Frank Caprio, el juez que conmueve al mundo por su sentido de justicia

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Una de las razones fundamentales que motivaron al juez Caprio a contar estas historias por la televisión, tiene que ver con la mala imagen que tienen los fueros de justicia en el país anglosajón (y en buena parte del mundo). La ciudadanía parecen acostumbrarse a la idea de una justicia excesivamente formalista o insensible frente a las circunstancias personales de los implicados en un juicio. “Creo que debo tomar en cuenta si alguien está enfermo, y si su madre murió y si tienen hijos que pasan hambre”, explica.

Frank Caprio es un octogenario juez municipal de Providence (Rhode Island) que trabaja en la magistratura desde hace más de treinta años y también, desde hace poco, es una estrella de la televisión y las redes sociales.

El origen de su creciente fama se remonta a hace 20 años, cuando su hermano Joseph advirtió que las piadosas resoluciones de sus casos podían provocar un interés general, y empezó a grabar los juicios cotidianos de Frank, hasta que tuvo la oportunidad de ser el protagonista de un programa de televisión en clave de documental, donde se transmiten procesos verdaderos que involucran a personas comunes y corrientes.

Desde niños que participan activamente de sus veredictos hasta la aplicación del “sentido común” de justicia para resolver casos de diversa índole, Frank Caprio parece haberse ganado el corazón de millones de cibernautas por su buen corazón. Ese cariz humanitario que poseen todas sus resoluciones, resulta inédito para la comunidad jurídica, y semana a semana se puede apreciar en su programa local Caught in Providence (en español “Capturado en Providence”).

Los clips de su programa, que se han popularizado rápidamente, muestran la visión de justicia de un magistrado que prioriza el factor humano sobre cualquier aspecto material. “No llevo una placa bajo la toga. Llevo un corazón bajo la toga”, señala el juez, que se muestra muy orgulloso de su trabajo. Además ha admitido que los niños le producen una sensibilidad especial, y tal como se puede ver, los hace partícipes de las decisiones que toma con respecto a alguna falta de sus padres. Detrás de todo esto se esconde un evidente fin pedagógico.

Un caso dramático

En uno de los juicios más reproducidos que se encuentran subidos al canal de Youtube de su programa, Caprio recibe el caso de una madre de familia que tiene una deuda de 400 dólares por varias multas de estacionamiento, que recibió, verbigracia, por aparcar ilegalmente en la sede de la Seguridad Social. Caprio se limitaba a escuchar los alegatos de la mujer, que entre sollozos señala que actualmente no contaba con esa cantidad debido a una desesperante situación económica. Explicó que el día que recibió la última infracción se acercó a la oficina de Seguridad Social a resolver una deuda de 75 dólares que su hijo, fallecido meses atrás, había supuestamente adquirido por la acumulación de intereses. Ella no entendía por qué la deuda se incrementó, aún después de la muerte de su hijo. Durante la audiencia contó que todavía seguía pagando por el funeral de su hijo, que lo único que recibía era un pequeño fondo por discapacidad; y que, en definitiva, no tenía de dónde sacar el dinero para poder saldar el monto. Caprio, después de escuchar su conmovedora historia, decidió reducirle la deuda a 50 dólares. A su vez le preguntó si le parecía correcto y con cuánto se quedaría. Esta respondió que con solo 5 dólares. Caprio consideró que ya había sufrido lo suficiente y le terminó perdonando toda la deuda junto con “los mejores deseos” y “la esperanza de que las cosas mejoren para ella”.

El mencionado video se ha visto 170 millones de veces en Facebook por medio de diferentes páginas y tiene subtítulos en nueve idiomas. Caprio aprendió la misericordia de su padre, un humilde lechero de origen italiano, que costeaba algunas facturas de sus clientes pese a que vivían, igualmente, con pocos recursos. “Sólo hago lo que me enseñó mi padre”, declara el juez Caprio, que en su juventud enseñaba historia en la secundaria para poder estudiar derecho por las noches.

Una de las razones fundamentales que motivaron al juez Caprio a contar estas historias por la televisión, tiene que ver con la mala imagen que tienen los fueros de justicia en el país anglosajón (y en buena parte del mundo). La ciudadanía parecen acostumbrarse a la idea de una justicia excesivamente formalista o insensible frente a las circunstancias personales de los implicados en un juicio. “Creo que debo tomar en cuenta si alguien está enfermo, y si su madre murió y si tienen hijos que pasan hambre”, explica.

Caprio, un juez del common law

Desde una perspectiva jurídica, esto solo sería posible en países de tradición anglosajona, es decir, que adopten el common law como expresión de la voluntad popular (en países como el nuestro la tradición imperante es la del civil law), dado que los ciudadanos confían en la autonomía de los jueces que deben considerar tanto elementos emocionales como materiales en el proceso judicial. Esta particular perspectiva concuerda con la misión original (y verdadera) de un juez: la de impartir justicia aplicando el derecho al caso concreto. Esto sin olvidar las diversas vicisitudes que atraviesan los actores judiciales. Y además denostando el anticuado concepto del derecho como mera norma jurídica.

Por ello, en los países adscritos al common law, la capacidad de decisión de los jueces es mucho mayor, más todavía si tenemos en cuenta que en esta tradición, la discrecionalidad no implica prevaricato. En el Perú tenemos esta figura regulada por artículo 418 del Código Penal, que impediría que los jueces actúen en contra de lo expresado normativamente; por lo que, sería prácticamente imposible ver a un juez actuando con esa increíble libertad. Lo que –paradójicamente– no les permitiría proceder con el sentido de justicia y humanidad que es , o debe ser, la aspiración máxima del sistema judicial.

Pueden ver aquí las audiencias grabadas, con el consentimiento de los justiciables, del juez Caprio.