Deberíamos saber que en nuestro hemisferio derecho se encuentra la parte de nuestro cerebro que trabaja con la imaginación, apoyándose la creatividad en las imágenes visuales. En el hemisferio izquierdo el cerebro trabaja con la lógica, los números, la toma de decisiones, las palabras.

Lea también: Diez cosas que debes saber de de Claux Roxin y de su teoría del dominio de la voluntad en aparatos organizados de poder

Es importante conocer este dato, porque nos va a ayudar a memorizar las ideas principales de nuestro alegato; en concreto, para prepararlo bien, además de escribir los argumentos principales, describiendo cómo quedan probados hemos de realizar las siguientes operaciones:

Lea también: Pensamiento jurídico-penal en Nietzsche: la norma moral como fundamento de la norma penal

»Subrayar lo más importante de cada argumento.

»Leer todo el alegato, por lo menos tres veces, en alto. El motivo es el si­guiente: la única forma de poder interpretar un alegato es haberlo leído en alto para, en primer lugar, comprobar las frases o palabras que queremos enfatizar y, en segundo lugar, practicar cómo queremos que las manos y el resto de nuestro cuerpo nos ayuden a potenciar nuestro mensaje (en este punto lo mejor es estar sentados con el cuerpo hacia delante, no hacia atrás, que denota falta de interés e inseguridad).

Lea también: La estructura del alegato: el poder de las pausas

»Se pone en el margen derecho del papel una frase o palabra que resuma la idea básica de cada argumentación: es importante hacerlo porque nos permitirá, en caso de que por unos segundos se nos olvide la idea básica en sala, recordarla con solo leer dicha frase o palabra.

Lea también: Las claves del «marketing» jurídico

»Se da la vuelta al papel y, sin ver nada, se recita en alto el alegato para comprobar qué hemos registrado y qué no: esta operación en muchos casos no se hace y luego podemos tener alguna sorpresa desagradable en sala, cuando pensábamos que lo teníamos todo memorizado y al exponerlo no es así.

Lea también: Veinte consejos prácticos para ejercer la abogacía.

»Siempre habrá algunos argumentos que senos olvidarán, incluso aunque los repitamos treinta veces, por lo que en este caso deberemos poner al margen de este algún símbolo, cuanto más exagerado y raro mejor. Y no se nos olvidará más: en este punto el hemisferio derecho acude en ayuda del izquierdo, puesto que, al apoyar la lógica con las imágenes, hace que la idea se consolide mucho mejor en nuestra memoria. A esta operación la llamo la «tirita de la neurona», dado que, no sabemos por qué razón, cuando un argumento no se nos queda a un que lo repitamos, la imagen que dibujamos en su apoyo es la tirita que une las neuronas necesarias para recordar la información.

Lea también: ¿Por qué se miente sobre Kelsen en las aulas y los libros?


Las cuatro habilidades del abogado eficaz de Julio García Ramírez.