Publican informe «Feminicidio: determinantes y evaluación del riesgo» (febrero, 2018)

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Estimado colegas, compartimos con ustedes este informe elaborado por Wilson Hernández, María Raguz, Hugo Morales y Andrés Burga, con el apoyo del Consorcio de Investigación Económica Social (CIES) y la Universidad de Lima. Antes de alcanzarles el link les dejamos la Introducción del trabajo para que se hagan una idea del material que van a descargar.


INTRODUCCIÓN

En el Perú, cada año alrededor de cien mujeres son asesinadas por sus parejas o ex parejas, según las cifras oficiales de feminicidio del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP). El fenómeno inverso, mujeres que matan a sus parejas, es de mucha menor frecuencia en el Perú, así como también en el mundo (Heise & García-Moreno, 2002). En nuestro país, además, es más probable que una mujer sea asesinada por su pareja que por un extraño, situación opuesta en el caso de los hombres. Esta realidad también es común en otros países (Taylor & Jasinski, 2011). Tales diferencias hacen que dejemos de preguntarnos por qué unos matan a los otros y, en su lugar, debamos responder por qué cierto grupo (hombres) asesina a otro (mujeres) (Monárrez, 2002). Responder implica interrelacionar ecológicamente las características de ambas partes con el poder, las desigualdades y la subordinación presente en el entorno de la víctima y la pareja.

La definición más común de feminicidio es aquella que lo conceptualiza como el asesinato de una mujer por razones de género (Russell, 2008). El Plan Nacional contra la Violencia Hacia la Mujer 2009-2015 lo definió como los homicidios de mujeres en condiciones de discriminación y violencia basados en el género. Como definición general, la precisión y adaptación del feminicidio a contextos culturales y sociales es más discutida. Mientras que algunas autoras han optado por definir el feminicidio como la consecuencia de estructuras de poder en un sistema patriarcal (Bersani & Chen, 1988), otras lo han definido como una modalidad de poder propia de ex colonias que interactúa con los sistemas socio-legales formales e informales y da forma a una economía de la muerte en la que operan distintos actores como la iglesia, policías, jueces y otros actores encargados del control social (Shalhoub-Kervorkian & Daher-Nashif, 2013). En forma más armónica a estas perspectivas, Lagarde (2008, pág. 216) señala que los feminicidios suceden “[…] cuando las condiciones históricas generan prácticas sociales que permiten atentados violentos contra la integridad, la salud, las libertades y la vida de niñas y mujeres”.

Desde su difusión como concepto en 1976 por Diana Russell durante el Primer Tribunal Internacional de Crímenes contra Mujeres (Russell, 2008), el feminicidio ha sido explicado por distintas corrientes. Mientras que el Feminismo ha buscado explicarlo a partir de un sistema patriarcal dominante, la Sociología y la Criminología han buscado, cada una a su manera, identificar regularidades en las características de las víctimas y los perpetradores así como en las características del contexto en que suceden los feminicidios (Corradi, Marcuello-Servós, Boira, & Weil, 2016).

En el Perú, según datos de la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDES), siete mujeres de cada diez han sido víctimas de alguna forma de violencia de parte de su pareja alguna vez en su vida. Pese a que en el Perú las cifras sobre violencia y sobre feminicidio circulan bastante en medios académicos e incluso en medios de comunicación, el feminicidio como fenómeno ha sido poco explorado (MIMP, 2011). A ello se suma la confrontación entre parte del Feminismo y las ciencias sociales, especialmente de aquellas que buscan medir fenómenos e identificar sus causas.

Justamente, la primera sección de este trabajo consistió en acercar los estudios empíricos y las principales posiciones feministas sobre el feminicidio. Se realizó una revisión de literatura en base a la evidencia que privilegió explicaciones micro y macro sociales del feminicidio y de sus tentativas, para luego integrar ambas perspectivas bajo el modelo ecológico de la violencia (Carlson, 1984; Heise, 1998).

En este marco, se buscó examinar lo más elemental y, al mismo tiempo, aún no explorado en el Perú: cuáles son las causas y las consecuencias (impacto) de las tentativas de feminicidios y los feminicidios. En la primera y segunda sección examinamos cuáles son los determinantes de los feminicidios y de la violencia con riesgo de feminicidio. Teniendo en cuenta la multicausalidad de ambos fenómenos, se tomó como base al modelo ecológico de la violencia (Carlson, 1984; Heise, 1998) y se emplearon métodos multinivel a fin de estimar adecuadamente tanto los predictores individuales (vinculados a la mujer y su entorno relacional) como contextuales (vinculados al lugar donde vive).

