Marco Aurelio Denegri: el hombre que sabe demasiado

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El programa televisivo La Función de la Palabra, conducido por Marco Aurelio Denegri en la señal abierta de TV Perú, es un hito en la tradición audiovisual peruana. Con él —para apelar a un lugar común pero certero— se cerraría toda una época de cultivo de los valores humanísticos en un tiempo de inmediatez y prisas. En el maremagno de la televisión actual, abierta o de cable, la presencia de Denegri se acrecienta y, sin ninguna duda, se hace sentir entre la «inmensa minoría» de sus muchos seguidores.
Martín Baigorria Castillo

El programa televisivo La Función de la Palabra, conducido por Marco Aurelio Denegri en la señal abierta de TV Perú, es un hito en la tradición audiovisual peruana. Con él —para apelar a un lugar común pero certero— se cierra toda una época de cultivo de los valores humanísticos en un tiempo de inmediatez y prisas. En el maremagno de la televisión actual, abierta o de cable, la presencia de Denegri se acrecienta y, sin ninguna duda, se hace sentir entre la «inmensa minoría» de sus muchos seguidores.

Marco Aurelio Denegri es el único disertador de fuste que se recuerde en la historia de la televisión peruana. Y si hubo alguno otro, es evidente que no ha dejado huella. Sus programas unipersonales (sus incomparables «misceláneas» o la reseña y vivisección de algún libro recién editado) son verdaderas conferencias; sus entrevistas, casi siempre, devienen en animada conversación. Como entrevistador, Denegri puede ser felizmente inquisitivo y agudamente mordaz, pero nunca se muestra condescendiente y menos aún peripatético en el trato hacia sus invitados.

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Nacido en Lima en 1938, Marco Aurelio Denegri se considera a sí mismo un «polígrafo autodidacto». La vastedad de la información y la variedad de los temas tratados confirman la vis poligrafica de este gran divulgador cultural. Tocante a la confesión de autodidactismo, no queda sino recordar que Denegri es un lector impenitente, que en sus mejores tiempos —tal y como lo recordó en una entrevista publicada en marzo del presente año— podía leer no menos de dos libros diarios[1]. Otros sostienen que Denegri leía entre seis y ocho horas por jornada. Si añadimos el examen de los materiales dedicados a reseña y comentario, la suma torna en considerable y desusada.

Denegri diserta cómodamente y de manera más que suficiente sobre cine, música criolla, derecho canónico, antropología y etnología, psicoanálisis y psiquiatría, budismo, arquitectura, pintura, filosofía, etología, evolucionismo, paleontología, folclor, poesía, narrativa, ensayo, ajedrez, automovilismo, humor gráfico, historia, geografía, modas, culinaria, religión y un largo etcétera que no excluía alguna incursión en asuntos de derecho. Como prueba, su sugerente ensayo intitulado «La democracia es un futurible» [2]. A la dispersión hecha virtud, Denegri añade la amenidad, la facundia verbal y gestual, el sentido del humor. Solo le eran ajenas, las veleidades de la actualidad política, sea del terruño o del escenario internacional.

Pero, como un amigo me hace notar, en ese océano enciclopédico, en dos áreas del conocimiento humano Marco Aurelio Denegri se supera a sí mismo: la gramática y la sexología. Como gramático, Denegri es sencillamente inigualable. Domina como nadie los arcanos de la lexicología, la sintaxis y la etimología, las abstrusas declinaciones y la oculta ciencia de los regímenes verbales. Ha intentado la creación de neologismos: pertundar, corazonario, cajonística, cuentario, perexigencia, peratención, imparpadeo, apotropaico, ensayículo, cultileído, coitotécnico. También fomentó el uso de vocablos desusados; prefiere, así, liróforo en vez de «poeta», parificar en vez del disonante «ejemplificar». Denegri descree de don Manuel Seco y de los dictámenes de la Real Academia. Prefiere la lealtad a los grandes maestros hispanoamericanos de la gramática castellana: Cuervo, Baralt, Andrés Bello.

