Diez obras maestras que nos acercan al derecho a través del cine

En este florilegio cinematográfico están entrelazados los principios de legalidad, de oportunidad, la duda razonable, entre otras figuras jurídicas para análisis de nuestro buen lector

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Desde meditaciones sobre el sentido de justicia en la modernidad hasta denuncias abiertas de problemas que el derecho debe ocupar. La historia del cine, es la historia de la sociedad reciente, y por tanto, de los nuevos problemas derivados de la justicia. Se recomienda la revisión de esta notable selección en el orden establecido por el autor del artículo.

Qué duda cabe que el arte cinematográfico, a lo largo de sus más de cien años de existencia, ha aportado debates, polémicas e interesantes reflexiones sobre el presente; más de una vez aterrizando sobre los componentes de la vida social en la era moderna de la humanidad. De ese modo, refleja facetas subyacentes a nuestra cotidianeidad que bien pueden servir como herramienta pedagógica y motivadora en la formación de un hombre/mujer de leyes.

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Así que más allá de la visión del cine como un ornamento que sirve para hacer más “amigable” el estudio del derecho y la doctrina jurídica, hay cintas que han trascendido esa etiqueta de forma abismal, convirtiéndose en verdaderos referentes tanto como para connotados juristas como para brillantes cineastas. Como ejemplo clásico podemos tomar el discurso inaugural de la Law and Society Association de 1999, donde el presidente, en vez de realizar el aburrido protocolo de las palabras de bienvenida, se dedicó a realizar un asombroso análisis de las impresiones que le había dejado esa excepcional cinta El dulce porvenir”, del realizador armenio Atom Egoyan (que estuvo hace poco en el Perú con motivo del Festival de Cine de Lima).

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¿Qué tanto perderían las artes y humanidades, de prescindir del derecho y la noble profesión de la abogacía? En este recuento de obligatorio visionado para cualquier persona que desee empezar un estudio exhaustivo de la profesión, analizaremos aquellas películas, que sin duda fueron esenciales para comprender el contexto en que se desarrolló el “alma” jurídica de la sociedad. Desde meditaciones sobre el sentido de justicia en la modernidad hasta denuncias abiertas de problemas que el derecho debe ocupar. La historia del cine, es la historia de la sociedad reciente, y por tanto, de los nuevos problemas derivados de la justicia.

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En este recorrido histórico (que recomendamos ver en escrupuloso orden), revisaremos las diez películas que más llamaron la atención de la crítica y el público en su momento, que reflejan diáfanamente la construcción jurídica de la sociedad en las últimas décadas. Multipremiadas y celebradas por diversos estudios de la cinematografía, su contenido resulta tan esencial como didáctico. Sin más preámbulo, empezaremos con el cine en blanco y negro.

1. Furia (Fury, Friz Lang, 1936)

Joe Wilson, en medio de un viaje, llega a un lugar desconocido. Sorpresivamente se ve encarcelado por un delito que no ha cometido. Los vecinos, sublevados, provocan un incendio de la cárcel y dan por muerto al forastero. Sin embargo, Wilson consigue sobrevivir y, entonces, intentará vengarse haciendo que sus potenciales asesinos corran el mismo peligro del que él escapó milagrosamente. “Fury” fue el primer film americano del gran genio del expresionismo alemán Fritz Lang.

La película explora los móviles de la venganza. Incide en la falta de confianza en la justicia, en deseos precipitados de compensar el mal y, en ocasiones, en impulsos irresponsables de diversión. Destacan nítidamente el travelling de aproximación al sheriff apostado frente a la comisaría, el asalto, la reacción de los acusados al ver la filmación del asalto y las imágenes de Kathy ante el regreso de Joe. Las atrocidades que puede cometer el ser humano al no respetar el principio de presunción de inocencia, son bien retratadas en este clásico del cine americano.    

