Nietzsche en forma crítica plantea que la sociedad trata de hacer que el hombre viva en una eticidad vinculada constantemente a obligaciones, a promesas, a deberes éticos en suma. Pero previamente necesita lograr la uniformidad del hombre, hacerlo “igual entre iguales”.

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Con ese objetivo se establecen reglas o normas morales, para ajustar al hombre a estas reglas, y lograr la uniformidad e igualdad esperada. La uniformidad, la costumbre, entonces, se vuelve ética. El efecto que pretenden producir estas normas éticas es el remordimiento y la culpa en el hombre, de tal modo de evitar la comisión de conductas o impedir su reiteración.

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Pero no basta con crear normas éticas, ello porque el hombre posee a su vez una costumbre contraria: la de volver tras sus instintos, y con esto, olvidar las normas morales que esclavizan la conciencia, olvidar la culpa y el remordimiento. Para evitar esto, la sociedad hace uso de un medio que le impida al hombre olvidar la eticidad de la costumbre. Este medio es el dolor. Así se produce el fenómeno de la “nemotécnica del dolor”.

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De ahí surge todo un aparato lleno de mecanismos nemotécnicos, para traer al presente siempre el pasado, “el más largo, el más hondo, el más duro…”, haciendo recordar al hombre sus promesas, sus deberes morales, su culpa y sus remordimientos. “Para que algo permanezca en la memoria –dice el filósofo– se lo graba a fuego; sólo lo que no cesa de doler permanece en la memoria”. Así se le prodiga una memoria al hombre, pero no sin precio, “jamás sin sangre”, para que permanezca indeleble la norma moral. Este es el peso del camello que relata Zaratustra, y al hombre esclavo de deberes morales, el camello.

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Uno de estos mecanismos de la nemotécnica del dolor, y que, por ende, realiza la moralidad en el hombre a través del dolor, son las leyes penales, que, entonces, silencian la verdadera naturaleza del hombre; “calla para mí toda naturaleza/cuando oigo el tictac de la ley y del reloj”.

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Para Nietzsche, la nemotécnica del dolor se manifiesta en el mecanismo de las leyes penales, y en especial en la pena, como una relación proporcional entre la intensidad de las penas y la memoria del hombre, puesto que mientras mayor es la capacidad de olvido de la moralidad en el hombre, y de la culpa y el remordimiento, mayor será la dureza de las penas. Las leyes penales son para el filósofo, por así decirlo, la inscripción y transcripción de la moral.

El derecho penal se vuelve así, en un aparato inhibidor de los instintos, para ser constantemente recordados en su negación. Como tal, el derecho penal para Nietzsche sirve para hacer más vívida la conciencia de la culpa (moral).


Tomado del estupendo trabajo Nietzsche y su visión del derecho penal, de Edison Carrasco Jiménez, cuya lectura recomendamos vivamente.