La propiedad y sus atributos desde el derecho civil

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El derecho real de propiedad es uno de los más importantes dentro del régimen económico social en nuestro país. Permite obtener riqueza y, asimismo, incrementarla a través de las transferencias que se realicen. Esto es posible gracias a que el ordenamiento jurídico protege y regula de forma general a la propiedad desde del derecho civil.

Cabe resaltar que sus atributos lo consagran como el derecho real más importante. Así, pues, la propiedad es el poder jurídico que permite a una persona usar, disfrutar, disponer y reivindicar. Analicemos brevemente cada uno de los atributos.

1. El uso

Es la finalidad económica de aprovechamiento (destino del bien) respecto de un bien mueble o inmueble que le permite al propietario, según su voluntad, explotarlo de una u otra forma. Por ejemplo, la finalidad que se le otorga a una casa para fines de vivienda o destinándola como oficina de trabajo. Para Avendaño Valdez, usar es servirse del bien. Por ejemplo, usa el automóvil quien se traslada en él de un lugar a otro. Usa la casa quien vive en ella[1].

2. El disfrute

Es la capacidad otorgada al propietario para poder hacerse de los frutos del bien sobre el que ejerce dominio. Esto significa que los frutos que se desprendan del bien principal forman parte del patrimonio del propietario debido al derecho que este ejerce. Los frutos son los bienes que se originan de otros bienes, sin disminuir la sustancia del bien original. Son las rentas, las utilidades.

Los tipos de frutos se clasifican en naturales, industriales y civiles.

Frutos naturales, que provienen del bien sin intervención humana.
Frutos industriales, que son aquellos en cuya percepción interviene el hombre.
Frutos civiles, que se originan como consecuencia de una relación jurídica, es decir, un contrato[2].

3. La disposición

Es la capacidad para sacar de la esfera jurídica patrimonial (efectiva o potencialmente) un bien. Por ejemplo, de manera efectiva, dándolo en donación o enajenándolo; y de forma potencial, mediante la afectación de una hipoteca o garantía mobiliaria. Disponer es prescindir del bien, deshacerse de la cosa, ya sea jurídica o físicamente. En síntesis, un acto de disposición es enajenar el bien, hipotecarlo o, finalmente, abandonarlo o destruirlo. La disposición es, pues, la facultad de transferir la propiedad. La facultad de disponer no deriva del derecho de propiedad sino de la relación de titularidad o pertenencia[3].

4. La reivindicación

El poder de tutela siempre debe estar visible en todo derecho real, y es la propiedad la que lo hace notar a través de la tutela reivindicatoria, que permite restituir el bien materia de propiedad a aquella persona que no pueda ejercer ni el uso ni es disfrute debido a que alguien más lo ejerce sin derecho alguno.

Para Avendaño Valdez, la reivindicación no es propiamente un atributo sino el ejercicio de la persecutoriedad, que es una facultad de la cual goza el titular de todo derecho real. El poseedor, el usufructuario, el acreedor hipotecario, todos, pueden perseguir el bien sobre el cuál recae su derecho. No nos parece entonces que la reivindicación deba ser colocada en el mismo nivel que los otros atributos, los cuales, en conjunto, configuran un derecho pleno y absoluto. Ningún otro derecho real confiere a su titular todos estos derechos[4] .

Por último, debemos destacar que el uso y disfrute, si bien son característicos de la propiedad, también se encuentran esencialmente en todos los derechos reales como el usufructo, el uso, la habitación y la posesión.


[1] AVENDAÑO VALDEZ, Jorge. Código Civil comentado por los cien mejores especialistas, tomo V. Lima: Gaceta Jurídica, 2003, pp. 187-188.
[2] Ídem.
[3] Ídem.
[4] Ídem.