¿Cuáles son los aportes de Simone de Beauvoir al pensamiento jurídico?

En el aniversario 110 de su nacimiento, revisaremos sus aportes a la lucha por la emancipación femenina desde una perspectiva jurídica

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Hoy, 9 de enero de 2018, se cumplen 110 años del nacimiento de la filósofa francesa Simone de Beauvoir. En el presente post revisaremos sus aportes a la lucha por la emancipación de las mujeres desde una perspectiva jurídica y su denuncia del carácter patriarcal de los ordenamientos normativos. Su obra resulta de especial interés para los estudiosos y además es, para muchos, una de las mentes más brillantes y prolíficas del siglo XX.

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Simone de Beauvoir publica en 1949 su obra cumbre, Le deuxième sexe (El segundo sexo), un libro revolucionario para la época, que marcaría el derrotero de la defensa de la igualdad, y para cuestionar la diferenciación sexual. Este libro, de obligatoria lectura para todo estudioso del derecho, parte de la premisa de la alteridad.

Para Beauvoir, la mujer solo existe en relación o como complemento al hombre. El varón es percibido como el sujeto “neutro” de ser humano, y, por tanto, la mujer es negada por su diferencia. En un memorable pasaje de El segundo sexo, dice:

A veces me he sentido irritada en una discusión abstracta cuando un hombre me dice: “Usted piensa tal cosa porque es una mujer”; yo sabía que mi única defensa era contestar: “Lo pienso porque es verdad”, eliminando así mi subjetividad; no podía replicar: “Y usted piensa lo contrario porque es un hombre”, pues se da por hecho que ser un hombre no es una singularidad; un hombre está en su derecho de ser hombre, la que se equivoca es la mujer.

Esta concepción totalizadora de lo masculino como ser neutro está apoyada por la regulación jurídica. Cuando se legisla, se piensa en el hombre con el destinatario genérico de la norma.

La alteridad es la misma cosa que la negación, es decir, el Mal. Plantear al otro es definir un maniqueísmo. Por esa razón, las religiones y los códigos tratan a la mujer con tanta hostilidad. En la época en la que el género humano se eleva hasta la redacción escrita de sus mitologías y leyes, el patriarcado queda definitivamente establecido: los códigos son compuestos por los machos. […]. Al organizar la opresión de la mujer, los legisladores tienen miedo de ella. Sus códigos han sido establecidos contra ella, y de ese modo ha sido convertida concretamente en el Otro.

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Para la autora, “los desmentidos de la experiencia no pueden nada contra el mito”. ¿A qué se refiere la filósofa francesa con “el mito”? El mito es el derecho, producto del imaginario social, un esquema de la interpretación del mundo. El derecho se ha construido como una ficción, que prioriza los intereses de los individuos de género masculino. Una prueba histórica es que, en el siglo XVI, para mantener a la mujer casada bajo tutela, se apelaba a la autoridad de San Agustín, declarando que “la mujer es una bestia que no es ni firme ni estable, en tanto que la soltera es reconocida capaz de administrar sus bienes“.

Una de las cosas que denuncia Beauvoir en cuanto a la igualdad de derechos, es lo paradójico que resulta que se haya creado un ideal “democrático” que reconoce a todos los seres humanos como iguales; pero que al mismo tiempo esta solo sea una abstracción (que ni siquiera se profundiza), y no plantea cómo erradicar la desigualdad concreta que provoca el derecho positivo. Este se ha erigido solo como una técnica de control social, al servicio del poder en una sociedad esencialmente injusta.

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Culminada la Segunda Guerra Mundial, la filósofa vivió lo que se podría denominar un periodo de liberación, en el que asume abiertamente su consciencia de género. Empieza a coquetear con el comunismo, y visita varios de los países del bloque socialista. Conoce a Ernesto “Che” Guevara; al líder de la revolución china, Mao Zedong; y al polémico Fidel Castro. Se declara atea y feminista, publicando libros esenciales para entender la historia de este movimiento.

Una de las tesis fundamentales de Beauvoir, es que las instituciones, como el derecho, aparecen cuando los nómadas se fijan al suelo y se convierten en agricultores, lo que origina la idea de propiedad, no solo sobre la tierra y sus frutos, también sobre la familia, mujer e hijos. Después de estudiar a profundidad el antiguo derecho romano, concluye que el lugar ocupado por la mujer en aquella civilización:

[L]a romana de la antigua República ocupa un lugar sobre la tierra, pero está encadenada, falta de derechos abstractos y de independencia económica; la romana de la decadencia es el tipo de la falsa emancipada que sólo posee, en un mundo donde los hombres siguen siendo concretamente los únicos amos, una libertad vacía: es libre para nada.

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Para Beauvoir, lo que hacen las legislaciones es encerrar a las mujeres en situaciones cuya única salida es la maternidad. La ley o las costumbres les imponen el matrimonio, se prohíben medidas anticoncepcionales y el aborto, se prohibía también el divorcio:

El Código Napoleónico ha puesto a la mujer casada bajo tutela […] en materia penal se mantiene la diferencia de sexos y el adulterio sólo es delito si lo comete la mujer. Durante el tiempo que dure la propiedad privada, la infidelidad conyugal por parte de la mujer será considerada como un crimen de alta traición […]. Y si el derecho a hacerse justicia por sí mismo ha sido abolido desde Augusto, el Código Napoleónico promete aún la indulgencia del jurado al marido justiciero. La pregunta resulta inevitable a la luz de nuestros días: ¿acaso se ha abolido en todos los ordenamientos jurídicos la referencia al arrebato o enajenación mental transitoria como atenuante de la responsabilidad penal en los delitos de feminicidios?.

Beauvoir dejaría unos de sus últimos legados, fundando la Liga de los Derechos de la Mujer, la asociación “Choisir la cause des femmes” (Elegir la causa de las mujeres) y, ya en la décadas de los ochenta, se había convertido en ícono feminista.

Falleció el 14 de abril de 1986, fecha de la que se cumplen ahora 30 años. Fue enterrada en Montparnasse, junto con su querido compañero Jean-Paul Sartre. Su libertad de pensamiento es el emblema de nuevas generaciones de mujeres, como la mejor herencia de la gran musa del feminismo. Aunque muy resistida por un sentido común patriarcal, la filósofa francesa –con su intelecto y rebeldía–, supo hacerse un espacio en la historia moderna.

Descargue aquí “El segundo sexo” de Simone de Beauvoir en PDF