¿Puede un pastelero cristiano negarse a hacer una torta de bodas para una pareja gay?

Una pareja gay se enfrenta en la Corte Suprema de EE.UU. con el chef repostero Jack Phillips, quien rechazó prepararles un pastel de boda

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El conflicto legal entre una pareja de hombres homosexuales y un chef de repostería cristiano, que data del 2012, será resuelta en los próximos meses por la propia Corte Suprema estadounidense y ha generado una de las discusiones más interesantes de la historia entre sus magistrados supremos: ¿hasta cuánto se puede limitar el ejercicio de la tolerancia en un Estado de derecho, por nuestros credos o convicciones personales?

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Charlie Craig, de 37 años, y David Mullins, de 33, vienen sosteniendo esta batalla desde hace cinco años. Su principal argumento es el de luchar porque los clientes de la comunidad LGTB puedan elegir libremente lo que deseen comprar sin restricciones, apelando a la tolerancia de una sociedad democrática. La pareja ha ganado el caso, hasta el momento, en la Comisión de Derechos Civiles de Colorado y en la Corte de Apelaciones del mencionado Estado. Esto no necesariamente asegura que la victoria en Corte Suprema sea un mero trámite, pues esta podría ser el escenario de una decisión diferente.

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Actualmente, la composición del máximo ente judicial estadounidense (que posee nueve magistrados), se encuentra ostensiblemente dividida. Por un lado tenemos cuatro jueces progresistas que defienden la libertad del individuo y cinco jueces conservadores que defienden los valores norteamericanos tradicionales. En ese marco, todas las miradas apuntan hacia Anthony Kennedy, conservador, que sin embargo, tiene un historial de decisiones basadas en el respeto a los derechos fundamentales. En junio del año 2015, fue el encargado de redactar el fallo que legalizó el matrimonio homosexual en todos los Estados Unidos.

Por su parte, el cocinero de credo cristiano, Jack Phillips, describe el trabajo que realiza como un acto artístico, y que por tanto no se le puede obligar a expresarse de algún modo, puesta atentaría con su libertad personal defendida constitucionalmente. Asimismo, sustenta su negativa en la libertad religiosa protegida por la Primera Enmienda, por lo que no podría utilizar su “talento” que exprese un mensaje contrario a las convicciones que maneja. El chef cuenta con el respaldo de más de 20 estados del país, decenas de legisladores y grupos cristianos conservadores. Además, la presión del gobierno de Trump para que obtenga un fallo favorable jugará un rol importante.

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Al respecto, el solicitado juez Kennedy ha emitido ciertas opiniones que podrían ser el preludio de una decisión definitiva. Así, en la audiencia del último martes, este magistrado declaró que le preocupaban, en principio, la dignidad de las parejas del mismo sexo. Cuestionó que si el fallo resultaba favorable a los intereses de Phillips, acaso ¿podría el repostero poner un cartel en su ventana, con la inscripción “no se hornean pasteles para parejas gays”? Sin embargo, su percepción pareció cambiar un poco cuando leyó una parte del expediente apelado, donde se señalaba que usar la libertad de religión para justificar la discriminación es un pedazo de retórica “despreciable”. El juez manifestó que la Comisión de Derecho Civiles de Colorado no se mostró “ni tolerante ni respetuosa con las creencias religiosas”.

Este celebérrimo caso ha ocasionado un debate jurídico alrededor de los límites de la libertad religiosa, la tolerancia sexual y la libertad de expresión. El caso generó tal expectación, que desde las primeras horas del día de la audiencia, varias decenas de personas se acercaron alrededor de la sede de la Corte Suprema, para cantar consignas y mostrar su apoyo a una de las partes. En los 90 minutos que duró, cristianos y conservadores se enfrentaron verbalmente con miembros de la comunidad LGTB que abogaban por la pareja de los treintañeros. Banderas de arcoiris se dejaban ver frente a las columnas del centro de Washington, con mensajes como “el amor siempre gana”. Por su parte, los conservadores lucían sus propias consignas como “libertad para los pasteleros”, en medio de una parafernalia religiosa.

La defensa de Phillips está a cargo de la organización ultraderechista cristiana Alliance Defending Freedom, que se hace cargo de todos los gastos que se subsumen de los procesos seguidos hasta el momento. Recordemos que el Tribunal Supremo es la última instancia, y que si este no le da la razón, no habrá marcha atrás. ¿Será que la elaboración de un pastel puede ser considerado arte? La magistrada liberal Sonia Sotomayor, manifestó al respecto que “el objetivo de los alimentos es ser comidos”. Kriesten Waggoner, abogada directa de Phillips y de su tienda denominada Masterpiece Cakeshop, respondió que su cliente sí era un artista ya que sus piezas eran “esculturas temporales”.

Sin embargo, aparentemente, la decisión negativa del confitero de hacer el pastel se basó en el simple hecho de que los solicitantes eran una pareja homosexual, puesto que como declaró el abogado de la pareja, David Cole, sus clientes “no llegaron a pedirle ningún diseño o mensaje en específico”. Terminada la audiencia, en declaraciones a la Agence France-Press, David Mullins señaló que: “Este caso no se trata de libertad artística. No pedimos una obra de arte. Fuimos rechazados por lo que somos, fuimos humillados públicamente por lo que somos”. Tocará esperar hasta la primavera estadounidense para conocer el fallo de este polémico caso.