Las calles de Lima y los juristas que usted quizá no recuerda

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Martín Baigorria Castillo

Si hemos de confiar en los postulados de antropología estructural, la configuración física de una ciudad constituye una representación social de primer orden, como lo son el lenguaje y, por cierto, el derecho. Los nombres de las calles devienen, así, en la traducción de valores compartidos por la colectividad urbana, pero también son expresión de identidad.

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Es verdad que, en la ciudad utópica occidental, las arterias son designadas por un código neutro de letras y números, trátese de Nueva York o Bogotá. Hay, pudiera decirse, una «democracia de las calles». No ocurre así en los conglomerados urbanos de nuestro país: calles, avenidas, pasajes, parques, alamedas, plazuelas y urbanizaciones son identificados por una nomenclatura que perpetúa un hecho histórico memorable, alguna actividad económica destacada y hasta aspectos de la fauna o —con mayor frecuencia— de la flora.

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Interesante campo de estudio para los cientistas sociales sería el de averiguar la predilección peruana por flores, árboles y frutos a la hora de bautizar una calle o una avenida. Las elegidas no son siempre especies botánicas que nosotros, urbícolas de los tiempos que corren, pudiéramos identificar a simple vista: Las Acacias, Los Jacarandás, Los Membrillos, Los Manzanos, Los Nísperos, Los Nogales, Los Álamos (con una veintena de ejemplos, solo en Lima), Los Alcanfores. Y la lista continúa.

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¿Podríamos identificar un huarango o un molle quienes transitamos por una arteria denominada en honor de esos nobles árboles nuestros? ¿Sabemos todos qué son Los Huarangos? ¿Y qué decir de Las Casuarinas (nombre de un árbol que casi nadie ha visto en el Perú, pues su hábitat se halla en Oceanía), Las Gardenias, Las Magnolias? Un afán bucólico, una nostalgia vivida desde selva de cemento, podrían ofrecer una explicación. Lo mismo ocurre con las calles, avenidas y plazuelas bautizadas con nombres de jurisconsultos y abogados. Aquí el desconcierto es de doble dirección: primo, podemos ignorar que ese pasaje que transitamos a diario recuerda silenciosamente la figura de un personaje ilustre del foro o de la ciencia del derecho; secundo, conocemos al abogado o abogada memorables, pero ignoramos que una escondida callejuela es recuerdo de su vida y obra.

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Transitemos brevemente por la nomenclatura jurídica de nuestra ciudad. Los cinco autores del Código Civil de 1936: Juan José Calle, Alfredo Solf y Muro, Pedro M. Oliveira, Manuel Augusto Olaechea y Hermilio Valdizán cuentan con sendas vías que mantienen su recuerdo. Los juristas del pasado no son excepción: Manuel Lorenzo de Vidaurre es el nombre de una arteria del Callao; Toribio Pacheco y Cesáreo Chacaltana son enaltecidos en el distrito de Miraflores. Menos recordado hoy es don Plácido Jiménez, importante figura de la cátedra y de la política de principios del siglo XX, quien presta su nombre a una avenida en el distrito de El Agustino. Mientras que en Jesús María, una transitada arteria lleva el nombre de Félix Cipriano Coronel Zegarra, erudito limeño, biógrafo del autor de la música del Himno Nacional y pionero del derecho internacional privado en el Perú. La incuria ha dispuesto que la citada vía sea conocida solo por los apellidos del personaje: Coronel Zegarra, lo que crea, retroactivamente, a un militar inexistente que oblitera la memoria del jurista.

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La principal avenida de Lima, la que divide en dos a la capital enorme, es bautizada asimismo con el nombre de un hombre de leyes: Javier Prado y Ugarteche (1871-1921), rector de San Marcos y iusfilósofo alineado con el positivismo crepuscular. Sus coetáneos José Matías Manzanilla y Luis Miró Quesada, impulsadores de la legislación de accidentes de trabajo, son perennizados en dos calles de San Isidro y San Miguel, respectivamente. Óscar Miró Quesada, el célebre Racso, recordado hoy como divulgador científico, fue también abogado. A él se debe el estudio criminológico de un asesinato que conmovió Lima hacia 1915.

