Uno de los casos más sonados y polémicos que se han registrado en la historia es, sin duda, el juicio seguido contra Orenthal James Simpson, más conocido como O. J. Simpson, quien fuera declarado «no culpable» en el proceso penal que se le siguió por el asesinato de su exesposa, Nicole Brown Simpson, y el amigo de esta, Ronald Goldman. Compartimos con ustedes los detalles de este afamado caso llamado «El juicio del siglo», así como las lecciones que nos dejó un grave error de la fiscalía.


«El juicio del siglo» llamó la atención del público desde el primer día por el protagonismo del acusado: un exjugador de fútbol americano de origen pobre convertido en una celebridad del cine y la televisión, O. J. Simpson. El célebre caso sigue siendo objeto de análisis, series y documentales como The People v. O. J. Simpson: American Crime Story de FX Networks y O. J.: Made in America de ESPN, lanzados este año.

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Los hechos

Nicole Brown y su amigo Ronald Goldman (modelo y aspirante a actor) fueron brutalmente asesinados el 12 de junio de 1994, en el domicilio de la expareja de Simpson, ubicado en la Centinela Avenue. Las víctimas habían recibido 18 y 19 puñaladas, respectivamente.

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«Nadie entendía bien lo que estaba sucediendo, muchos quedaron perplejos, sin poder quitar la vista de la pantalla o el oído de la radio al enterarse de semejante noticia. La confusión aumentó cuando se ordenó la detención del propio Simpson debido a que las pruebas encontradas en la escena del crimen lo señalaban como el autor. Cinco días después, el exatleta protagonizó una de las fugas más vistas de todos los tiempos, a bordo de un Ford Bronco blanco conducido por su amigo Al Cowlings. O. J. estaba armado y se temía lo peor. La cadena KCBS (CBS) ganó la exclusiva desde su helicóptero, siguiendo al vehículo por la carretera. Enseguida, se le sumaron otras doce señales. Finalmente, Simpson se entregó. Llevaba con él 8.000 dólares, fotos familiares, un bigote postizo, un pasaporte y un revólver Smith & Wesson cargado», cuenta Yahoo Deportes.

El juicio del siglo

El juicio duró aproximadamente ocho meses y fue cubierto por más de 2.000 periodistas de todo el planeta. 150 testigos brindaron su testimonio. Muchos de los allí presentes, sin quererlo y para bien o para mal, se convirtieron en personajes famosos. Simpson fue declarado “no culpable” y libre de todos los cargos el 3 de octubre de 1995. El veredicto, seguido por 150 millones de telespectadores fue ampliamente publicitado, causó una gran polémica y los detractores de O. J. acusaron al jurado de “ignorar las pruebas”.

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Entre otros varios sucesos bochornosos, el incidente más destacado se produjo cuando, a pedido de la fiscalía, el acusado se puso unos guantes con sangre que se habían encontrado en la escena del crimen.

¿Cómo hicieron los abogados de O. J. Simpson para ganar el caso?

Esta es la pregunta que todos nos hacemos. En el blog Litigio sin Corbata, que invitamos a visitar, se ensayan interesantes elucubraciones, y lo mejor, se extraen algunas valiosas lecciones de este caso a partir del incidente señalado arriba: los guantes. Veamos:

«En su afán por demostrar que O. J. Simpson era culpable, la fiscalía solicitó que se pruebe los guantes que habían sido encontrados en la escena del crimen. Este fue el resultado:

Por más de un minuto, los miembros del jurado vieron a O. J. Simpson sacando lustre de sus dotes actorales mientras forcejeaba con unos guantes que claramente no le quedaban.

