En un mercado tan competitivo como el de los servicios jurídicos es fundamental conocer qué es lo que no debemos hacer a la hora de lanzar un proyecto. El reconocido abogado Julio García Ramírez, en un valioso libro que recomendamos con entusiasmo, Las cuatro habilidades del abogado eficaz, ha detectado los mayores errores que existen al crear un despacho jurídico y que, por supuesto, debemos evitar. Aquí las tienen:

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1. ¿Eres locomotora o vagón?

Sí, queridos compañeros, la pregunta es muy clara y la respuesta también es muy fácil:

¿Prefieres que te manden? ¿Careces de iniciativa propia? ¿Trabajas solo en función de lo que te pagan? ¿Te desagrada tratar con la gente? ¿No quieres arriesgar tu patrimonio? En definitiva: ¿te gusta ir abriendo camino o seguir el de otros, que suele ser más cómodo?

Básicamente existen dos tipos de personas: a las que les gusta dirigir, mandar, arriesgar (las locomotoras), y las que están mucho más cómodas en la retaguardia (el vagón).

Si eres un vagón y decides montar una empresa tienes todas las papeletas para fracasar… a no ser que cambies de actitud y decidas salir de tu zona cómoda y liderar tu vida profesional.

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Si eres una locomotora estás perdiendo el tiempo trabajando para otros. Segu­ramente no se merecen tu esfuerzo, porque te verán como una amenaza en lugar de como colaborador eficiente. Constituye un arte hacer que gente superior a ti mismo trabaje para ti.

Solo los dirigentes competentes lo saben apreciar. Queridas «locomotoras», se­guramente al estar solos descubriréis capacidades que ni vosotros mismos sabíais que teníais, por ello el primer error es ser locomotora y actuar como vagón, teniendo capacidades de sobra para ejercer por cuenta propia.

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2. Gasta lo imprescindible… porque al poco tiempo echa­rás de menos cada céntimo

Al iniciar una actividad, ya sea con dinero propio o con financiación ajena, se corre el peligro de gastar más de lo que posteriormente os podréis permitir.

Los clientes tardarán en llegar con la asiduidad que permite sufragar los gastos de un despacho de forma más o menos cómoda, por ello es un error alquilar un despacho caro, comprar mobiliario nuevo y un ordenador de última generación.

Vuestro objetivo será gastar lo imprescindible, para aguantar lo máximo posible al inicio de la actividad, ya que los ingresos tienden a no ser importantes.

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3. ¿Con quién te meterías en un submarino para dar una vuelta al mundo? Mejor solo que mal acompañado

Desde luego está claro que, al comenzar una actividad profesional por cuenta propia, es mucho mejor estar acompañado. Compartir los problemas del despa­cho, las quejas de los clientes, las vejaciones de algunos jueces, las alegrías de una sentencia estimatoria, la frustración de una desestimatoria, el agobio de pagar las facturas y las alegrías de una buena minuta se puede hacer mejor con un com­pañero que esté empezando, quiera aprender y al que le pagues un salario digno, que con un socio al que no conozcas muy bien o que, aun conociéndolo, su pareja o terceras personas consigan minar vuestra inicial amistad y confianza recíproca.

Como señaló con acierto Fernando Trías de Bes Mingot en El libro negro del emprendedor: «Los emprendedores noveles tienden a iniciar su negocio con otros socios en un porcentaje mucho más elevado que cuando se trata de una segunda o tercera oportunidad».

¿Por qué será? De un tren tira una locomotora y no dos. Que cada cual saque sus propias con­clusiones al respecto.

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4. Si decidimos elegir un socio, ¿aportará lo mismo o más que nosotros? El error de ir a partes iguales cuando ambos so­cios no aportan lo mismo

Está clarísimo. La verdad es que en bastantes ocasiones, y bajo el prisma de una amistad o respeto (que de hecho existe), pretendemos que nuestro socio cobre lo mismo que nosotros cuando aportamos tres veces más que él.

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Los abogados sabemos muy bien lo que significan los derechos adquiridos de un trabajador y deberíamos saber también lo que son los derechos adquiri­dos de un socio. Si, de inicio, no hemos sabido dejar las cosas claras, a la larga cada socio se creará su verdad y nunca reconocerá que debe cobrar menos o que su trabajo es menos importante y se creerá con los mismos derechos que nosotros…, y en verdad los tiene, porque si no se lo hemos dejado claro des­de el principio las grietas en la confianza empezarán a salir al poco tiempo.

Si acepta nuestra propuesta de colaboración, perfecto. Si no… el siguiente, que para que un socio os fastidie tenéis toda una vida por delante.

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5. ¿Te apoya tu pareja? ¿Sabe ella o él que vas a trabajar el doble que por cuenta ajena?

Si pensáis que por cuenta propia vais a vivir mejor que por cuenta ajena os habéis equivocado de epígrafe. Dejad de leerlo y seguid con vuestro cómodo trabajo, en vuestros cómodos despachos, trabajando para otros compañeros.

No os engañéis ni lo hagáis con vuestros seres queridos. Un negocio propio exi­ge, sobre todo al principio, trabajar dieciocho horas diarias (sí, habéis leído bien) y vais a necesitar el apoyo sincero de la gente que está a vuestro lado porque, si no, de nada os servirá triunfar en vuestra vida profesional si a nivel personal vuestra relación fracasa.

Iniciar una actividad por cuenta propia exige un enorme sacrificio individual de la persona que comparte nuestras vidas y que no tiene por qué soportar. Cuanto más se hable de la nueva vida que le espera más fuertes serán los cimientos que soporten los problemas de convivencia, que con seguridad, aparecerán al no estar con nuestras parejas todo el tiempo que se merecen. Con el tiempo os daréis cuenta. Sin duda.

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