En el campo de la sexología, Denegri da la impresión de haber leído todo lo publicado sobre la cuestión. Los misterios de orgasmo femenino, la batalla contra los detractores del placer solitario, el arte erótico, las disfunciones, las parafilias retornan una y otra vez en sus programas. La cruzada (el término es exacto) en favor de la cultura sexual es una de las grandes preocupaciones de Denegri como divulgador. Entre 1972 y 1973, en pleno régimen de Velasco, nuestro polígrafo saca a luz Fáscinum. Revista Científica y Artística de Cultura Sexual. El primer número apareció en abril de 1972, en un volumen de 80 páginas. Fáscinum llegó a los diez números (alguno fue requisado por absurda acusación de obscenidad). La revista desborda el formato. Así, el número 4 (octubre de 1972) consta de 114 páginas; el número 5 (diciembre de 1972) ostenta 130 páginas, cifra que en promedio se mantendrá en adelante. En sus diez entregas, Fáscinum constituye un corpus sexológico y erotológico que sobrepasa el millar de páginas.

Las ilustraciones eran abundantes; el contenido, de una bizarría inusitada en nuestro medio. Algunos títulos excitan la curiosidad del lector: «Apuntes prepuciales» (Año I, Nº 3, agosto de 1972); «El dios sifilítico del antiguo México» (Año I, Nº 6, febrero de 1972); «La extraña forma de satisfacción sexual de un camionero» (ídem); «El pene cautivo» (Año II, Nº 7, 1973); «Virtud curativa e intensidad orgásmica de la masturbación» (Año II, Nº 8, 1973). Un informe sobre la vida sexual en las cárceles peruanas (números 5 y 6) será del mayor interés para los estudiosos de la ciencia penitenciaria.

Denegri dio la mejor definición de su revista: «esclarecedora y atibia, ineufemística y descizañante, la más franca y valiente».

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Algunos de los pareceres de Marco Aurelio Denegri pueden fruncir el entrecejo. Según nuestro polígrafo, José María Arguedas fue un hombre feliz; la censura televisiva es preferible a la autorregulación; la especie humana no evoluciona sino involuciona; la conquista española ocurrió para mal; Vallejo no fue un maestro del idioma, ni Vargas Llosa es un gran prosista. Como gusta de decir él mismo, Denegri tiende a alborotar el gallinero.

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La Función de la Palabra se emite desde el año 2000 y constituye la prolongación de un ciclo televisivo y cultural que se remonta a 1973. Para bien nuestro, su gestor y animador no ha abandonado la pluma ni se ha retirado. Los días lunes, entre el 12 de marzo de 2012 y el 29 de febrero de 2016 inclusive, Denegri tuvo una columna semanal en El Comercio de Lima. A partir del 13 de marzo de 2016, en el mismo cotidiano, las contribuciones de nuestro polígrafo se publican los días domingo, bajo el encabezado críptico de «El Ojo de Lima». Denegri sigue activo: publica en Twitter y sus vídeos son muy buscados en Youtube, mientras que en la Internet puede accederse a no pocos de sus escritos.

Heredero de una tradición literaria que se remonta a Gregorio Marañón, José Ortega y Gasset y Luis Jiménez de Asúa, Marco Aurelio Denegri tiene publicadas numerosas colecciones de ensayos y ensayículos. Recordemos las más recientes: De esto y aquello (2006); Hechos y opiniones acerca de la mujer (2008); Cajonística y vallejística (2009); Miscelánea humanística (2010); Lexicografía (2011); Esmórgasbord (2011); Obscenidad y pornografía (2012); Normalidad y anormalidad & El asesino desorganizado (2012); Poliantea (2014); Polimatía (2014); La niña masturbación y su madrastra tabú (2015) y Mixtifori (2017; reedición aumentada del clásico De esto y aquello).

Aquí algunos de los programas de don Marco Aurelio:

 

Y aquí un botón del sentido del humor de nuestro polígrafo.

 


[1] «El misántropo digital». Entrevista de Maribel de Paz a Marco Aurelio Denegri. El Comercio (Lima). Lunes 20 de marzo de 2017. Sección Luces, pp. 1-3 [p. 2].

[2] Denegri, Marco Aurelio. «La democracia es un futurible». En su Esmórgasbord. Lima: Universidad Inca Garcilaso de la Vega, 2011, pp. 155-163.