El empleo conjunto del modelo ecológico junto con la modelación multinivel es un aporte importante de este trabajo. A nuestro entender, son pocos los estudios que los han aplicado simultáneamente. Además, ninguno de ellos se ha focalizado países de América Latina. El tercer objetivo se concentró en estimar el efecto de la violencia con riesgo de feminicidio mediante dos metodologías. Primero, se evaluó el impacto mediante la técnica del emparejamiento estadístico. En este caso, se buscó responder cuáles son las consecuencias de este tipo de violencia sobre la salud mental y física de las mujeres y sus hijos. Segundo, se calculó el efecto a partir de la metodología de Años de Vida Potencialmente Perdidos por feminicidio.

Uno de los retos y aportes más importantes de esta investigación fue la construcción de la variable de violencia con riesgo de feminicidio. Las cifras oficiales del MIMP y del Observatorio de la Criminalidad (OC) del Ministerio Público se basan en denuncias policiales y no en reportes de victimización, por lo que, a la luz de la evidencia acá desarrollada, son fuentes con una fuerte subvaloración de tentativas de feminicidio. Esto es grave en tanto tales fuentes han guiado el conocimiento y las políticas públicas sobre tentativas de feminicidio y feminicidio. En este trabajo, ensayamos la construcción de una proxy de tentativas de feminicidio empleando la ENDES y basándonos en la evidencia nacional e internacional, así como en los protocolos internacionales de investigación de feminicidios dirigidos a fiscales y jueces. Consideramos que, si bien no es posible construir una cifra de tentativa de feminicidio real, los datos permiten aproximarse a construir lo que acá hemos denominado violencia con riesgo de feminicidio. Esta forma de violencia, caracterizada por incluir agresiones presentes en casos de feminicidio y tentativa de feminicidio, es una mejor forma de medir agresiones potencialmente letales. Sin embargo, es importante resaltar que las cifras de violencia con riesgo de feminicidio dadas en este informe no representan el número real de tentativas de feminicidio. En ese sentido, tales cifras no deben ser tomadas como un reemplazo de las cifras oficiales de tentativas de feminicidio que producen el MIMP y el OC, pero sí como una mejor aproximación a formas de agresión que sufren mujeres con un mayor riesgo de letalidad.

Más allá de las causas de las tentativas de feminicidio y de la violencia con riesgo de feminicidio, importa concebir hasta dónde van sus consecuencias. El feminicidio afecta no solo una larga lista de derechos de las mujeres, sino que la historia de violencia que lo antecede trunca proyectos de vida y causa efectos económicos, en la salud física y mental de las mujeres, y genera efectos negativos en su entorno. En algunos países el feminicidio es considerado como un problema de salud pública (Tejeda, 2014). Y es que tanto estudios cuantitativos (Patró & Limiñana, 2005) como cualitativos (Hardesty, Campbell, McFarlane, & Lewandowski, 2008) señalan que la violencia no solo genera los daños propios de la agresión, sino que es la causa de otro tipo de efectos de corto y largo plazo en la salud física y mental de las mujeres que la sufren (Bonomi, y otros, 2006) y de sus hijos e hijas (Díaz & Miranda, 2010; Ribero & Sánchez, 2004).

La literatura sobre los efectos o los costos de la violencia no es escasa, pero está focalizada en realidades ajenas a la peruana y latinoamericana. En la tercera sección de este trabajo, se presentan dos formas de estimar el efecto de haber sido víctima de violencia con riesgo de feminicidio. Primero, se calcularon los efectos de haber estado expuesta a esta forma de violencia. En base a la ENDES, se empleó el emparejamiento estadístico para identificar el efecto sobre la salud física y mental (depresión, hipertensión y diabetes, y consumo de alcohol y cigarro) de las mujeres que la sufrieron, así como sobre sus hijos e hijas (fiebre, tos, diarrea y sangre en heces). Segundo, se estimaron los Años de Vida Potencialmente Perdidos por feminicidio. La violencia contra la mujer no es una enfermedad, pero sí ocasiona dolencias y condiciones habitualmente inadvertidas o poco valoradas (depresión, hipertensión, diabetes, consumo de sustancias, etc.). Estos problemas restan calidad de vida y años de vida. Medir esa pérdida en años es justamente el objetivo de esta segunda forma.