2. La costilla de Adán (Adam’s Rib, George Cukor, 1949)

Katherine Hepburn (para muchos, la mejor actriz de la historia) hace estelar aparición en esta comedia sofisticada sobre la guerra de sexos. Amanda y Adam son un matrimonio de abogados cuya paz conyugal se ve afectada cuando un caso los enfrenta en los tribunales como defensor y fiscal respectivamente: una mujer es juzgada por disparar contra su marido y la amante de este. Adam no duda de la culpabilidad de la acusada, pero Amanda discrepa rotundamente.

En esta cinta se demuestra, entre escenas, que la tolerancia no es sinónimo de “tener que soportar”, sino que encubre en Adam un machismo asolapado en el fondo, que finalmente no le deja admitir que las mujeres deben poseer los mismos derechos que los hombres, pues lo considera como un ataque a la hombría y un desmoronamiento de la sociedad ortodoxa que impera aún en nuestros días. Un protagonista muy divertido hace más divertida esta clásica comedia, las secuencias de los juicios resultan hilarantes, el vecino libre de complejos que hace la corte descaradamente a Amanda, causando los celos disimulados del marido, quien se creía tan ecuánime y la presión a la que la prensa somete a la pareja, entre otros. Imperdible. 

3. Doce hombres en pugna (12 Angry Men, Sidney Lumet, 1957)

Un jurado americano conformado aleatoriamente por diversos ciudadanos, deben juzgar a un adolescente acusado de haber matado a su padre. Todos resultan convencidos de la culpabilidad del acusado. Salvo uno. El que disiente intenta con sus razonamientos introducir en el debate una duda razonable que haga recapacitar a sus compañeros para que, por lo menos, discutan su veredicto.

Doce hombres designados como jurado popular a los que no les agrada en absoluto que los hayan sacado de sus quehaceres, que no se han visto jamás, que proceden de distintos ambientes y entornos socioculturales, de diversas edades y que en realidad es prácticamente nada lo que saben acerca de la persona cuya vida depende de ellos.

Formar parte de un jurado en ciertas partes de los Estados Unidos conlleva mucho más que enviar a alguien a prisión, puede suponer su ejecución misma. ¿Alguno que pueda dar completa fe de un delito que no presenta ninguna prueba contundente? Una reflexiva cinta de 95 minutos que resulta una lección de cine. 

4. La patrulla infernal (Paths of Glory, Stanley Kubrick, 1957) 

El maestro Stanley Kubrick nos regala esta obra maestra ambientada en la Primera Guerra Mundial (1914-1918). En 1916, en Francia, el general Boulard ordena la conquista de una inexpugnable posición alemana y encarga esa misión al ambicioso general Mireau. La acción militar resulta un infierno, y el regimiento emprende la retirada hacia las trincheras de salvaguarda. Los jefes a cargo de la operación, irritados por la derrota, deciden imponer al regimiento un terrible castigo que sirva de ejemplo a los demás soldados.

El filme transita entre la comedia y la ironía, y también la indignación (está basada en hechos reales). Una profunda desesperanza produce el cómo se escoge fríamente, al azar, a tres hombres que pagarán por el resto del pelotón. Tranquilamente, condenar a muerte a tres hombres a los que se contempla como a hormigas a las que poder aplastar parece un mero juego para el general francés. En el otro extremo se encuentra el coronel Dax, el inigualable Kirk Douglas, que no es un ningún virtuoso, ni ninguna alma caritativa. Es sencillamente un hombre justo. Una tremenda reflexión sobre la ponderación de la justicia en tiempos de guerra.

5. Matar a un ruiseñor (To Kill a Mockingbird, Robert Mulligan, 1962)

Adaptación de la novela homónima de Harper Lee. En la época de la Gran Depresión, en una población sureña y profundamente racista, Atticus Finch (Gregory Peck) es un abogado que defiende a un hombre negro acusado de haber violado a una mujer blanca. Aunque la inocencia del hombre sea probada, el veredicto del jurado es tan previsible que ningún abogado aceptaría el caso, excepto el mismo Atticus Finch, el ciudadano más respetable de la ciudad.