Para la fiscalía, fue un duro revés; para la defensa, una oportunidad de oro. A la primera, no le quedó otra opción que buscar un paliativo: utilizar el testimonio de expertos para demostrar que los guantes se podrían haber encogido. Sin embargo, el daño ya estaba hecho. La defensa, liderada por el fallecido Johnnie Cochran, había encontrado la forma de inmortalizar el incidente en las mentes de los jurados. «If it doesn’t fit, you must acquit» [«Si no encaja, tienes que absolver»], debe ser la frase más memorable del juicio. Se trató del lema, inspirado en el incidente de los guantes, que Cochran repitió hasta el cansancio durante sus alegatos y que, de seguro, resonó en la sala de deliberaciones.

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¿Qué lecciones nos dejó este suceso? Muchísimas. En este post, quiero referirme a tres de ellas:

1. Siempre pregúntate si lo que vas a hacer es útil/necesario para alcanzar el objetivo de convencer al juzgador

Antes de solicitar que O. J. Simpson se pruebe los guantes, la fiscalía ya había logrado establecer –a través del testimonio de diversas personas– que:

  • Los guantes fueron encontrados en la escena del crimen.
  • Los guantes eran de un modelo que sólo era vendido por una cadena de tiendas.
  • La ex esposa de O. J. Simpson había comprado guantes idénticos en dicha cadena de tiendas.
  • O. J. Simpson había usado guantes idénticos antes de la fecha del crimen.

No obstante ello, la fiscalía pidió que O. J. Simpson se probara los guantes. ¿Se equivocó? En mi opinión, sí. Y es que era innecesario, además de excesivamente riesgoso, jugársela de esa manera cuando ya existían elementos suficientes para que el jurado concluyera que los guantes eran de O. J. Simpson.

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Este error estratégico precede al error de no haber descartado el eventual encogimiento de los guantes y nos demuestra, una vez más, que en el litigio menos sí puede ser más.

2. Nunca le entregues el control a una parte o a un testigo que es adverso a tus intereses

De la misma forma en que no es conveniente formularle preguntas abiertas a un testigo adverso durante el contrainterrogatorio, tampoco es conveniente montar una demostración frente al juzgador, cuyo éxito dependa de la colaboración de la contraparte; menos aún si se trata de un actor.

Era previsible que O. J. Simpson iba a hacer todo lo posible (gestos, muecas, etc.) para dejarle claro al jurado que los guantes no eran suyos. De hecho, podría haber actuado de la misma forma que en el vídeo incluso si se le entregaban guantes que sí le quedaban.

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Me parece que la fiscalía no previó las complicaciones que podrían presentarse durante la demostración (por ejemplo, que O. J. Simpson insista en forzar sus dedos para impedir que los guantes entren) y la incomodidad que estas podrían generar en todos los presentes. Si lo hubiera hecho, probablemente hubiera prescindido de la demostración.

3. Sé creativo y saca provecho de lo que ocurre en la audiencia para reforzar tu teoría del caso

La teoría del caso de la defensa de O. J. Simpson no estuvo siempre centrada en un “problema” con los guantes encontrados en la escena del crimen. Más bien se trataba de una teoría que giraba en torno a dos ejes mucho más amplios: el prejuicio racial de la policía de Los Ángeles y el mal manejo de las pruebas por parte de esta (en particular, de las muestras de sangre).

Sin embargo, cuando vio una oportunidad para innovar y fortalecer el caso que proponía, la aprovechó. A partir del incidente de los guantes, de un error de su contraparte, Johnnie Cochran construyó el tema que le permitió hacer fácil («If it doesn’t fit, you must acquit») lo difícil (testimonio de expertos, prueba científica, etc.).

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Antes de terminar, un dato anecdótico. Casi chismográfico. Existe la versión de que este error de la fiscalía habría sido provocado por un comentario de F. Lee Bailey –miembro del equipo de abogados que defendió a O. J. Simpson– a Christopher Darden –uno de los fiscales– que durante uno de los recesos del juicio, le dijo así como «te falta valentía». El plan original de la fiscalía no habría contemplado que O. J. Simpson se pruebe los guantes. Sin embargo, Darden no habría sabido controlar sus emociones, lo que lo llevó a cometer un error que quizás le costó el resultado.»