Por décadas se ha engañado a los estudiantes de derecho diciéndoles que «saber leyes de memoria es saber derecho». Es por esa razón que existió un periodo denominado «el de los abogados codigueros». Dichos “profesionales” conocían el contenido de la ley, de izquierda a derecha, de arriba para abajo, incluido los puntos y comas, mas no sabían interpretar tales disposiciones legales. Lamentablemente las facultades de derecho de ese entonces contribuyeron con esa deformación del abogado.

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En la actualidad saber leyes de memoria ya no es saber derecho. El nivel de conocimiento del abogado ya no se mide de acuerdo a las leyes y códigos que sabe de memoria, sino, por su capacidad de interpretación, y por la agilidad que éste tiene para aterrizar a la realidad el resultado de dicha labor interpretativa en la solución de cada caso en concreto.

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Por ello, las facultades de derecho del país deben dar más énfasis en desarrollar las capacidades argumentativas (interpretación) del futuro abogado, a través de cursos de argumentación jurídica, concursos de investigación científica y litigación, así como implementar criterios de evaluación en el cual se dé preponderancia a la capacidad de análisis e interpretación del estudiante, y no a la memoria.

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Saber leyes de memoria no es saber derecho.
El nivel del abogado se mide ahora por su capacidad de interpretación.

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¿Y cómo desarrollamos nuestra capacidad argumentativa? La respuesta es simple: leyendo y reflexionando. Es por tal motivo que los abogados estamos obligados a leer todos los días, pero a leer desde una perspectiva crítica, diferentes textos constitucionales, tratados con contenido de distinta índole, leyes, disposiciones de carácter infralegal, jurisprudencia nacional y extranjera, y doctrina de los juristas más versados sobre la materia[1]. Solo así estaremos capacitados para saber interpretar el sistema jurídico-constitucional peruano, y de esa manera dar alternativas de solución a los casos difíciles que se suscitan en la realidad.

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Antes de concluir el presente artículo, sólo quiero hacer recordar que los abogados, a diferencia de los demás profesionales, tenemos como principal herramienta de trabajo al cerebro (gracias a este bendito órgano podemos argumentar e idear nuestras teorías del caso), no poseemos termómetros, bisturís, electrocardiogramas, perforadoras, ni mucho menos pinzas, como sí lo tienen los médicos, ingenieros, arquitectos, entre otros. Por eso debemos de cuidar la salud de nuestro cerebro y también ejercitarlo, es decir, menos cigarros, menos alcohol, y más lectura crítica.

Hasta otra oportunidad.

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[1] También es importante saber de literatura, historia, sociología, economía, política, psicología, cine, e incluso de música, dado que con esos conocimientos, los abogados tendremos un panorama más amplio de los conflictos e incertidumbres jurídicas que pretendemos solucionar.

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Profesor de la Facultad de Derecho de la Universidades de San Martín de Porres. Abogado por la Universidad de San Martín de Porres. Maestría en Derecho Constitucional en la Escuela de Postgrado de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Estudios de Especialización en Derechos Fundamentales en las Escuelas de Postgrado de la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad de Buenos Aires, y en Arbitraje en Contrataciones del Estado en las Escuelas de Postgrado de la Universidad ESAN, Universidad del Pacífico, y Pontificia Universidad Católica del Perú.