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Abogados, como  se sabe, fueron don José Luis Bustamante y Rivero (portador de una lejana calle de Carabayllo), Francisco García Calderón Landa (el presidente cautivo y autor del siempre citado y pocas veces consultado Diccionario de la Legislación peruana; cuatro calles y un pasaje) y Jorge Basadre Grohmann (quien alcanzó a ejercer esporádicamente la profesión legal). Los forenses y diplomáticos Aníbal y Víctor Maúrtua también son recordados en la nomenclatura de vías limeñas. Luis Antonio Eguiguren, también letrado, es un caso especial: Eguiguren escribió el primer estudio jurídico-policial de la inmolación de Daniel Alcides Carrión; fue autor también, bajo el seudónimo de Multatuli, de una monumental obra costumbrística intitulada, precisamente, Las calles de Lima. Una calle de La Molina perpetúa el recuerdo de don José León Barandiarán, mientras que Trinidad María Enríquez, Miguelina Acosta Cárdenas y Laura Caller, así como Rosa Pérez Liendo (primera abogada graduada en el Perú) han merecido el justo reconocimiento de prestar sus nombres a alguna de las muchas calles del enjambre urbano capitalino.

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Orientación bibliográfica

  • Benvenutto Murrieta, Pedro M. Quince plazuelas, una alameda y un callejón [1932]. 2ª edición. Lima: Fondo del Libro Banco Industrial del Perú, 1983.
  • Bromley, Juan. Las viejas calles de Lima [1964-1966]. Lima: Municipalidad Metropolitana de Lima. Gerencia de Educación, Cultura y Deportes, 2005.
  • Versión en línea disponible en <http://www.limateca.org/uploads/tinymce/2005_Las_viejas_calles_de_Lima_-_Juan_Bromley.pdf>. Consulta: 12 de diciembre de 2017.
  • Casalino, Carlota (compiladora). Raúl Porras Barrenechea, parlamentario. 2ª edición. Lima: Fondo Editorial del Congreso de la República, 1999.
  • Gálvez Barrenechea, José. Calles de Lima y meses del año. Lima: International Petroleum Co – Sanmartí & Co., 1943.
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  • Multatuli (seudónimo de Luis Antonio Eguiguren). Las calles de Lima. Miscelánea, propietarios y vecinos, los dueños de carruajes y calesas (siglo xviii, costumbres antiguas, las provincias y departamentos a través de sus nombres de calles en la capital, el fundador de la imprenta en el Perú. 2 tomos. Lima: s. e., 1945-1947.
  • Palma, Ricardo. «La faltriquera del diablo». Tradiciones peruanas completas. 6ª edición. Madrid: Aguilar, 1968, pp. 397-400.
  • Portocarrero, Gonzalo. «Los nombres de las calles. Las calles y avenidas como manifestación de nuestra identidad nacional». El Comercio. Miércoles 6 de diciembre de 2017, p. 30.
  • También disponible aquí:
  • <https://elcomercio.pe/opinion/columnistas/nombres-calles-gonzalo-portocarrero-noticia-lima-calles-avenidas-479334>.
  • Ramos Núñez, Carlos. Toribio Pacheco, jurista peruano del siglo XIX. 2a. edición. Lima: Fundación M. J. Bustamante – PUCP. Instituto Riva-Agüero, 2008.
  • Riveros Vizcarra, Ernesto. Lima metropolitana. Demarcación política y población. Recopilación de leyes y decretos. Lima: Imprenta Colegio Militar Leoncio Prado, 1973.
  • Velarde, Héctor. «Monumentos motorizados». Obras completas. 5 tomos. Lima: Francisco Moncloa Editores S. A., 1966. Tomo 3, pp. [83]-86.