F. Lee Bailey es uno de los abogados más destacados de los Estados Unidos en virtud de varios casos emblemáticos que ha llevado con éxito. Es, además, un reconocido conferencista y escritor. A continuación compartimos un extracto del libro Cómo se ganan los juicios. El abogado litigante, publicado por Limusa, en el que responde esta inquietante cuestión. 


 

Entre las preguntas que se me plantearon en el curso de una serie de conferencias, una de las más frecuentes fue la siguiente: ¿qué tipo de persona se requiere para ser un abogado litigante?

La respuesta es sencilla: los abogados litigantes de altos vuelos son personas excepcionales que poseen todo un acervo de aptitudes específicas, lo cual no quiere decir que hayan nacido con ellas. A parte de un buen cociente intelectual, es muy poco lo que un abogado litigante tiene de hereditario. Las habilidades que son importantes en un tribunal se van labrando, asentando y puliendo. Necesitan práctica, mucha práctica. También se requieren confianza, disciplina y determinación. Si en algún lugar dentro del sistema judicial americano hubiera un buen abogado litigante que no hu­biese trabajado duro para llegar a ser lo que es, esto sería un caso insólito e inaudito.

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El principal problema con los abogados litigantes es que co­mienzan bastante tarde; por lo general, lo hacen después de haber egresado de la escuela de derecho. El momento ideal para iniciar el proceso de preparación es durante los años de estudio en la facultad, cuando las personas son más susceptibles de ampliar sus horizontes con gran rapidez.

Los estudiantes a menudo dicen: creo que me gustaría ser abogado litigante, ¿debo especializarme en administración pública, en ciencias políticas, en contabilidad o en administración de em­presas? La respuesta es siempre la misma: si quiere ser un buen abogado litigante, aprenda a leer, a hablar en un lenguaje correcto y desde ahora mismo. El lenguaje debe ser su fuerte. Aparte de esto, lo ideal es una amplia cultura con sólidas bases en humanidades y con énfasis en filosofía, historia y psicología. Hay muy buenas razones para hacer estas recomendaciones.

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La capacidad de usar el lenguaje de una manera efectiva es de importancia vital para el abogado litigante. Todas sus aptitudes se manifiestan a través del uso efectivo de la palabra escrita o hablada, y de su capacidad para entender de una sola pasada lo que otros han escrito. El abogado que tiene el pleno dominio del lenguaje aventaja a cualesquier oponentes menos talentosos; ya que su principal herramienta es el idioma de la persuasión. En cuestiones de derecho, la retórica ha sustituido a la espada y, si todos los abogados usaran la primera, obtendrían mejores resultados, gozarían de mayor con­fianza de parte del público y habrían más personas dispuestas a utilizar los tribunales para resolver sus disputas, en vez de tratar de resolverlas por sí mismas, a menudo, con desastrosas consecuen­cias.

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[La filosofía]

¿Y la filosofía? Una gran parte de la actividad jurídica es la filosofía, porque los abogados asumen la responsabilidad de lo que ocurra con las personas que tienen problemas. La filosofía no trata tanto de lo que son las cosas, sino de cómo deberían ser. Como dijera el procurador de justicia Robert Kennedy en una ocasión: «Otras personas dicen: “¿Por qué?”; yo digo: “¿Por qué no, lo contrario?”». La filosofía se relaciona directamente en el trabajo de un abogado litigante; él debe tener una filosofía personal que lo guíe en el ejercicio de su inmenso poder, y un buen dominio de los principios de la lógica para presentar argumentos que convenzan a los tribu­nales a que adopten normas nuevas y establezcan precedentes que reflejen el mismo respeto para la dignidad humana que para la ley.

"Cómo se ganan los juicios. El abogado litigante", un libro que recomendamos adquirir.
“Cómo se ganan los juicios. El abogado litigante”, un libro que recomendamos adquirir.

[La historia]

¿Y la historia? Según lo aprende todo estudiante de leyes, ya en sus primeras semanas en la facultad, el derecho se enseña por medio de la historia. Antes de graduarse, un estudiante habrá leído cente­nares de casos, cada uno de los cuales refleja cierta decisión de un tribunal de apelaciones sobre alguna cuestión de definición o in­terpretación de la ley. (Téngase presente el juicio de apelación relativo al plazo de entrega, en el cual se decidió que, legalmente, noventa días está dentro del significado de “pronto” en la industria de los cortineros). Al método de enseñanza de las leyes en los Estados Unidos se le llama, muy acertadamente el “del libro de casos”. Cada caso es un ejemplo de historia jurídica.

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[La psicología]

¿Y la psicología? Es el estudio de la conducta humana y esa materia será de interés cotidiano para un abogado litigante, durante toda la vida. Tiene que entender la conducta humana para que pueda predecirla con cierto grado de exactitud, y tendrá que hacerlo con respecto a los jueces/ a los testigos, a los jurados, a los clientes y a las partes en litigio. ¿Cuál será la reacción de cada uno de ellos cuando enfrente algún dilema, algún contratiempo o fracaso? El conocimiento de los principios que rigen la mayor parte de la conducta humana normal, junto con un acervo de experiencias que se irán acumulando a lo largo de toda la carrera de un abogado litigante, son las herramientas indispensables de su oficio. Y si alguien opta por especializarse en el derecho penal, también será esencial que comprenda la conducta humana anormal.

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Tal vez el rasgo principal en la personalidad de un buen abogado litigante sea una confianza innata en sí mismo, que es muy necesaria para actuar con rapidez y decisión, cuando no hay tiempo para consultar a los demás, ni alguien que le aconseje. En otras palabras, ésta no es una profesión en la cual se pueda “consultar a papá”, o asesorarse con un perito, antes de tomar una decisión.