Una de las mayores quejas que recibí de los jueces cuando escribí el libro Estrategia de oratoria práctica para abogados era que muchos de los alegatos que se exponían en sala carecían de una estructuración óptima que facilitara su comprensión.

Lee también: ¿Qué clase de persona se requiere para ser un abogado litigante?

Debemos tener en cuenta que cuando leemos un escrito es fácil ver su estructura. Las principales ideas están separadas. En negrita señalamos lo que consideramos más importante. De igual forma, a través de las mayúsculas o el subrayado, podemos enfatizar lo que pretendemos que el juez entienda que es lo más trascendente.

Lea también: Técnicas para memorizar las ideas básicas del alegato

Pero, si bien por escrito no es muy complicado estructurar, cuando se escucha un alegato hemos de tener en cuenta que el juez, dependiendo de la hora a la que nos toque entrar en sala, estará más o menos cansado y que, debido a que constantemente está escuchando asuntos e historias similares, su grado de atención e interés puede no ser tan alto como nosotros pensamos.

Lea también: Las claves del «marketing» jurídico

En este caso, debemos estructurar nuestro alegato para que las ideas principales no se diluyan en el resto de nuestra argumentación como si fueran un azucarillo que se introduce en un vaso de leche hirviendo. Uno de los recursos que nos proporciona la oratoria para ayudamos a estructurar mejor nuestras argumentaciones es la pausa.

Lea también: ¿Puede el juez ordenar al condenado leer un libro como regla de conducta?

Tres son las principales virtudes de la misma: la primera es que permite dar un respiro al oyente para que asimile y discrimine lo más importante de la gran cantidad de información que le va llegando. La segunda consiste en que tras la pausa se genera cierta expectación que facilita que el mensaje llegue amplificado a nuestro interlocutor. Y la tercera radica en que los abogados debemos tener bastantes reflejos para enfrentarnos al compañero, y el hecho de hacer pausas nos permite ganar uno o dos segundos más para pensar mejor lo que vamos a decir. Por tal motivo, a la hora de estructurar el alegato y después de cada idea se debe hacer una pausa para que el órgano judicial asimile mejor nuestro mensaje y podamos contrarrestar mejor las alegaciones del compañero de la parte contraria. Una de las características de los alegatos de los compañeros que están empezando es que «en vez de ir andando van en moto».

Lea también: Veinte consejos prácticos para ejercer la abogacía.

Es normal, es producto de los nervios. Por eso quisiera resaltar la conveniencia de las pausas, puesto que son un recurso excelente para llegar más y mejor al órgano judicial.

Lea también: ¿Por qué se miente sobre Kelsen en las aulas y los libros?


Tomado de Las cuatro habilidades del juez eficaz de Julio García Ramírez, cuya lectura recomendamos con entusiasmo.