Su compasiva y valiente defensa de un inocente le granjea enemistades, pero le otorga el respeto y la admiración de sus dos hijos, huérfanos de madre. Lo maravilloso de esta cinta reside en la apasionante historia, que narra los hechos desde el punto de vista de los niños. Es esa visión lúdica la que acompaña el metraje de la película, pues los pequeños observan cómo su padre viudo se la juega en nombre de la justicia y es repudiado por ello.

Gregory Peck interpreta a Atticus Finch –personaje entrañable que le valió un Oscar–, un abogado de aquellos que escasean: incorruptible y con gran sentido de justicia. Todos hemos querido un padre como Atticus. Y quien mejor que Gregory Peck para interpretarlo. Atticus, viudo, intenta educar a sus hijos, transmitiéndoles la perspectiva razonable de las cosas. Bellísima cinta que fue galardonada con diversos premios. 

6. Justicia para todos (…And Justice for All, Norman Jewison, 1979)

El legendario Al Pacino, hace en esta cinta, de un abogado que debe defender a un juez corrupto acusado de violación. Se trata de un magistrado con el que tuvo serios problemas profesionales, pues en una ocasión se negó a admitir, por pequeñas formalidades, pruebas irrefutables que demostraban la inocencia de uno de sus clientes. “Justicia para todos” es una extraordinaria película que desnuda toda la corrupción detrás de los tribunales de justicia en Norteamérica, qué calidad de personas son las que administran el futuro legal del resto, manifestando algunos notorios problemas mentales.

Así, con abogados pleitistas y sin escrúpulos, que defenderían al mismo diablo si se les pagara bien (curiosamente Al Pacino protagonizaría posteriormente, El Abogado del Diablo) o jueces y funcionarios delirantes que utilizan la ley para saciar sus complejos o sus ansias de poder; y ante ellos gente inocente que por circunstancias aparentes o por hechos irrelevantes se pueden ver gravemente acusados. El monólogo final es brutal y digno de ser oído una y otra vez. 

7. Los Intocables (The Untouchables, Brian de Palma, 1987)

En el Chicago de la Ley Seca (años 30’s), el idealista agente federal Eliot Ness (Kevin Costner) persigue implacablemente al gángster Al Capone (Robert De Niro), amo absoluto del crimen organizado en la ciudad. La falta de pruebas le impide acusarlo de asesinato, extorsión y comercio ilegal de alcohol, pero Ness, con la ayuda de un par de intachables policías (Andy Garcia y Charles Martin Smith) reclutados con la ayuda de un astuto agente (Sean Connery), intentará encontrar algún medio para inculparlo por otra clase de delitos.

Técnicamente resulta un placer para los ojos revisar este cinta, estéticamente le da otro fuste al cine de mafia, de los buenos incorruptibles y de los malos sin compasión, el cine donde como en los westerns, tenemos a un héroe que tiene que luchar contra toda una ciudad corrupta, así planteado no tiene nada de novedoso, pues recuerda bastante a lo mejor de Sergio Leone; sin embargo el mérito de la cinta y lo que hace que perdure es su agilidad narrativa, una banda sonora maravillosa, un reparto de lujo y un director que es meticuloso hasta el mínimo detalle. 

8. En el nombre del padre (In the Name of the Father, Jim Sheridan, 1993)

Estamos en el Belfast (capital de Irlanda del Norte) de los años 70. Gerry (el brillante Daniel Day-Lewis) es un gamberro que no hace nada de provecho, para disgusto de su padre Giuseppe (Pete Postlethwaite), un hombre tranquilo y educado. Cuando Gerry se enfrenta al IRA, su padre lo manda a Inglaterra. Una vez allí, por caprichos del azar, es acusado de participar en un atentado terrorista y condenado a cadena perpetua con “los cuatro de Guildford”. También su padre es arrestado y encarcelado.