Conocer las causas y las consecuencias de la violencia es una base de conocimiento esencial, pero, al mismo tiempo, insuficiente en lo más operativo, es decir, en el contacto entre el Estado y las mujeres que ya acuden a sus servicios por temas de violencia o incluso por otros asuntos aparentemente no relacionados con la violencia. En ese sentido, el acercamiento entre los Centros de Emergencia Mujer y las mujeres que acuden a sus servicios por violencia o por otros temas (pensión de alimentos, tenencia, etc.) abre un espacio para la mejora de los protocolos de identificación del riesgo de violencia que ya aplica el MIMP.

En esa línea, la cuarta sección de la investigación tuvo una orientación más aplicada hacia la gestión en campo de los servicios ofrecidos a las mujeres en situación de violencia. Luego de haber revisado causas y consecuencias de la exposición a la violencia, se estimó necesario mejorar las herramientas que tienen los Centros de Emergencia Mujer del MIMP, para la identificación temprana de la potencial víctima. Si bien el MIMP cuenta con un instrumento para valorar el riesgo de ser víctima de violencia, su construcción se realizó en gabinete y sin la debida validación psicométrica. Ese instrumento produce puntajes de riesgo, pero nada asegura que tales puntajes mida adecuadamente el riesgo de ser víctima de violencia, ni que un riesgo alto signifique eso que pretende medir.

La cuarta sección adaptó y validó psicométricamente a nivel piloto un instrumento de evaluación del riesgo de violencia extrema en mujeres que se encuentran en situación de violencia. La validación se hizo con una muestra de mujeres que acudieron a Centros de Emergencia Mujer en Lima. Estos resultados permitirán generar herramientas técnicas para que el MIMP pueda construir una mejor ficha de registro de casos de tentativa de feminicidio, ofrecer medidas de atención y prevención adecuadas, así como determinar el grado de riesgo de violencia letal o casi letal a fin de entregarle a las mujeres un servicio ad hoc a sus necesidades. La conexión entre esta sección y los determinantes del feminicidio y de la violencia con riesgo de feminicidio está en cómo los valores del macro y exosistema se relacionan (probablemente incluyan) con comportamientos individuales de hombres que usan la violencia. Además, profundiza en los aspectos del microsistema, en tanto conductas de control y dominación, y las relaciona con riesgo puntuales e identificables en una relación de pareja. Además, esta cuarta sección se ha desarrollado como un producto dirigido en forma independiente para el MIMP. En ese sentido, puede ser directamente tomado como una guía piloto para la identificación del riesgo de violencia letal de pareja.

Son seis las contribuciones de este trabajo. En primer lugar, se ha estimado el número de mujeres afectadas por violencia con riesgo de feminicidio a partir de la ENDES. Contar con esta nueva estimación crea nuevos espacios de investigación futura y la necesidad que las políticas públicas presten atención a cómo dicha proxy se distribuye geográficamente a fin de tomar medidas preventivas y focalizar programas e intervenciones ahí donde se necesiten. En segundo lugar, se logró identificar los factores de riesgo y los factores protectores asociados a los feminicidios y la violencia con riesgo de feminicidio bajo un enfoque que toma en cuenta no solo las características de las víctimas sino también de sus relaciones, aspectos socioestructurales así como otros vinculados al efecto de contar con ciertas instituciones (comisarías, CEM y establecimiento de salud) en el distrito de residencia de la víctima. Aunque es posible que los Centros de Emergencia se hayan instalado en lugares donde previamente exista más violencia contra la mujer, esta posible relación de doble sentido no tiene mayor sustento. El objetivo del MIMP fue de cobertura (crear uno por provincia) y no uno que atendiera gravedad. En tercer lugar, los resultados sobre la amplitud del impacto de la violencia con riesgo de feminicidio llaman la atención sobre la necesidad de una actuación intersectorial mayor y más integrada. En cuarto lugar, el estudio identifica que la violencia con riesgo de feminicidio afecta a la salud de los hijos e hijas. Este hallazgo representa una veta inicial de la expansión de los efectos de la violencia y la necesidad de ampliar la agenda de trabajo sectorial e intersectorial con miras a limitar los efectos intergeneracionales de la violencia. En quinto lugar, la estimación de los Años de Vida Potencialmente Perdidos por feminicidio saca a luz la amplitud de las consecuencias de la violencia con riesgo al resaltar la afectación sobre el funcionamiento social y la necesidad de reenfocar las prioridades de salud y de atención de víctimas de violencia. Finalmente, se ha validado un instrumento abreviado para que en los Centros de Emergencia Mujer se mida con mayor precisión el riesgo de que una mujer sea víctima de agresión extrema y, en función a ello, se presten servicios más acordes con el riesgo de feminicidio que tiene cada mujer.

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