Mi primer juicio oral. ¿Dónde me siento? ¿Y qué diré?

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El juicio es una representación teatral

Un juicio es un teatro, donde la única verdad es la que el público percibe. Lo que importa es lo que el público ve.

El papel del abogado

El abogado es el director del teatro, tiene que superar el miedo al público y el nerviosismo, los testigos son los actores y están en el centro de la escena, y los litigantes son los redactores. También la presencia del abogado en escena determina cierto efecto en el jurado. La presencia, no el estilo, es lo que permite que el abogado origine una impresión positiva en el jurado, el respeto del abogado hacia el jurado, testigos al escuchar y al manipular las pruebas.

Un abogado tiene que aprender que la sala del tribunal es suya, y corresponde decidir qué puede hacer en ella. Cuando se equivoque no necesita disculparse porque está en su terreno, salvo en caso de ofensas. Antes de consagrarse por completo a los hechos, a la búsqueda de la verdad o al teatro de su exposición, hay que recordar que existe otro abogado que quiere adueñarse del escenario, quiere vencer y está buscando una ventaja, no injusta solo una ventaja.

El abogado tiene que sentirse cómodo en el juicio. Si concurre al juicio sin saber lo que es justo, lo que puede ser expuesto al jurado, nunca se sentirá cómodo en esa sala porque el juez será el dueño. Las normas de ética, la prueba y el procedimiento son las únicas cosas más esenciales para el primer juicio que las técnicas dichas.

Si uno no comprende las normas de la evidencia su antagonista puede, con la ayuda del juez, actuar de modo que no se pueda presentar al jurado su versión de la verdad, la que se cree que es mejor.

Si se infringe una norma ética el juez puede avergonzarlo, y lo que es peor, su antagonista espera la oportunidad de denunciarlo, y difundir la noticia de que es un ser miserable. Ninguna perspectiva es más importante cuando uno comienza a pensar en su primer juicio. Si se pierde la perspectiva, se pierde el sistema.

El escenario: ¿dónde me siento?

Es una pregunta que se hace a menudo, ¿dónde me siento?

Cuando se llega a la sala, el abogado verá un banco, un par de mesas, un grupo de sillas y detrás de la baranda un área donde se sienta el público. El abogado debe ver el problema que el propio director percibe. La gente prefiere aprender por los ojos, no por los oídos, la gente sabe instintivamente que el alma humana está en los ojos. Se cree a quien nos mira a los ojos y miente, antes que a quien dice la verdad pero que no puede mirarnos.

Cuando el abogado vuelva los ojos hacia la sala del tribunal hay que recordar que no está comprometido a una suerte de ceremonia privada referida a la verdad.

El interrogatorio de los testigos, el manejo de las pruebas y las declaraciones dirigidas al jurado representan los problemas más usuales de manejo del escenario. La forma de movimientos en escena y el ordenamiento de la presentación deben brotar naturalmente, sin embargo no lo harán si no pensó un poco en el asunto y no practicó. El primer pensamiento del abogado debe ser considerar los aspectos físicos del juicio de modo que pueda abordar el contenido importante del juicio sin preocuparse en la pregunta: ¿dónde me siento?

El interrogatorio de los testigos

Debe realizarse el interrogatorio desde un lugar situado detrás de un estrado o desde un asiento de frente de la mesa de los abogados. Hay que ocupar la escena entera durante el examen directo al testigo. Uno no puede arrojarse a un testigo y adoptar una figura intimidatoria sin provocar una objeción de su antagonista.

Con algunas objeciones obvias para los casos en los que nos conviene que el jurado concentre la atención en uno mismo durante las preguntas e ignore al testigo, acérquese más al testigo, hasta donde el juez y la corrección lo permitan.

Presentación de pruebas “por los números”

Hay que marcar las pruebas con fines de identificación, asegurarse de que se marque el rubro en el orden debido. No se tiene que confiar que el empleado sepa cuál es el número correspondiente de la secuencia.

El abogado tiene derecho a ver la prueba propuesta concreta que será presentada al jurado. Si uno no muestra la prueba al abogado antes de proseguir es probable que el juez se encargue de decir que lo haga. No permita que eso suceda.

Presente la prueba al testigo para su identificación y autenticación. Uno debe pedir permiso al tribunal para acercarse al testigo, incluso cuando no se exige tal cosa. El exceso de cortesía rara vez impresiona mal.

Si el testigo no tiene la oportunidad de identificar los rubros, los jurados no sabrán de qué se trata. Incluso si se ha declarado que la prueba es admisible, hay que aprovechar la oportunidad de que el testigo la mire y la identifique en beneficio de los testigos. Se tiene que repetir ante el jurado y el tribunal lo que se está presentando. El jurado debe tocar, oír y ver la prueba siempre con autorización del tribunal y luego se tiene que proseguir interrogando.

Se tiene que recuperar la prueba luego de que el último jurado lo haya visto. Después hay que presentarla al juez; y por último depositarla frente al empleado. Cuando uno quiere usar la prueba con otro testigo es lo mismo, incluso si uno no quiere volver a utilizarla con otros testigos, querrá que esté disponible para utilizarla en la argumentación final.