En prisión Gerry descubre que la aparente fragilidad de su padre esconde en realidad una gran fuerza interior. Con la ayuda de una abogada entregada a la causa (Thompson), Gerry se propone demostrar su inocencia, limpiar el nombre de su padre y hacer pública la verdad sobre uno de los más lamentables errores legales de la historia reciente de Irlanda. En esta cinta se explora cómo la justicia británica, burocrática y sumisa de los poderes políticos, cede ante los desagravios, crueldad y temor que el ejército republicano irlandés, conocido como IRA, provoca en la capital inglesa.

El protagonista, simplemente es un norirlandés más, que es enviado a Londres por su padre debido a un enfrentamiento contra el IRA, quien no sabrá que, a partir de ese día, su vida y la de toda su familia permanecerá en un destino de letargo, lleno de horror, crueldad y mentiras. Es una cinta sumamente conmovedora pues se ve la evolución del amor fraternal en tiempos sumamente difíciles. Una fuerza inquebrantable que los volverá cómplices en búsqueda de la verdad y la libertad. 

9. El secreto de sus ojos (Juan José Campanella, 2009)

En esta cinta galardonada con el Óscar a Mejor Película Extranjera (recordemos que compitió con La Teta Asustada), Ricardo Darín hace de Benjamín Espósito, oficial de un Juzgado de Instrucción de Buenos Aires recién retirado. Obsesionado por un brutal asesinato ocurrido veinticinco años antes, en 1974, decide escribir una novela sobre el caso, del cual fue testigo y protagonista. Reviviendo el pasado, viene también a su memoria el recuerdo de una mujer, a quien ha amado en silencio durante todos esos años.

Engarzar en el mismo argumento el suspenso, sugerir el romance, exaltar la comedia y realizar toda una reflexión sobre el papel de la justicia formal no es cosa fácil. Las miradas cruzadas de los personajes, los diálogos, la bellísima música, los recurrentes y bien realizados flashbacks, el dilema de la resolución, todo aporta a un todo exquisito en lo que es ya, sin duda, un clásico del cine latinoamericano. El guión (co-escrito por el autor de la novela, Eduardo Sacheri), es tan realista como frenético, sumado a la increíble calidad del reparto, quienes no desentonan en ningún momento. Desde Guillermo Francella hasta Pablo Rago, las actuaciones son todas, sencillamente magníficas. 

10. La cacería (Jagten, Thomas Vinterberg, 2012)

Lucas (Mads Mikkelsen), un hombre de cuarenta años, que acaba de atravesar un turbulento divorcio; ha encontrado una nueva novia, un nuevo trabajo y trata de reconstruir su relación con Marcus, su hijo adolescente. Pero algo empieza a ir mal: un detalle cualquiera, un comentario inocente y una mentira insignificante que se extiende como un virus invisible sembrando el estupor y la desconfianza en una pequeña población…

El realizador danés crea, en primer lugar, una atmósfera de sosiego y tranquilidad que es característica de la clase media europea. Luego, poco a poco, por medio de imágenes, gestos y diálogos, se desnuda la decadencia moral de una sociedad que necesita culpables para reprimir su maldad. La absurda acusación de una pequeña destruye progresivamente el prestigio y honor de Lucas, pero esto poco parece importar a los demás, en una sociedad donde la sobreprotección da paso a la histeria colectiva, fruto del deseo enfermizo y cavernícola de culpar a una persona de la violencia presente en una comunidad.

La dirección de Vinterberg creará una tensión, que como señalamos, irá en aumento durante la película, haciéndose insoportable por momentos, golpeando al espectador que sentirá desde el principio, que es él mismo el protagonista de esta pesadilla. Increíble performance de unos los mejores actores de su generación. A veces, la reputación pende de un hilo.