«Carpe diem», el poema que Kelsen escribió para sorpresa de muchos

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El 21 de abril de 1967, el jurista mexicano Ulises Schmill Ordóñez, visitó a Hans Kelsen en su casa ubicada en Los Angeles Ave., en Berkeley, California. En este encuentro, previsto para charlar a propósito de la teoría pura del derecho, para sorpresa de muchos, el jurista austriaco le entregaría al entrevistador nada menos que un poema.

El 21 de abril de 1967, el jurista mexicano Ulises Schmill Ordóñez, visitó a Hans Kelsen en su casa ubicada en Los Angeles Ave., en Berkeley, California. En este encuentro, previsto para charlar a propósito de la teoría pura del derecho, para sorpresa de muchos, el jurista austriaco le entregaría al entrevistador nada menos que un poema.

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Sí, como lo lee, un poema. La sorpresa nos asalta porque, con toda la «mala fama» que se le ha hecho, la de un positivista desalmado y un jurista incapaz de ver algo que no sea una fría norma, se nos hace imposible siquiera que pueda desatar su «imaginación» para hacer un verso.

Les dejamos el tramo final de «Un poema de Hans Kelsen», relato de Ulises Schmill publicado en Doxa (19) hacia 1996, que cuenta cómo se hizo de un poema de Kelsen.


Cada intercambio de opiniones le producía un entusiasmo verdaderamente sorprendente, para un hombre de su edad: tenía en sus manos varios hilos teóricos de la historia y, por tanto, su entusiasmo era explosivo, sincero, amistoso y concentrado. Estaba entregado completamente a la elaboración de teorías e ideas iluminadoras de muchas oscuridades de su objeto de conocimiento. Me comentó que era viejo y que ya no le gustaba viajar, pero que no dudaría en ir al otro extremo del mundo para discutir alguna idea novedosa en el campo de sus investigaciones.

La plática se había prolongado, pues tratamos adicionalmente problemas muy difíciles como las posibles relaciones entre la moral y el Derecho, así como el carácter normativo de las normas morales. Me ofreció un segundo cigarro, que fumamos con deleite. En ese momento, manifestó que tenía deseos de citar un verso. Me preguntó sobre mi conocimiento del alemán y tuve que informarle de mi ignorancia del idioma. Entonces, pareció desistir de su intento, lo que me produjo la sensación de que estaba a punto de perder una joya. Tomé la oportunidad como se presentaba y le pregunté sobre el autor del verso, con la secreta intención de buscarlo con posterioridad y saber, de esa manera, cuáles eran los sentimientos que cruzaban por su pecho. Me dijo que el verso era suyo. Le pedí que me lo tradujera.

Prefirió escribirlo, para que yo lo tradujera posteriormente en México. Se sentó a escribirlo y, en unos cuantos segundos, interrumpió su actividad. Se levantó, fue a sus papeles y sacó una hoja original, escrita de su puño y letra. La firmó y me lo obsequió. Este poema se publica por vez primera y revela una faceta de Kelsen que hasta ahora no era conocida.

Nuevamente, en la despedida, pude comprobar que la sutileza, profundidad y grandeza de su pensamiento tenían una correspondencia exacta en sus sentimientos.

CARPE DIEM

Bald, Ach Bald wirst du erblassen,
Diese schöne Welt verlassen
Und vergessen sein.

Darum sollst du dich nicht sorgen;
Stets ist Heute, me ist Morgen;
Zeit ist Schein.

Allzufernes nicht erträumen,
Dich kann naher Glück verräumen.
Nur was du ergreifst ist dein!

CARPE DIEM

Pronto, Oh! pronto tu empalidecerás,
Dejarás este bello mundo
Y serás olvidado.

Por ello no debes preocuparte,
Siempre es hoy, nunca es mañana;
El tiempo es ilusión

No ensueñes lo muy lejano,
Puedes dar lugar a dichas cercanas.
¡Sólo lo que tomas es tuyo!