Un día un alumno del profesor Matthew Restall lo interrumpió en medio de su cátedra universitaria y comentó que aquella clase contenía muchos mitos. Esto resonó en el fondo del historiador y se clavó en su entendimiento. Aquel alumno tenía toda la razón: la historia de la conquista de América estaba plagada de mitos historiográficos. ¿Cuál era, o mejor, cuáles eran las razones de esto? ¿Por qué la historia de la conquista española en América se ha visto atiborrada de interpretaciones cambiadas o falsas sobre el desarrollo de todo el proceso? ¿Por qué en la historiografía aparecen recurrentemente estos mitos y no se han revaluado ni releído? Son las preguntas que movieron a Matthew Restall en la investigación que se propuso: estos mitos deben aclararse para un mejor entendimiento de los procesos de la Conquista. Apartando la discusión que propone Restall sobre el numero 7 y su importancia en la mística en general, diremos que sus siete mitos condensan siete generalidades comúnmente tomadas por ciertas entre la humanidad. Tratemos de ver en líneas generales la propuesta de Restall:

1. El mito de los hombres excepcionales

El primer mito, el mito de los hombres excepcionales, explora la tendencia a creer que las huestes conquistadoras españolas se encontraban compuestas por hombres de capacidades geniales y mentes lúcidas, que sabían perfectamente lo que estaban haciendo, hombres sabios y fuertes, expertos en la estrategia militar y, desde luego, obedientes a la Corona española. Esto va a generar la concepción generalizada de que el descubrimiento de América representa la hazaña más grande de la humanidad, y que sus protagonistas –que se cuentan con los dedos de la mano– fueron los héroes generadores de semejante gesta; la historia tradicional busca siempre el relato entre héroes y bellacos. El mito, entonces, desecha la idea de un triunfo colectivo, repleto de personajes de diversas proveniencias, casi siempre de la peor calaña, y aun con la ayuda de muchos grupos indígenas de América, quienes vieron en los conquistadores españoles la oportunidad de triunfar sobre sus enemigos. Aun más, propone una nueva lectura de las fuentes que han fundamentado el mito, escritas desde luego por esos mismos protagonistas: se trata de las probanzas y crónicas, cargadas de legitimación y de testimonios tergiversados, todo en función de exaltar la labor de los conquistadores. Paradójicamente, se ha construido la historia de la Conquista de América con base en esas fuentes.

2. El mito del ejército del rey

El mito del ejército del rey, segundo en la enumeración de Restall, conecta el anterior con la idea de la organización militar perfecta de los conquistadores: no solo estaban dirigidos por hombres excepcionales, sino que su organización bélica representaba los mismísimos ejércitos del rey enviados en la misión de la conquista del Nuevo Mundo. La verdad está lejos de esa afirmación: los conquistadores no representaban una masa homogénea de soldados sin más aspiraciones que obedecer al rey y a sus lugartenientes; eran más bien artesanos, en su mayoría analfabetos, que buscaban una oportunidad de riqueza en América siguiendo las tradiciones medievales de vasallaje, y que habían embarcado después de vender todo lo que tenían y de armarse en la medida de sus posibilidades. En últimas, no existió de ninguna manera una intención por parte de la Corona de enviar soldados a su costa y paga: la conquista de América fue una serie de empresas individuales, de hombres en busca de una última oportunidad de sustento, pobremente organizadas. Lo interesante aquí es que las fuentes que han perpetuado el mito, y de donde procede del análisis de Restall, son las pinturas que representan estos ejércitos enfrentándose a los indígenas, tema muy común desde el principio de la Conquista y, desde luego, en la actualidad.

3. El mito del conquistador blanco

El mito del conquistador blanco hace referencia a los distintos participantes de la conquista. En realidad, no todos fueron blancos españoles; al igual que los ayudantes indígenas, que desde el principio fueron fundamentales, también hubo conquistadores negros. Comunidades enteras de indígenas, tanto en Mesoamérica como en Tawantisuyu inca, fueron pie de fuerza militar para los españoles, quienes en su precaria situación les hubiera sido imposible conquistar a poblaciones enteras de indígenas; de igual manera, los conquistadores negros, desde el principio se entremezclaron entre las huestes y fueron partícipes de un proceso que tradicionalmente se les atribuye a los blancos.

