Descarga en PDF «Cómo se ganan los juicios. El abogado litigante»

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La formación profesional de un abogado es demasiado importante para dejarla del todo a las escuelas de derecho. Ninguna escuela, independientemente de lo destacada que pueda ser, es capaz de enseñarle al futuro abogado todo lo que hay que saber sobre el ejercicio del derecho como profesión (y medio para vivir).

Compartimos con ustedes, en formato PDF, Cómo se ganan los juicios. El abogado litigante, valioso texto del exitoso abogado Francis Lee Bailey. Antes de dejarles el link les alcanzamos el Prefacio preparado por Alan M. Dershowitz para que vean de qué va el libro.


Prefacio

La formación profesional de un abogado es demasiado importante para dejarla del todo a las escuelas de derecho. Ninguna escuela, independientemente de lo destacada que pueda ser, es capaz de enseñarle al futuro abogado todo lo que hay que saber sobre el ejercicio del derecho como profesión (y medio para vivir).

Dicho lo anterior, conviene añadir que la preparación de un abogado es también trascendental como para dejar su carga total a los abogados en ejercicio. Para una preparación jurídica óptima, debe haber equilibrio entre las experiencias en el aula, la sala del tribunal y en el bufete. Esto es especialmente cierto en el caso de la formación profesional de los abogados litigantes.

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Por generaciones enteras, las escuelas de derecho en los EE.UU. no han cumplido con su misión de formar a los abogados litigantes y la escuela de derecho donde el autor enseña (Harvard) es, en parte, responsable de ello. Ya desde el siglo XIX, su decano, Christopher Columbus Langdell, creó el método de “los casos de apelación” para la enseñanza del derecho. La mayor parte de las escuelas de derecho aún hacen uso de este método para enseñar el derecho sustantivo, -doctrina legal, teoría legal y procedimiento jurídico-. Se hace hincapié en las decisiones tomadas en los casos de apelación, es decir, los fallos dictados por los tribunales superiores, especialmente, los fallos en cuestión de derecho. Eso tiene su lógica, ya que los principales autores del derecho en los Estados Unidos son los jueces y los tribunales ele apelación. (Desde luego, las legislaturas federales y estatales decretan los estatutos, pero éstos suelen ser de aplicación muy general y raramente resuelven disputas específicas.)

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Lo que la mayoría de las escuelas de derecho no enseñan, o por lo menos no lo enseñan suficientemente bien, son las aptitudes básicas del abogado litigante: cómo preparar un caso, cómo interrogar a un testigo, cómo argumentar ante el jurado, cómo escribir un informe y cómo argüir ante los jueces de apelaciones.

Una razón muy buena por la que los profesores de derecho no hacen hincapié en estas habilidades es que muchos de ellos simplemente no tienen experiencia o pericia en ellas. Los profesores de derecho son seleccionados, por lo menos, en el caso de muchas escuelas, no por sus aptitudes como abogados en ejercicio, sino a causa de su reputación como eruditos en jurisprudencia y como catedráticos. (En realidad, muchos profesores de derecho probablemente serían excelentes abogados, ya que la enseñanza en el aula tiene mucho.en- común con la abogacía en las salas de los tribunales: la enseñanza del derecho no es una de aquellas profesiones en las cuales “los que pueden, ejercen, en tanto que los que no pueden, enseñan”).

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Cualesquier que sean los motivos, lo cierto es que un graduado con honores y egresado de una de las más selectas escuelas de derecho puede emprender el ejercicio de la profesión, sin tener la más mínima noción de lo que se requiere para triunfar como abogado litigante.

Tampoco ha habido hasta ahora, un solo libro que se pudiera recomendar al estudiante para reforzar (en realidad, adquirir) las aptitudes fundamentales para el litigio. Por lo general, se les dice a los estudiantes que vayan a los tribunales a observar a quienes tienen la fama de poseer estas aptitudes. El problema es que la mayor parte de los estudiantes no tienen siquiera la menor idea de cómo reconocer a un hábil abogado cuando lo ven.

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La habilidad en la abogacía no es una cualidad que sea siempre evidente, especialmente en los breves intervalos en que la mayoría de los estudiantes pueden observar a los abogados litigantes cuando éstos ejercen su profesión. Por lo tanto, algunos estudiantes confunden el buen dominio de la palabra con el arte de preparar un alegato. Si bien el expresarse con claridad puede ser un requisito previo para promover una causa con eficiencia, no es sustituto de ello. Los estudiantes, e incluso los clientes, a menudo confunden la fluidez, la elegancia en el vestir, la buena apariencia y la simpatía con la eficiencia profesional de un abogado.

Por supuesto, estos a tributos afortunados también pueden ayudar a un abogado a convencer a un jurado (o incluso a un juez). Sin embargo, algunos de los peores abogados que haya visto en mi vida, hablaban con aplomo, eran gente simpática y guapa, pero… estúpida, y hablando de estupidez, los estudiantes de derecho a menudo confunden la inteligencia con lo eficiente.

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Es obvio que una inteligencia superior también es importante para ejercer el litigio con eficiencia, pero de ninguna manera es un sustituto de ello. Me tocó ver algunas de las personas más inteligentes que he conocido, presentar ante los jueces y jurados unos argumentos muy débiles e inadecuados. La eficiencia en esta especialidad es uno de los atributos más difíciles de identificar en un futuro abogado o en un profesional en ejercicio. Tal habilidad (en realidad es un conjunto de aptitudes) puede tardar años enteros en desarrollarse y perfeccionarse, antes de convertirse en el producto acabado de! cual el abogado se siente justamente orgulloso.

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El extraordinario libro de F. Lee Bailey es un aporte muy valioso que satisface la necesidad de dar una preparación más completa a los futuros abogados litigantes. Sobra decir que Bailey es, antes que nada, y sobre todo, un abogado litigante consumado. Lo he observado en los tribunales, he trabajado con él. Y he visto los resultados de su trabajo. Tampoco es él uno de los grandes abogados que afirman que las habilidades del litigante son un secreto celosamente guardado, como el ritual de alguna cofradía. Bailey está dispuesto a compartir esos “secretos” y a estimular a los demás para que los aprendan y desarrollen. Tiene pocas fórmulas mágicas. Según lo dice él mismo, desarrollar las aptitudes propias de un abogado litigante es una labor que dura toda la vida. Claro que hay sugerencias, vías rápidas, deben aprovecharse ciertos métodos, atajos y advertencias sobre los callejones sin salida, así como otros gajes del oficio, pero la clave es el trabajo duro, y Bailey les indica a sus lectores hacia dónde exactamente dirigir sus energías para obtener los mejores resultados.

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Ningún egresado de una escuela de derecho puede considerar que su formación como abogado ha concluido, a menos que haya comenzado a desarrollar las aptitudes propias de la profesión. Las que se enseñan en el presente libro son aptitudes específicas de un abogado litigante. Pero, en el fondo, todos los profesionales del derecho son litigantes. La de las leyes es una profesión que se ocupa de conflictos, y las habilidades que se requieren para ser un buen abogado litigante son también de utilidad para ser un abogado eficiente en el ámbito de corporaciones, asuntos laborales o en la defensa del consumidor. Recomiendo decididamente este libro a todos los futuros abogados litigantes, y también a todos los abogados que deseen mejorar sus aptitudes como tales.

Alan M. Dershowitz
Profesor de la Escuela de Derecho de Harvard
Autor de la obra The Best Defense

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