La batalla judicial que Muhammad Ali le ganó a los Estados Unidos [vídeo]

A Muhammad Ali, el mejor boxeador de la historia, la invasión de Estados Unidos a tierras vietnamitas le parecía simplemente innecesaria

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A Muhammad Ali, desde el principio, la invasión de Estados Unidos a tierras vietnamitas le parecía simplemente innecesaria. Sus ideales, que parecían inquebrantables, colisionaron con los intereses de su país, el día que fue llamado a enlistarse en el ejército estadounidense. Si se negaba, podía olvidarse de su carrera boxística, así como corría el riesgo de perder todo lo obtenido. Lo cierto es que su valor humano pesó más, y se negó rotundamente a ir a una guerra a defender intereses políticos: "mi conciencia no me dejará ir a matar a mis hermanos o a pobres personas hambrientas en el barro por la grande y poderosa América".

Durante lo que significaron los años de la Guerra de Vietnam (1959-1976), el movimiento por los derechos civiles se encontraba en su esplendor. Por ello, era normal que figuras públicas como Martin Luther King manifestaran abiertamente sus opiniones políticas, como una estrategia de propagandización de ideas y agudización de contradicciones. En un famoso discurso, en 1967, donde denunció los males de la sociedad estadounidense: la pobreza, el racismo y el militarismo. Rechazó el exagerado financiamiento de la guerra y la nula política social. Pero, un año antes, alguien se le había adelantado.

El célebre Muhammad Ali, quizá el mejor boxeador de la historia, nacido como Cassius Marcellus Clay Jr. (o simplemente Cassius Clay); se había ganado el respeto y admiración de una nación con sus inolvidables logros. Desde conseguir la medalla de oro para Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de Roma 1960 (desestimando el premio por el racismo imperante en su país), hasta la consecución del título mundial en 1964. Justamente aquel año, es que decide asumir la doctrina del islam, en un desafío abierto al sentido común conservador de aquellos tiempos.

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A Muhammad Ali, desde el principio, la invasión de Estados Unidos a tierras vietnamitas le parecía simplemente innecesaria. Sus ideales, que parecían inquebrantables, colisionaron con los intereses de su país, el día que fue llamado a enlistarse en el ejército estadounidense. Si se negaba, podía olvidarse de su carrera boxística, así como corría el riesgo de perder todo lo obtenido. Lo cierto es que su valor humano pesó más, y se negó rotundamente a ir a una guerra a defender intereses políticos: “mi conciencia no me dejará ir a matar a mis hermanos o a pobres personas hambrientas en el barro por la grande y poderosa América”.

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Durante ese año, el boxeador presentó diversos recursos y requerimientos contra la decisión de declararlo apto para el servicio, alegando la controvertida objeción de consciencia, por motivos religiosos. Recordemos que Ali había asumido voluntariamente la fe musulmana, en los tiempos en los que compartía una gran amistad con Malcolm X en la denominada Nación del Islam. Lamentablemente, Ali solamente consiguió una prórroga para su incorporación, por motivos estrictamente deportivos (defensa de su título). Al respecto, ante el asedio de los medios de comunicación, Ali fue bastante claro en sus declaraciones contra la Guerra de Vietnam, y la razón fundamental por la que rechazaba participar en ella:

“¿Matarlos por qué? Nunca me llamaron negro, nunca me han linchado, nunca han soltado los perros por mí. ¿Cómo podría yo matar a esa pobre gente? ¡Métanme en la cárcel!”

Estas fuertes expresiones no le ayudarían, puesto que, tras una negativa final del Tribunal Supremo, fue obligado a presentarse en el centro de entrenamiento del ejército de Houston. Allí estuvo inmóvil, callado, sin hacer el mínimo caso al instructor de su enlistamiento. Parecía morir en su ley, cobijado por sus principios. El 28 de abril de 1967, la Comisión Atlética del Estado de Nueva York le quitó el título mundial y, por si fuera poco, la licencia para boxear. El 8 de mayo de 1967, solo cuarenta y cinco días después de su recordada victoria ante Zora Foley, el Gran Jurado Federal de los Estados Unidos lo acusó formalmente de deserción.

El 20 de junio, el Tribunal Federal de la ciudad lo condenó a cinco años de cárcel y 10.000 dólares de multa. Ali fue arrestado. Pese a que, posterior a ello, estuvo más de tres años alejado del ring, siempre se negó a retractarse. Muhammad estaba convencido que, una vez terminados estos azares de la vida, volvería a boxear mejor que nunca y recuperaría de inmediato su título mundial de los pesos pesados. Aprovechó el tiempo para sumarse a las permanentes luchas por la reivindicaciones de la comunidad afroamericana en los Estados Unidos, en un contexto de crecientes protestas para erradicar el racismo institucionalizado.

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En junio de 1968, el recordado boxeador obtuvo la libertad provisional bajo fianza, mientras sus abogados presentaban recursos de apelación. Tanto un tribunal de Houston como otro de Nueva Orleans ratificaron la sentencia. Ali entonces acudió hasta la Corte Suprema de los Estados Unidos. Ya para 1970, diversas iniciativas intentaron que se le levantara la prohibición de boxear en eventos oficiales. Así, en setiembre de ese mismo año, un juez federal de Texas consideró que la suspensión contra Ali era “arbitraria e irrazonable” y la propia comisión que le había despojado de su título, le concedió la licencia para boxear. Muhammad Ali regresaría al cuadrilátero el 26 de octubre de 1970.

Ali, como figura del deporte mundial, logró acercar a la lucha por los derechos civiles a miles de personas en el mundo. Gracias a él, el movimiento antiguerra tomó mayor protagonismo, logrando movilizar a más de un millón de manifestantes en Washington, para exigir el retiro de las tropas americanas de Vietnam.

En octubre de 1974, en el denominado “combate del siglo” realizado en Zaire, el legendario boxeador, respaldado por 120.000 almas que esperaban enardecidas celebrar un triunfo de la estrella; recuperó el título de los pesos pesados al dejar fuera de combate en el octavo asalto al campeón George Foreman. Fue el momento cumbre de la carrera de Ali, que no solamente fue un destacado deportista; sino que, a estas alturas, ya puede ser considerado una figura estelar en la lucha por los derechos civiles y un ícono del antimilitarismo.