(Imagen: Caché)
Escribe: Carlos Ramos Núñez
Escribe: Carlos Ramos Núñez

Una de las más extendidas inquietudes de quienes emprenden o continúan una tesis u otro trabajo de investigación consiste en el uso de un recurso escaso: el tiempo. Profesor, estoy trabajando y no me alcanza el tiempo para preparar mi tesis, ¿qué puedo hacer?, ¿qué me aconseja? Preguntas de esa naturaleza son usuales y en la medida que el estudiante se interna en los vericuetos de la práctica forense o judicial se torna más álgida, ni qué decir del alumno de posgrado, que, dada la ausencia de becas, no puede dedicarse enteramente a sus estudios de maestría o de doctorado y está obligado a trabajar, muchas veces intensamente, para vivir y sostener a los suyos.

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Puede resultar sorprendente, aun cuando con ello no descubro la pólvora (hasta se diría que es un canon en el uso del tiempo): a más ocupación más tiempo de calidad disponible. La elaboración de una tesis no exige necesariamente cuatro, cinco, seis u ocho horas diarias ni de una jornada completa. Si se dedicasen seis horas semanales, repartidas en dos o tres días, a mi juicio, distribuidas entre lectura y redacción, serían suficientes. Más bien depende de la constancia y del estado de ánimo del estudioso. Una ansiedad anómala o una depresión constante no son la mejor compañía para la siempre relativa paz interior que se requiere para cualquier actividad constructiva, en especial de carácter académico. Un trabajo creativo y estimulante es la mejor condición y presupuesto para llevar a cabo un actividad intelectual.

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El empleo del tiempo, sin embargo, no solo es una responsabilidad personal. Diría que se trata de una decisión colectiva, principalmente familiar (en verdad uno de los escenarios más coloridos y entrañables para nuestra paz). Se requiere de un pacto, de una suerte de contrato social con la gente con la que vivimos y amamos.

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Todos deben comprender que el empleo racionado del tiempo para proseguir una tesis es una compromiso múltiple. Uno hace solo la tesis (al menos eso se espera), pero muchas personas concurren en la creación de un clima adecuado para culminarla con éxito. No hay necesidad, en realidad, de privarse del sueño, abandonar el trabajo (salvo que sea calamitoso para nuestra salud física o espiritual), es cuestión de una organización y disciplina alegre y puntual.

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