Las cuatro habilidades del abogado eficaz, del exitoso letrado Julio García Ramírez, es un libro cuya lectura recomendamos vivamente por la múltiple variedad de consejos que pueden ayudarnos a mejorar nuestro desempeño profesional. Aquí compartimos un pequeño extracto a propósito del interrogatorio de la parte contraria. A adquirir el libro, no tiene pierde.

Opino sinceramente que, en muchas audiencias previas, los abogados hemos pedido el interrogatorio de la parte contraria por inercia, y en no pocas ocasiones no nos paramos a pensar si realmente es necesario, valorando las consecuencias y la incertidumbre que supone haberlo propuesto.

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Permitir hablar a la parte contraria es permitir que pueda mentir, es dar lugar a que transmita emociones, certidumbre, o incluso la verdad de los hechos que estamos intentando desvirtuar en el ejercicio de defender los intereses de nuestro cliente.

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Permitiendo hablar a la parte contraria facilitamos la labor de su abogado, ya que con ello su cliente puede contestar y aclarar aspectos que podían no haber quedado muy claros en sus escritos.

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Proponer el interrogatorio de la parte contraria es, en ocasiones, un error, aunque es normal pedirlo por sistema, dado que, como anteriormente he especificado, en nuestra universidad o escuela de práctica jurídica, no se nos ha enseñado eficazmente el arte de preguntar y de valorar una estrategia correcta para realizar un buen interrogatorio.

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Las cuatro habilidades del abogado eficazLos jóvenes abogados hacen lo que ven. Piensan que es mejor pedirlo siempre y después en sala, el día del juicio, se llevan una que otra desagradable sorpresa.

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¿Por qué pedimos el interrogatorio? ¿Vamos a conseguir que la parte contraria caiga en contradicciones? ¿Estamos dispuestos a prepararlo con tiempo y estudiar muy bien las preguntas que vamos a realizar? ¿Pedir el interrogatorio puede suponer que la parte contraria se afirme aún más en sus planteamientos?

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Aconsejo una profunda reflexión: los jueces son influenciables, como cualquiera de nosotros, y hay algunas personas que en sala son unos perfectos actores… ellos mismos se creen sus mentiras y convencen a cualquiera.

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