el lugar que merecen, ese lugar digno que genera mágicamente el trabajo.


Cada detalle inspira un respeto totalizador. Comparto algunas impresiones que tengo aún en la retina: los estrechos corredores en los que pasan la mayor parte del día los mineros informales de carbón en Donbass (allí fuman, comen, platican, bromean; conviven incluso con sus parejas); lo agreste de los paisajes en Kawah Ijen, donde cada trabajador lleva en hombros el peso de su subsistencia, mientras turistas locales y occidentales se toman fotos en el paisaje y compran suvenires del mineral (es conmovedor que, al final de la jornada, luego de pesar el azufre, los trabajadores dejan colgados sus cestos en los árboles como si de frutos se tratasen, frutos que recogerán al día siguiente); la llegada de un monumental barco occidental para que sea desmantelado en las costas por ese hormigueante, ansioso y numeroso grupo humano (hacer útil lo inservible, reciclado a gran escala), y etcéteras de logradas imágenes, perpetuas, desmitificadoras.


Señoras y señores, este es un documental que vale la pena ver. Merecidamente premiado en muchos festivales, “Workingman’s Death” consigue, como señalara el director en una entrevista, “que uno se siente en el cine y sienta el peso en sus espaldas”. Colegas, ¡feliz Día del Trabajo!