4. El mito de la completitud

El mito de la completitud parece ser el mito central de la obra de Restall. Definitivamente, es en la idea de una total completitud del proceso donde empiezan las divergencias de las que se ocupa Restall: los españoles se encargaron desde el principio de recalcar el éxito rotundo de su empresa, alegando que la totalidad del continente se encontraba dominada, evangelizada y subyugada. La realidad no puede estar más lejos, y son necesarios varios estudios aún más extensos sobre este tema particular. Muchas comunidades y poblaciones enteras de indígenas nunca pudieron ser dominadas y en su gran mayoría se mantuvieron con vida los procesos culturales y sociales; los indígenas seguían obedeciendo a los mismos jefes, solo que estos ahora obedecían a los españoles, y, en el fondo, nada había cambiado; las conversiones al cristianismo eran evitadas o disfrazadas y la mayoría de los procesos de la vida continuaban siendo los tradicionales. Para Restall, los dos grupos siempre se equivocaron: los 480 indígenas creían servir a los mismos señores y los españoles creían que todos los indígenas les servían.

5. El mito de la comunicación

El mito de la comunicación explora la creencia opuesta: que los españoles se comunicaban perfectamente con los indígenas o que en realidad no podían comunicarse con ellos de ninguna manera. Restall propone un punto medio, donde seguramente no se entendían la totalidad de las comunicaciones entre ellos, pero es seguro que tampoco se perdía todo lo que se decía: los intérpretes –como la famosa Malinche– representan ese punto medio.

6. El mito de la devastación indígena

El mito de la devastación indígena dice que las poblaciones indígenas sufrieron un exagerado descenso demográfico por las epidemias y las guerras, pero se desmiente tal idea, pues en realidad esta devastación no fue suficiente como para que las comunidades se mantuvieran estáticas y dispuestas al dominio total; al contrario, lograron siempre generar nuevas actitudes para mantener sus culturas e incluso su calidad de vida. La devastación indígena no fue, en ningún ámbito, causa de una decadencia cultural y, en cambio, sugiere una rápida evolución de los pueblos indígenas para adaptarse a siempre cambiantes condiciones.

7. El mito de la superioridad

El último mito, el mito de la superioridad, trae a colación la idea de que la conquista fue un fácil proceso de imposición de superioridad entre los civilizados españoles y los indefensos indígenas. Ninguna de las supuestas superioridades que venían con los españoles fueron en realidad causas de su victoria sobre los indígenas: el armamento en realidad era escaso y su utilización en las condiciones del trópico era complicado; los perros y los caballos, desconocidos en América, no fueron causa de miedo y espanto generalizado; aunque sorprendieron al principio, los indígenas fácilmente los reconocieron y supieron sacarles ventaja. Además, los españoles no se estaban enfrentando a grupos primitivos e ignorantes, sino, en la mayoría de los casos, a sociedades complejas y avanzadas. Los dos factores que realmente favorecieron a los españoles en la conquista fueron las enfermedades, que realmente diezmaron las poblaciones indígenas, y la desunión entre comunidades, de las cuales supieron aprovecharse.

Ahora bien, ninguno de estos mitos es pasado por alto por los historiadores, como pretende afirmar Restall. En realidad, estos mitos están presentes en la cultura general de la gente común y se perpetúan por medio del cine y la literatura. Esto nos lleva a pensar que el libro de Restall no está dirigido a la comunidad de historiadores, sino al público en general. Los siete mitos de la conquista española no representan los problemas que desvelan a los historiadores actualmente ni abren los ojos a una nueva visión de la conquista. Pero el mérito está en la propuesta conjunta de Restall y James Lockhart –su maestro– sobre las fuentes de la Conquista: debe hacerse una lectura extensa y concienzuda de ellas, nunca dar por hecho algo y siempre concentrarse en el uso de las palabras. Las fuentes siempre tienen una finalidad y una intención, una lectura literal –que es lo que ha hecho comúnmente la historiografía– solo acrecienta la posibilidad de generar nuevos mitos.


[Fuente: Reseña de Luis Felipe Palacio Guerrero (Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá) sobre el libro de Matthew Restall, Los siete mitos de la conquista española. Barcelona: Paidos, 2004, 307 pp. ISBN: 84-493-1638-3]

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